Sinceramente yo creí que al despedirnos nada cambiaría. Inocentemente imaginé que nuestro adiós sería más discreto; no es que pase las noches de cantina en cantina ni que los ríos de lágrimas inunden mi morada, más bien es que debo admitir te extraño como pocas veces en la vida.

   Mi desgano no tiene tintes especiales. Desperté con la misma actitud despreocupada de cada mañana, pero por pequeños lapsos me puse a pensar en ti y en mí; dos personas unidas por un sentimiento y separadas por un cúmulo de dudas.

   La formalidad nunca fue nuestro principal atributo y no espero que lo sea en este momento. La frivolidad con que manejamos nuestras distancias y cercanías secó las constantes lágrimas que escurren por mi rostro. Si de algo estoy seguro es que hoy no vivo tragedia alguna.

   A final de cuentas esto es un adiós más. Con sus diferencias obviamente a las relaciones convencionales. No queda más que enterrar con nostalgia lo que una vez fue, pero que como todo en la vida, tiene un final prescrito.

   Es lógico aprehenderse momentáneamente al recuerdo de lo que un día fue y ya no será, pero tampoco podemos hundirnos en la fosa de nuestros arrepentimientos. Ya no tiene sentido recordar lo que pudimos decir y jamás pronunciamos ni torturarnos por nunca escalar una montaña tomados de la mano.

   Es bien sabido que el show debe continuar, aún con la pesadez en los hombros o el mirar al suelo por una depresión jamás imaginada. Creímos que evitar formalidades era disminuir el riesgo de desilusiones, pero hoy me doy cuenta que la herida tiene tanta o más sal que aquella primera vez en que mi corazón se hizo trizas.

   Nuestra separación es sin duda un adiós sin hola previo. Me niego rotundamente a caer en el círculo vicioso del eterno retorno. La decisión está tomada y ya no hay vuelta atrás. Agradezco todo lo que fuimos y lo que aún seremos; cambiando totalmente el contexto de un amor que no sé si fue, pero ya no será.

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Nostálgico poro a poro. Siempre apasionado, de decisiones precipitadas y metas quizá inalcanzables. Las letras son mi salida de emergencia ante cualquier tipo de problemas. La vida me ha orillado a un estado de pesimismo casi por automático del que sólo puedo escapar cuando mis dedos recorren la fría superficie del insensible teclado.

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