Pink Floyd se caracterizó por haber sido una banda de rock psicodélico que no necesitaba velocidad o una grande distorsión para transmitir emociones fuertes. Sea que nos concentremos en las letras o en la música, en los solos o en los coros, encontraremos distintos sentimientos que con otras bandas es difícil percibir; sin embargo, hubo más que sólo su música.

El álbum The Wall, que es uno de los primeros en los que se piensa al hablar de Pink Floyd, fue uno de letras y melodías sin duda desgarradoras; quizá por eso mismo, uno de los más explotados. The Wall no sólo fue un álbum, pues también llegó a filmarse una película prácticamente muda que se valía de las letras del álbum para narrar la historia. Si escuchar el disco a algunos puede hacer desear gritar con cuanto aliento puedan robarle al mundo y destrozar cuanta materia esté a la vista, la conmoción provocada por la película puede ir más allá de lo comprensible.

La película presenta la historia de Pink, un miserable joven quien comienza a construir un muro para separarse del resto del mundo. Esto en un sentido figurado; pero este muro es tan fuerte que el sentido llega a ser confundible con lo literal. Introduce a través de la historia un extremo nihilismo que quizá cualquiera podría alcanzar. Para la película se fabricó toda una galería de arte, con toques, en la mayoría de los casos muy surrealistas; a pesar de la milimalista portada que posee el álbum.

Mas, no solo se aprovechó para realizar el filme descrito. The Wall hoy en día se preserva como una gira del ex-miembro de Pink Floyd, Roger Waters. Es un espectáculo, más que un concierto; no por ello es menos asombroso.

Este fin de semana les recomiendo escuchar el álbum The Wall, sean sus letras o su música, o ver la película. Si les gusta el rock y el cine, esto es algo que deben conocer.

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