Debo admitir que tengo conflicto cuando en una librería encuentro una sección de “Literatura gay”; cuando meten en el mismo cajón ensayos de temas psicológicos, antropológicos, investigaciones de genero, libros de fotografía, novelas, cuentos y poesía.

Me parece que los libreros responden más a la lógica del mercado que a lo que cada uno de los géneros literarios o de divulgación se refiere.

Personalmente, creo que la literatura, como un arte, no tiene una orientación sexual, no existe tal cosa como libros escritos para mujeres u hombres gays ¿o existe una sección de libros para hombres heterosexuales y yo aún no me he enterado?

Una obra literaria es eso, una manifestación de la creatividad de los escritores, expresar mediante la palabra escrita sentimientos, emociones, crear historias, narrarlas, darle vida a personajes.

Una novela, antes que ser “de temática gay” es eso, una novela, un texto enmarcado dentro de ese genero narrativo, con sus características de extensión y recursos estilísticos.

Debo admitir además que algunos autores, aprovechando el nicho de mercado que representa la comunidad LGBT han derramado tinta sobre el tema, generando algunos bodrios que se enfocan en el desenfreno y los excesos de la vida nocturna, describiendo todo con lujo de pelucas y plataformas; o bien creando historias rebosantes de cursilería barata y el cliché insufrible de las novelas románticas de Corín Tellado.

Funerales de hombres raros.

Por eso me resultó refrescante encontrarme con “Funerales de hombres raros” (Co-edición del Ayuntamiento de Torreón y Editorial Jus 2011) del coahuilense Wenceslao Bruciaga.

Dos relatos que, de cierta manera, funcionan como una novela, donde Teo, un joven de la comarca Lagunera es el hilo conductor de nos lleva del funeral de uno de los integrantes de un triángulo amoroso en la Ciudad de México al de su propia abuela en el norte del país, donde se reencuentra con su amor adolescente, un inimaginable personaje: el capitán del equipo de fútbol de la progresista ciudad de Torreón.

Teo nos conduce lo mismo por las calles oscuras de la Ciudad de México que por las cantinas frecuentadas por narcos en el norte.

Bruciaga es crudo en su relato, evita las florituras y las poses en lo que nos narra, y lo adereza con un soundtrack que no escucharías en un desfile del Orgullo Gay. Pero ¿logra el autor evadir las caprichosas poses del amor en este libro? Esto mis queridos lectores, será su tarea averiguarlo.

Wenceslao Bruciaga (Torreón 1977) es escritor, periodista; se describe como “columnista gay-antigay”; es colaborador de Milenio y de las revistas Time Out y Noise. Es autor además de “Tu lagunero no vuelve más” (Editorial Moho 1999) y algunos de sus cuentos han sido incluidos en diferentes antologías, entre ellas “Pan de Muerto” (Mantarraya Ediciones 2013).

En 2017 presentó su tercer novela, “Bareback Jukebox“, espera pronto la reseña en Neostuff.

Puedes seguir a Wenceslao Bruciaga en Twitter.

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