Con el paso del tiempo, se han perdido muchos de los valores que regían a la sociedad o al menos se han transformado y no podemos negar ese hecho, el hecho de que al menos están mutando en algo que a muchos deja sorprendidos, indignado o que entristece, en gran medida al cambio que esto representa y al esfuerzo requerido para la adaptación a estos cambios.

La información no absorbe, nos atrapa, la velocidad con la que surge es monstruosa y nos puede comer si no estamos atentos, tanta información al alcance de la mano resulta abrumadora. La cercanía de un mundo tan grande y tan distante resuelve muchos vacíos emocionales y existenciales que padece nuestra sociedad.

Aun así existe una contaste demanda de individualismo, es nuestra  naturaleza, una necesidad de intimidad cada vez más compleja en un mundo donde todo es descargable, donde toda nuestra información se encuentra en la red, es cada día más complejo, aun cuando mucha información que haya en la red depende de nosotros mismo y de lo que deseamos compartir otra se queda fuera de nuestro alcance ya que son obligatorias para pertenecer a algo, en contra parte con el hecho de ese individualismo, deseamos la pertenencia a círculos sociales, ahora círculos sociales cada vez más virtuales.

Mucho ya se ha hablado referente a que la información y esta tecnología atrapa al usuario haciéndole dejar de lado el mundo inmediato que le rodea, ese que está junto a él, ese amigo, esa esposa, ese hijo, mucho los reprueban, otros lo ignoran, prefieren mantenerse en su mundo, no los culpo, ya que hay muchos entrometiéndose en la vida personal o dando consejos que no le fueron solicitados, esa es la sociedad, muchos quieren dar todo, otros no quieren nada, se quieren guardar todo, mantenerse alejados, distantes, por temor a los errores y al golpeteo social con críticas dañinas y nefastas, sin nada que aportar.

Los valores han cambiado, son destinos, pero en esencia continúan bajando de la misma rama, resumido a tener una buena conciencia, tranquila, para cada noche descansar en paz, una buena conciencia siempre es la mejor almohada, muchos toman esta meta como el fin máximo de sus vidas, tener una existencia tranquila, con éxito y sin preocupaciones, una vida predecible, pero de qué serviría tener esa tranquilidad cuando no se ha disfrutado de nada, cuando no hemos sacrificado o arriesgado nada y nos hemos mantenido esclavizados a nosotros mismo, esclavos del trabajo, de una relación, de una amistad, de la TV o del dinero.

No debemos olvidar el hecho de que la libertad nos pertenece, que muchas ocasiones es lo único que nos queda, lo último que realmente nos pertenece, pero nos empeñamos en tirarlo a la basura por esa idea de seguridad, tan falsa, que se nos implanta, muchas veces se tiene que sufrir para aprender, para valorar, para darnos cuenta de que estamos vivos, pero hay que darle sentido a ese sufrimiento, hacerlo que valga la pena para que las horas de agonía no sean tan tortuosas y desesperantes, hay que recordar cual es nuestra, meta, cual es el sentido de nuestra vida, muchas veces no sabemos ni lo que queremos, pero estamos seguros de que necesitamos algo más, lograr algo, el amor, un logro científico o el altruismo tan carente en la actualidad.

Friedrich Nietzsche  proclamaba: “Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”, haciendo referencia a que todo sufrimiento podrá ser soportado con la fe de que al terminar este sufrimiento se puede tener algo mejor, con la esperanza de que nos espera algo mejor, si no tenemos ese por qué, cada sufrimiento será mayor, con un poder destructivo más grande y la posibilidad de continuar serán mucho menores.

Por:  Josué González

Twitter: @joss_gonzalez

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