Dices que no es perfecto, pero mírate, tú tampoco lo eres. Criticas sus nueve mil defectos e intentas ocultar los tuyos hasta de ti misma, cuando sabes perfectamente que él los conoce, pero calla por no hacerte enojar incluso cuando los encuentra adorables.

Tienes que aceptarlo, jamás serán perfectos juntos, juntar sus imperfecciones jamás los hará perfectos. Aunque si dejas de analizar te darás cuenta que ese chico te hace reír como nadie más, sabe sacarte una sonrisa cuando tu humor anda mal o incluso el panorama parece gris.

Sabes que él no teme que veas sus defectos, es humano y eso lo hace vulnerable, sonríe cuando señalas sus errores y se esfuerza por mejorar, no tiene miedo de llorar ante ti cuando se siente impotente, cuando algo va mal. Comparte contigo sus éxitos y sus fracasos, le encanta estar en tus brazos porque tu calor lo consuela.

No pide demasiado, se conforma con las horas que pasa a tu lado; sabe que tu trabajo te absorbe pero le encanta como brillan tus ojos cuando hablas de lo mucho que te apasiona.  Se siente orgulloso de tu entrega y de la manera en que das todo por alcanzar tus metas.

Claro que no es un príncipe azul, no canta y no recita poesía, pero te ha dado lo más frágil que tiene. Ha puesto su corazón en tus manos aun con el riesgo de que puedas romperlo, es todo lo que tiene y puede darte, pero te lo ha entregado sin miedo y sin reparos. Ha derribado todas sus paredes dejándote entrar en su mundo para que lo conozcas totalmente.

Deja de analizar, es obvio que no es perfecto pero acéptalo tal cual es. Porque aun siendo imperfecta él te ha aceptado y te ha dado su amor. Déjalo ser, con todo lo que eso implica, se directa con lo que deseas y deja de creer que es adivino, no lo obligues a cambiar pues él ha sido así toda su vida y unos días no lo convertirán en otra persona, además así lo conociste y así lo empezaste a amar.

Date cuenta, los príncipes azules no existen y la perfección es irreal pero a quien tienes a tu lado es alguien… imperfectamente perfecto para ti.

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