KAIJU: palabra japonesa que literalmente significa bestia extraña, y que popularmente se traduce como monstruo.

Pacific Rim, del director – orgullosamente – mexicano, Guillermo Del Toro, lleva poco más de una semana en cartelera, pero eso le ha bastado para convertirse en una de las películas favoritas de todo de este verano.

Titanes del Pacífico, como se llama en español, es un homenaje a todas esas películas que marcaron una generación: el cine de kaijus. Godzilla, Gamera, Hedora, Mothra y un etcétera de monstruos gigantes que destruían ciudades sin poder ser detenidos por los indefensos e inútiles humanos. Pacific Rim nos trae un mundo en el que los humanos, por instinto de supervivencia, construyen a sus propios monstruos que les ayuden a combatir y preservar su especie cuando criaturas enormes y desconocidas empiezan a atacar.

Guillermo Del Toro es sin duda un nombre que garantiza películas de mucha calidad, tanto en la historia como en la producción, con asombrosos resultados y una enorme recaudación en taquilla. Se ha vuelto sinónimo de éxito taquillero y fans contentos.

No sé si ya vieron la película, y no quiero echarles a perder la grata sorpresa si no lo han hecho, por lo tanto no les contaré de más.

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Robots gigantes en escenas de acción y pelea contra monstruos tóxicos que destruyen ciudades y puentes y azotan a los jaegers contra el pavimento o el mar. Una historia coherente, con sentido, divertida, entretenida y excitante que te mantiene al borde del asiento. Efectos impresionantes, diseños que rayan en la genialidad, personajes entrañables y humor. Pacific Rim lo tiene todo.

Y no, nada que ver ni con Evangelion ni con Mazinger Z, pero si no conocen cine de kaijus, no los juzgo… bueno sí, un poquito. No pueden perdérsela. A mí me dieron ganas de ver películas de kaijus toda la semana.

No cabe duda, Pacific Rim es el poema de amor de Guillermo del Toro al cine de kaijus.

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