Por años y décadas los medios nos han vendido la idea de la ‘esclavitud’ de la mujer en medio oriente. Burkas, chadores, velos y varias prendas que impiden que las mujeres muestren su cuerpo y su cara de manera pública, escandalizan nuestro pensamiento en una civilización en donde nos han educado para lucir el cuerpo, perfeccionarlo y mostrarnos ante la sociedad de manera impecable; sin embargo cabe preguntarnos ¿cuál es la verdadera esclavitud de una mujer? Tenemos el pleno convencimiento de que como mujeres somos libres, por el hecho de que podemos escoger la ropa que nos ponemos, la profesión a la que nos dedicaremos, el hombre con el que compartiremos nuestras vidas y en general las personas de las que nos rodeamos y el medio en el que nos desenvolvemos. Pero ¿es eso realmente libertad?, pensemos un poco: cuando escogemos la ropa que nos ponemos ¿la escogemos porque nos sentimos cómodas usándola, o la escogemos porque nos hace ver agradables, aunque en el tema del confort no se tenga en cuenta?, a la hora de escoger una profesión ¿la escogemos porque tengamos la vocación de dedicarnos a ella toda una vida, o la escogemos porque socialmente está bien vista?, a la hora de escoger un hombre con el que compartiremos nuestra vida ¿lo hacemos porque es el ideal de pareja que hemos visualizado, o porque nos condicionamos por medio de factores económicos y estereotipos sociales que nada tienen que ver con la felicidad particular, sino mas bien con el ‘cómo nos verán los demás’?

La verdadera libertad, es el poder de escoger lo que se quiere y cuando se quiere, pero si nos detenemos a analizar las circunstancias particulares de cada una de nuestras “escogencias” terminamos por darnos cuenta de que la mayor parte de las veces, escogemos en función de una imagen (real o no) que proyectamos ante una sociedad cargada de estereotipos, que la felicidad vaya acorde con esa imagen poco importa; escogemos para que una sociedad crea que somos felices, para que los demás tengan el convencimiento de que somos exitosas, y en todo el afán de ‘liberarnos’ como género, hemos terminado por fabricar un cliché de mujer ideal, a la que se le exige incluso más que al sexo masculino. Una mujer exitosa, es aquella que logra no sólo triunfar como profesional, sino la que logra equilibrar su situación económica particular, sin depender en absoluto de un hombre y la que además se consagra como madre ejemplar y ama de casa ideal. Son demasiados aspectos, para una sola vida, para 24 horas y sin embargo creemos que realmente somos libres.

Tardamos mucho tiempo de nuestras vidas preocupándonos por estilizar nuestras figuras para encajar en el estereotipo de belleza, bastante exigente de la sociedad occidental, para ser mejores en nuestras profesiones que nuestros colegas del género masculino y para sacar adelante una familia, que en el mejor de los casos, no era la que queríamos construir. Las invito a que dejen de engañarse; una burka, un chador o la prohibición de salir solas a la calle, no constituye una prisión tan grande, como el desafío de reinventarse cada día para llenar el espacio de una ‘mujer exitosa’. Nuestras congéneres de oriente medio tienen como mayor preocupación, encontrar un marido que las cubra de oro, envejecen rodeadas de lujos y tienen como ayuda de cámara a numerosas criadas que las apoyan en el cuidado del hogar, así que pregúntense ustedes mismas, si el modelo de libertad occidental que nos han vendido es real, o simplemente es la clásica premisa de que lo propio está bien, mientras lo ajeno está equivocado y redefinan sus conceptos de libertad, puede que descubran cosas interesantes.

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