Antes de hacer gestiones universitarias, me dirigí hacia mi panadería favorita para comprar una caña de chocolate. Como siempre el simpático panadero me saludó y me preguntó qué iba hacer el año que viene. Todavía no lo tengo muy claro y, como siempre, me puse a divagar sobre mi futuro. El panadero sonrió mientras me daba mi desayuno y me dijo ‘’bueno lo importante es que quieres seguir estudiando’’.

Una vez que salí de la panadería fui con mi particular paso tranquilo hacia el banco. Mi felicidad iba acompañada de chocolate, buen metal y un clima agradable. Llegué al banco y, antes de entrar, debía acabar con aquel manjar. Hacía algo de viento, pero no era molesto, se agradecía. De esto que te descuidas y el viento se lleva una de las dos servilletas que te había dado el simpático panadero. En ese momento un señor más o menos de unos 70 años, totalmente calvo y con unas enormes gafas pasó por mi lado. De pronto aquel señor mayor se paró en seco, se giró, me llamó sinvergüenza y siguió su paso como si nada.

Para aquel señor, seguramente al ver mi apariencia de joven vestida de negro con objetos metálicos en sus ropajes y postura descansada, sería un peligro para los ciudadanos que se encuentran paseando tranquilamente las calles de la ciudad. Su deber era transmitirme sus pensamientos hacía los jóvenes conflictivos que se dedican a comer cañas de chocolate a las puertas estancias de gran prestigio como lo es un banco. Con ello conseguirá un mundo mejor haciendo que esos pobres diablos de piel tersa y actitud libertina cambien al camino del bien.

Al parecer las arrugas son experiencia y saber. Pues últimamente las arrugas, por decirlo de algún modo, me tocan las pelotas. Ya me he cruzado con más de algún arrugado mirándome por encima del hombro, como si nunca hubieran sido felices. Si con esa actitud piensan ayudar a que mis arrugas recorran esa senda, que parece la correcta, me niego a envejecer. No hay confianza por nosotros. Somos peligrosos y no pensamos en nuestras consecuencias. Me gustaría haber viajado años atrás para ver a aquel joven puesto de vino hasta el culo discutiendo con sus amigotes sobre la longitud de las faldas femeninas.

Creo que somos la generación más preparada, con mentes libres, sin ataduras ni reglas, que pensamos mucho en nuestros actos, aunque puede que no siempre escojamos la opción correcta. Pero de los errores se aprende.

Me gustaría que esa persona nos viera en unos años y observe en lo que nos hemos convertido. Porque nuestros sueños son muy complicados, hasta en ocasiones podrían parecer sacados de lo imposible, pero estamos preparando el camino hacia ellos muy bien.

Esta duda sobre mi futuro cercano viene porque puedo estudiar lo que quiera debido a que me dio por hacer algo meses atrás. Elija lo que elija sé que lo voy a hacer genial y que voy a conseguir las pocas cosas que quiero para tener una vida plena.

El miedo llevó a los arrugados a ser personas desgraciadas que necesitan humillación para sentir algo de felicidad en sus tristes y monótonas vidas. A nosotros nos falta el miedo y la vergüenza, y eso me encanta.

Imagen de © Compfight

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