Cuando se habla de ‘películas de superhéroes’ se suele hablar de una era reciente que llegó en 2008 (con Iron Man y Batman Begins) y es comprensible ya que en los últimos doce años las películas producidas por Marvel/Disney y DC/Warner suelen acaparar las plazas de las cintas más vistas cada año. Sin embargo es injusto restarle mérito a los X-Men, con ellos, hace veinte años se vivió el fenómeno de superhéroes más reciente por lo que Fox (ahora también Disney) ha tratado de exprimir la fórmula una y otra vez. Pero es hora de rendirles un homenaje y dejarles descansar (probablemente por veinte años más).

En las décadas de los ochenta y noventa el cine de superhéroes estaba mayormente dirigido a los fanáticos de los cómics. Las películas (como por ejemplo, Batman de Tim Burton) se asemejaban más al cine de serie B pero solían congraciarse con los fanáticos más fervientes de los personajes con capa hasta que esta fórmula tocó fondo con Batman y Robin (1997), una de las peores películas del género, y los estudios desistieron.

Por supuesto, no pasó mucho tiempo hasta que Hollywood, especificamente Fox, ideara otra forma de seguir rentabilizando los personajes creados por Marvel. “Tal vez las capas y el spandex ya no basta, hay que ir a por más” pensarían porque eso fue justo lo que hicieron: revitalizaron el género fusionándolo con otros. Así llegó X-Men (2000).

La clave del éxito

X-Men tomaba del género lo necesario: personajes y trama y desechaba todo lo demás, incluyendo las capas y trajes de spandex. X-Men seguía siendo una película de superhéroes pero también era una película de acción, drama y ciencia ficción. En conclusión trató el material fuente, y lo más importante, a su audiencia, con mucho más respeto. Era lo suficientemente oscura para atraer jóvenes y adultos y lo suficientemente entretenida para los niños.

Fox consiguió lo que anhelaba: casi 300 millones de dolares en taquilla (frente 75 millones de presupuesto) y cientos de millones más en mercadotecnia. Las niñas querían ser Tormenta y Jean Gray, los niños jugaban a ser Cíclope y Wolverine. Y definitivamente todos querían ver más de sus mutantes favoritos.

El estudió se tomó tres años para lanzar una secuela, X2 (2003) la cual elevó el listón en casi todos los sentidos. Amplió el espectro del mundo, pasó más tiempo en la Escuela del Profesor Xavier y con los estudiantes, y puso el pasado de Wolverine a la vanguardia, que es lo que el público quería de todos modos.

Utilizó más a los mutantes como una alegoría de la opresión de las minorías, así como a la hipocresía general de las personas en el poder que piden públicamente el registro de mutantes, mientras que en secreto albergan mutantes en su propia familia. Nightcrawler (Alan Cumming) fue perfecto, al igual que el final, que inclinó su mano hacia la «Saga de Phoenix». Entonces vino el primer tropiezo.

El público quiere más (calidad)

Con X-Men: The Last Stand la franquicia recibió su primer golpe. La tercera película de X-Men es un desastre. En lugar de centrarse en Dark Phoenix, el personaje conocido más poderoso entre los mutantes, y cerrar de una forma épica la que pudo ser una trilogía que llegó para revolucionar el género, la película también trajo subtramas sobre curas mutantes y la guerra de Magneto contra la humanidad. Es una mezcolanza exagerada y poco desarrollada de la que la franquicia necesitaría años para recuperarse.

Completando el mal sabor, la película spin-off, X-Men Origins: Wolverine, desarrollada simultáneamente con The Last Stand, cambió drásticamente la continuidad de la película ya establecida y sufrió escenarios ridículos y efectos visuales de mala calidad. Y arruinó por completo la primera aparición de Deadpool (Ryan Reynolds). Es una película terrible que fue demolida por la crítica y que hizo mucho menos que las dos películas anteriores.

Con dos películas buenas y dos películas malas de forma consecutiva parecía casi imposible rescatar la saga. La hazaña conseguida por X-Men a comienzos de siglo, nueve años después parecía una simple anécdota.

Los altibajos de X-Men

Entonces algo necesitaba cambiar. A Fox le tomó tres años (sí, el mismo tiempo que tardaron en estrenar la secuela de X-Men) en reiniciar toda la saga.

En 2011, Fox decidió empezar desde cero con X-Men: First Class, una película ambientada en los años 60 sobre el joven Charles Xavier (James McAvoy) y el joven Erik Lensherr (Michael Fassbender) formando la versión inicial de los X-Men. First Class recibió la mejor reacción crítica de la franquicia hasta la fecha, pero los fanáticos, cautelosos por la debacle de las dos últimas películas, no acudieron a los cines. Hasta la fecha, es la película de menor recaudación en toda la franquicia.

Otra (e infinitamente mejor) película de Wolverine salió en 2013, pero la franquicia X aún necesitaba restablecerse como una potencia. En este momento, el Universo Cinematográfico de Marvel ya había hecho más de un billón de dolares con Vengadores (2012) y se dirigía a su fase más exitosa hasta el momento. Incluso el reinició de Spider-Man (2013) había hecho en taquilla el doble de lo conseguido por First Class.

Medidas desesperadas

Entonces, en 2014, el mismo año en que Marvel Studios convirtió al Capitán América: The Winter Soldier y Guardians of the Galaxy en éxitos de crítica y taquilla, Fox lanzó el mejor película de X-Men hasta la fecha.

A nivel de historia X-Men: Days of Future Past buscó legitimar la continuidad de First Class al juntar ambos elenco, utilizando uno de los mejores arcos de historias jamás escritos. Pero sobre todo, rentabilizó la nostalgia y se apoyó en las nuevas estrellas. Days of Future Past se centró en Wolverine, favorito unánime. Jennifer Lawrence, quien se había convertido en una mega estrella desde First Class, tuvo que tomar el centro del escenario como Mystique, el punto de apoyo en el que descansa la trama. Casi todo sobre esta película funcionó, y consiguió el mejor desempeño crítico y de taquilla de toda la franquicia hasta esa fecha.

Los tres mejores años

A partir de ahí, la franquicia decidió dar un giro para el público adulto. A Ryan Reynolds finalmente se le permitió su adaptación de Deadpool (2016) con clasificación R, que, a pesar del presupuesto más bajo para una película de X-Men, recaudó más que ninguna de las películas realizadas hasta la fecha. Deadpool 2 (2018) consiguió la luz verde casi de inmediato, y se estrenó dos años después manteniendo el ritmo de su predecesor tanto en taquilla como en crítica.

Inspirado por el éxito de Deadpool, Hugh Jackman culminó su legado de Wolverine con Logan (2017), un sombrío y elegíaco western ambientado en el futuro del universo X. Fue violenta, trágica y culminó la historia de Wolverine y Charles Xavier con una nominación al Oscar.

Lo que diferencia tanto a Logan como a las películas de Deadpool de otras películas de X-Men es que permitieron que su material original fuera lo que eran. Tal como sucedió con X-Men, en 2000, ambas películas respetaron el material original y al público y fueron capaz de adaptarse a las exigencias del público sacrificando la esencia del género y fusionándose con otros para enriquecer la calidad de la producción.

Los X-Men necesitan descansar

Si el MCU era la versión familiar de los superhéroes, tal vez las películas de X-Men podrían haber sido la versión más adulta. No ‘oscuras’ sino adultas en estilo y ejecución. Tenían las herramientas necesarias: Con Future Past habían demostrado que sí se puede hacer una historia sólida con reparto coral y Deadpool y Logan demostraron que hay un público (masivo) dispuesto a ver a sus héroes favoritos en una faceta más hostil y violenta.

Sin embargo la película que llegó a continuación fue X-Men: Apocalypse. No solo es una película plana que en ningún momento termina de arrancar, es que posee el peor villano de la saga (lo cual es decepcionante pues se supone que Apocalypse es el equivalente a Thanos en el mundo de los mutantes) sino que ninguno de los desarrollos de personajes realizados en Days of Future Past sigue lo que sucede en Apocalypse.

Como si eso no fuese suficiente, la película está seguida por Dark Phoenix, donde una vez más desaprovechan la historia de Jean Gray y la posibilidad de útilizar otros géneros (como la ciencia ficción, el suspenso y la acción) para recrear una historia más sustancial digna del personaje; y The New Mutants, una película que lleva dos años esperando ser estrenada, algo que no suele ser buena señal. Dicho esto, X-Men es un título que no se puede vender en exceso.

Ahora Disney posee Fox y por lo tanto también a los X-Men y aunque muchos fanáticos piden a gritos la rápida incursión de los mutantes al mundo de los Vengadores, yo opino que lo más prudente es dejar descansar a los hombres X, después de veinte años inmersos en un sube y baja, con aciertos y desaciertos, es momento de pasar la página. Dejar que el tiempo hable y así el público pueda reclamarlos como lo que una vez fueron: los héroes que realmente dieron inicio a la era de oro de los superhéroes en la gran pantalla.

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