El reciente segundo lugar del colombiano Nairo Quintana en el Tour de Francia, me recordó un tema sobre el que quería expresarme hace un buen tiempo; el anti-patriotismo en Colombia.

No voy a pretender desarmarlos con los clásicos argumentos sobre las mejores esmeraldas del mundo, las toneladas de banano, las variedades de flores, el mejor café, ni el 10% de la biodiversidad mundial; eso se los dejo a los comerciales que quieren promover el turismo internacional. Yo prefiero hablarles desde mí misma y desde mi perspectiva, desde el país que conozco, porque dicho sea de paso, las únicas esmeraldas que conozco fueron un hermoso regalo, la zona bananera queda un poco lejos de donde vivo, no me gustan mucho las flores, ir a conocer el 10% de la biodiversidad es para los biólogos y resulta costoso y un tanto incómodo además, y el café… bueno el café si es mi debilidad y sí, el de Colombia es el mejor del mundo, pero de eso hablaremos después.

De mi país en general, admiro sus gentes, que no son esas que salen a diario en la televisión, tras unos infructuosos diálogos de una paz inalcanzable en un país extranjero, ni esas que arrebatan tierras y destruyen familias, no. Las gentes de mi país, sin importar la región, son ese tipo de personas que nacen, crecen y en general viven rodeados de carencias, el promedio del colombiano es el que debe levantarse a sacar adelante sus sueños, unos que se trabajan a fuerza de pulso y de ilusiones y que gracias a esas mismas limitaciones es que un día llegan lejos.

Nairo Quintana por ejemplo, no fue un deportista que tuviera grandes mentores del ciclismo desde su más tierna infancia, ni acceso a los mejores elementos deportivos desde pequeño, no. Nairo Quintana es un muchacho de origen campesino, que debía andar más de 20 kilómetros diarios en su bicicleta para poder llegar al centro educativo en donde estudiaba, en un municipio ubicado entre las más altas montañas de las cordilleras de Colombia, y fue eso y no el patrocinio político para el deporte (inexistente en nuestro país) lo que le sirvió de antesala para brillar en las lejanas tierras de Europa.

Maria Isabel Urrutia, campeona olímpica de Halterofilia en Australia, debió viajar al otro lado del mundo con unos zapatos tenis prestados, pero se trajo la medalla de oro para Colombia, y así podría seguir con muchos casos, especialmente en lo que al deporte respecta. En Colombia, los políticos tienen por costumbre dar incentivos cuando ya se ha alcanzado el triunfo y no antes, cuando son figuras mundiales, los ensalzan, entronizan y financian la construcción de escenarios deportivos de magnitud con el nombre del campeón de turno, pero cuando no es nadie, no les patrocinan ni el microbús que los lleve al entrenamiento.

Pero Colombia, no está representada en los políticos, (por fortuna), Colombia está representada en cada persona, que es capaz de luchar por ver cumplidas sus metas, por las personas que a diario se levantan en los sectores más humildes de una ciudad y salen a buscar, sin saber dónde ni cómo, el dinero para pagar un servicio público, o dar de comer a sus familias, Colombia es la esencia de aquellos estudiantes que sueñan con cursar una determinada carrera y esa no existe en una universidad pública y tienen que financiarla en la privada con altos costos de por medio, pero lo consiguen con base en ilusiones, esperanza y ganas de luchar cada día. Nuestro país es, el renacer de los sueños de aquellos que se quedan sin tierras, sin techo y sin familia, pero son capaces de surgir de las cenizas igual que el mito del ave fénix; ese amarillo azul y rojo, se representa en los muchos que no nos intimidamos porque nos discriminen en un aeropuerto extranjero, ni porque muchos de nuestros mismos compatriotas, crean que este no es un país que vale la pena.

A esos les digo, que tengo la seguridad de que nunca nada les ha costado un poquito de sudor y algo de lágrimas; esos que se quejan de los políticos de turno desde un café, donde el café de Colombia cuesta casi seis dólares norteamericanos, son los mismos que almuerzan con ellos en restaurantes donde los estudiantes no han puesto jamás un pie. Esos que creen que están en un moridero, son los mismos que viven cómodamente en un estrato bien lejos de un moridero real y jamás le han tendido la mano a nadie, esos mismos que hablan con infinita propiedad de una pobreza que desconocen, mientras visten ropas que sumadas cuestan casi un millón de pesos y sin embargo tienen el descaro de criticar un país por el que no han hecho nada y de hablar de sueños y de esperanzas que no les han costado una sola desesperanza, son los mismos que se burlan de un país que han levantado otros. A ellos los invito, a vivir un solo día como cualquier colombiano de a pie, a levantarse a buscar un sustento y ocupar sus vidas con algo, en lugar de criticar los procederes de una nación que les ha dado todo, sin que ellos hayan hecho demasiado.

Y a mis demás compatriotas que día a día luchan por sus sueños, les digo que son ustedes los que hacen brillar este país de mil colores y aunque no todos podamos lucir las mejores esmeraldas de Muzo, ni tomarnos un café de seis dólares tres veces al día, somos los que un día miramos atrás y nos sentimos satisfechos de unos sueños bien conseguidos a pulso y con la constancia que nos da el nacer y el crecer en medio de carencias, que nos impulsan a trabajar para suplirlas y en el trasegar de ese trabajo, nos convertimos en grandes individuos, en individuos como Nairo Quintana, que el pasado 20 de julio, en el aniversario 203 de nuestra independencia, nos dio a los que nos sentimos orgullosos de este país, un motivo aún más grande de orgullo y a los que sólo ven lo negativo, una bofetada en su arrogancia y en su ego, sobre todo por el hecho de saber de que pese a tener mucho más que él, difícilmente lograrán brillar de la misma forma que él.

COMPARTE en:
NeoStaff
El Staff de NeoStuff está formado por una docena de integrantes capaces de escribir sobre todas las temáticas que encuentras en la revista. También nos encargamos de contestar todas tus dudas lo más rápido posible

Comenta en el recuadro