“Dime las razones las que debo quedarme y lo hago”, esa frase daba vueltas en su cabeza y lo atormentaban desde hace seis semanas dos días 12 horas y 6 minutos. ¿Razones? Le hubiera podido dar una enciclopedia de razones para que se quedara a su lado y se había limitado a contestar con su silencio. Un silencio tras el cual, su figura había desaparecido cerrando la puerta del departamento que hasta ahora habían compartido por cuatro años.

Otra taza de café y otra hoja de papel que se perdía en el cesto de la basura, razones. Llevaba así casi dos semanas, había tardado todo ese tiempo en darse cuenta que ella no pensaba volver. Que la había dejado marchar sin hacer nada y que ahora sólo le quedaba la frase en el aire para recordarla, aunque en realidad todo llevaba su esencia, desde los adornos de la sala hasta el jabón perfumado del baño, todo era ella.

¿Por qué había sido tan torpe como para no correr tras ella? El miedo le había paralizado, miedo a que ella no quisiera ser perseguida. Pero, si no quería que la persiguieran, entonces no hubiera dicho aquella frase, ¿o sí? Una hoja de papel más y sus recuerdos hacían una tormenta en su mente.

Tomo el teléfono y sus dedos digitaron esos números que él ya conocía tan bien, reconoció su voz, “No cuelgues” le dijo, “tengo miles de razones para darte pero en realidad la más importante es que te amo, regresa.” Su voz se quebraba pero finalmente lo había dicho. “¿Te tomo tanto tiempo pensar en la razón por la que quieres que este contigo? Lo siento, es tarde.” Tras unos minutos se dio cuenta que ella había colgado. La había perdido.

Imagen extraída de: http://2.bp.blogspot.com/-IXo3i2gk2jc/Ttq2c7hR8KI/AAAAAAAAAKA/P81ZZ4pBx70/s1600/la+llamada.jpg

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