Cuando se anunció el reboot de Ghostbusters (1984) algunos se emocionaron, otros no tanto. En una actualidad plagada de remakes, adaptaciones repetidas, e historias recicladas… el anuncio de un reboot realmente no suele emocionar. Mucho menos cuando se trata de una película que a decir verdad no lo necesita. Pero, ¿Ghostbusters necesitaba un reboot? No hay duda de que Ghostbusters es una película bastante icónica para su época, pero lo cierto es que de no haber existido, no la habríamos necesitado. Así que no, realmente no era para nada necesario ese reboot, y aun así aquí está.

¿Por qué la nueva Ghostbusters es un reboot y no un remake?

¿Cuál es la diferencia entre ambos términos?. El remake es prácticamente re-hacer la película casi exactamente igual. El reboot se enfoca más en tomar el mismo tema y moldearlo de alguna forma, manteniendo su respectiva esencia, pero agregando ciertas novedades y suprimiendo otras cosas.

En este caso ¿cuál sería entonces la novedad de esta nueva Ghostbusters? Desde el inicio supimos que la principal diferencia sería un elenco femenino. Nuestras cuatro protagonistas representan a los cazafantasmas que ya conocíamos, Bill Murray (Peter Venkman), Dan Aykroyd (Ray Stantz), Harold Ramis (Egon Spengler), y Ernie Hudson (Winston Zeddemore). Solo que esta vez son mujeres. Lo que a decir verdad creó algo de polémica en medio de la repentina onda feminista. Eso sin mencionar que una de nuestras cazafantasmas se supone homosexual (Kate McKinnon), lo que su director (Paul Feig) confirmó. ¿Un intento desesperado de complacer al público? ¿O sencillamente diversidad necesaria para el cine? Cada quien tendrá su opinión, pero cualquiera que sea la respuesta, definitivamente no hace que esta película sea mejor.

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Melissa McCarthy, Kate McKinnon, Kristen Wiig, Leslie Jones

Pero, ¿por qué Ghostbusters es considerada en varios aspectos (todos) como un fracaso? Pues, haciendo a un lado la subjetividad del público y el gusto de la gente… es cierto que esta película ya ha recaudado más de 46 millones de dólares, pero también es cierto que fueron necesarios aproximadamente 144 millones para su producción y realización. Por lo tanto, por más que a algunos les guste o no, este reboot de Ghostbusters terminó significando más una pérdida que ganancia.

Lo que normalmente se espera de este tipo de cintas no es precisamente una obra maestra trascendental, pero sí pasar un rato agradable y entretenido. Y lamentablemente Ghostbusters falla incluso en eso.

Por más dispuestos que vayamos a verla y pasar un buen rato, la verdad es que puede resultar una película bastante difícil de tolerar. Si las forzadas bromas del guión logran sacarles alguna sonrisa, bien por ustedes. Pero lo cierto es que puede significar un verdadero desafío lograr terminar las 2 horas sin querer salirse de la sala o apagar el TV.

La principal falta de esta película es que el guión no parece tener ni pies ni cabeza, mucho menos un buen desarrollo. En sí la propuesta es floja, y su decadente estructura y ejecución no hacen más que terminarla de hundir.

Parece estar de más mencionarlo, pero la construcción de personajes es prácticamente inexistente. Con respecto a las nuevas caras, Kate McKinnon y Leslie Jones, ambas han conseguido opiniones algo dividas. El enérgico papel de McKinnon gustó mucho a varias personas, pero no se trata de otra cosa que de la típica fórmula que siguen cientos de personajes secundarios en el cine y la TV. El repetido personaje de lentes, con el más extravagante vestuario, inteligente y algo tonto al mismo tiempo (más o menos la equivalente de Egon Spengler). Por otro lado, Leslie Jones pecó en varias ocasiones con sus expresiones demasiado exageradas, pero su papel es igual de caricaturesco que el de McKinnon, así que realmente no tiene caso señalarlo. La queja de muchos con respecto al personaje de Jones, es que mientras el resto de las protagonistas son científicas o ingenieras, Jones es una empleada del metro. Un estereotipo algo ofensivo. Pero en realidad todos manejan los típicos personajes de caricatura, Kristen Wiig y Melissa McCarthy (las viejas mejores amigas) Chris Hemsworth (el atractivo tonto) y Neil Casey (el villano resentido).

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En cuanto al aspecto técnico y visual, con los avances tecnológicos de la actualidad, es comprensible que muchos esperemos por lo menos algo mínimamente sobresaliente. Al menos ciertos planos memorables, pero no, tampoco ahí se destacaron. La música era un aspecto que parecía bastante fácil de sacarle provecho, pero lamentablemente no lo hicieron. Y en cuanto a efectos especiales, tal vez quisieron darle un aspecto más ochentero y nuevamente bastante caricaturesco, pero la verdad es que simplemente ya son demasiadas cosas que no terminan de funcionar.

Por supuesto esta nueva Ghostbusters también se alimenta un poco de la nostalgia, añadiendo ciertos guiños de la original, e incluso cameos de protagonistas anteriores (Bill Murray, Dan Aykroyd, y hasta algunos fantasmas). Pero nada de eso es suficiente para compensar sus innumerables fallas.

Indudablemente de lo peor que ha dejado el 2016 con respecto al mundo cinematográfico. La mejor recomendación que podría darles es que no malgasten su tiempo ni dinero en esto. Eviten.

Trailer de Ghostbusters (2016)

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