La Casa de Papel se convirtió rápidamente en la serie de habla no inglesa más vista en toda la plataforma de Netflix y una de las producciones españolas más comentadas a nivel mundial. Esa avalancha de seguidores que obtuvo con sus dos primeras partes dio paso a la continuación de la serie que estaba pensada para finalizar en la segunda (antes del boom internacional).

Esta cuarta entrega de La Casa de Papel sigue el atraco del Banco de España con el principal objetivo de rescatar a Río, fundir todo el oro de la reserva nacional y al mismo tiempo honrar la memoria de Berlín al llevar a cabo su plan de atraco. En general, la esencia de la serie se mantiene en pie, pero todo lo que sigue luego de sus dos temporadas iniciales empieza a fallar cada vez más en los detalles.

Sigue la acostumbrada línea novelesca, con sus giros al más puro estilo Deus Ex Machina y todos los ases bajo la manga del Profesor; tal cual se ha venido haciendo desde su primera temporada. Sin embargo, en esta cuarta parte el guion sacrifica más que nunca la coherencia de las situaciones y omite los detalles con resoluciones tan incongruentes y poco explicativas que por momentos descolocan de la trama; siendo ese uno de los puntos más bajos y constantes de esta temporada.

Asimismo, mientras se desarrolla una escena iniciada con un hecho poco coherente, también se desarrollan relaciones sentimentales que se sienten sumamente forzadas, al igual que varias líneas, el personaje de Manila e incluso el desenlace abusivo de Arturito. El guion una vez más se va por lo fácil con varios temas de interés actual y crea estas relaciones forzadas con el mínimo de construcción para lograr establecer lazos entre los personajes y llegar más al espectador por medio de la emoción (tal cual Nairobi-Bogotá, Helsinki-Nairobi, Palermo-Helsinki, Berlín-Palermo), una hazaña que sin duda se logra al cumplir con el objetivo de conmover, pero sin poder suprimir esa sensación forzosa que por momentos descoloca y por otros se olvida.

La Casa de Papel 4 temporada reseña

Por otro lado, el personaje de Gandía juega un rol de villano caricaturesco con un personaje bastante común (al igual que el resto), pero siguiendo la línea general de la serie, encaja bien y es consistente a excepción del desenlace final. Igualmente el papel de Alicia Sierra tiene un perfil típico y va a la par con el resto, pero termina por cruzar la línea con el principal problema de esta cuarta parte: las resoluciones son poco explicativas e incongruentes.

A pesar de que el guion le juega muchas veces en contra, el dinamismo de la acción constante y el trabajo de dirección y edición de varios episodios, hace que a pesar del drama y el suspenso, por momentos la historia se deje de tomar tan en serio para simplemente sentir a los personajes, disfrutar las escenas (a pesar de las inconsistencias) y dejarse llevar por la tensión y la conmoción que se crea.

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