En varias ocasiones es normal que ciertos largometrajes cuenten con material extra o como se les conoce: making of. Vídeos acerca del rodaje de breve duración que se limitan a explicar como se hicieron escenas específicas. Coreografías si se trata de musicales, escenas de batalla si hablamos de cine superhéroes o la preparación física y mental de los actores si estamos frente a un drama introspectivo. Quien escucha acerca del documental ‘Jim y Andy‘ o por su título original ‘Jim & Andy: The Great Beyond – Featuring a Very Special, Contractually Obligated Mention of Tony Clifton‘ puede pensar que se trata sobre el making of de Man on the Moon y hasta cierto punto lo es. Pero normalmente este material acompaña a la película en los DVD o Blu-Ray de la misma o los cuelgan en YouTube semanas previas al estreno para incrementar la publicidad. Lo que diferencia a Jim & Andy de cualquier otro trabajo similar son las razones por las cuales Universal se negó a liberar el material hasta 20 años después.

Man on the Moon es la biopic de Andy Kaufman, comediante norteamericano, icono de la cultura beat. Carrey quien ha sido siempre un admirador confeso de Kaufmann se interesó en el proyecto desde el comienzo e insistió incluso cuando supo que el director, , no le quería para el personaje. Entonces Jim hizo lo que mejor sabe hacer: tomó una cámara y se grabó imitando a Kaufman. El resultado lo sabemos pero desconocíamos las consecuencias de este hasta ahora.

En 1994 Jim Carrey protagonizó tres éxitos en taquilla, se convirtió en el actor mejor pagado del mundo y, probablemente, en un referente del cine de la década pero para llegar hasta allí tuvo que luchar sin tregua. Creció en su Canadá natal, en la pobreza, vivió durante años en caravanas; vio como su padre -también comediante y músico- renunciaba a sus sueños para brindarle mayor estabilidad a su familia, vio como se transformaba en u hombre frustrado cuando sus esfuerzos no valieron la pena; Jim, un alma inocente (casi literal, aun cree que su primera bicicleta llegó a su casa a través de un milagro) se juró ser alguien por su padre, hacerle sentir orgulloso. Y lo consiguió. Cuando ya era una estrella, cuando ya había cumplido ante su padre, era momento de honrar a otra figura importante en su vida, una más platónica pero igual de contundente: Andy Kaufman.

De boca del mismo Carrey, que narra sus propias experiencias directamente a la cámara, asegura que se encontraba frente a la playa cuando se enteró que había conseguido el papel. Aquella noticia le cambió la vida y lo haría para siempre, solo que en aquel entonces el no lo sabía.

Hay muchos intérpretes que apelan al método cuando están preparando un personaje como Jared Leto y su comportamiento antisocial para darle vida al Joker o Daniel Day-Lewis cuando pidió ser llamado Lincoln durante el tiempo de rodaje de la película de Spielberg. En el caso de los mencionados y de muchos otros esa absorción del personaje es deliberada pero a Jim Carrey no le ocurrió igual. Él asegura que Andy Kaufman tomó el control mientras grabó Man on The Moon y pasaría el resto de su vida lidiando con los estragos.

Jim desapareció durante meses mientras Andy resurgía en él y que el mismo Carrey, 20 años después, cuente lo sucedido es espeluznante porque además las imágenes verídicas acompañan su relato. Jim era Andy delante y detrás de la cámara así como Andy era Jim. Por supuesto la personalidad era lo que marcaba al personaje más allá de la caracterización física. Vemos como gastaba bromas al personal, desde el director que ya no sabía cómo lidiar con la situación, hasta el equipo de maquillaje. Vemos a Paul Giamatti y Danny DeVito completamente desubicados ante el estado psicológico de Carrey y sobre todo le vemos dentro y fuera del set porque incluso hay dos anécdotas de como Andy a través de Jim trató de encarar a Steven Spielberg o de como acabó en una fiesta de Playboy. Estos vídeos estuvieron bajo llave por dos décadas puesto que Universal temía que dichas imágenes arruinaran la imagen de Jim y que arruinase la promoción de la película.

Lo que Universal no sabía es que no se trataba de Jim, se trataba de Kaufman. Una vez finalizado el rodaje, una vez que terminó todo, Kaufmann desapareció para que “el cobarde Jim Carrey”, como él mismo lo llamó, se quedara con todos los créditos y así fue. Carrey recibió un Globo de Oro por la interpretación pero tristemente no sólo se quedaría con los premios, también con las consecuencias.

En los últimos minutos de Jim y Andy, un documental que también indaga en el resto de la filmografía del actor, su historial familiar e incluso su idealización de la vida, muestra como Jim no se recuperó jamás. Tal vez Andy fue una máscara para sentirse más seguro, para ocultar sus inseguridades, esas con las que aún lidia, esa que le han convertido en ese reflejo melancólico del Jim Carrey de espíritu libre que el público conoció con Ace Ventura. El documental, producido por Spike Lee y distribuido por Netflix, es una radiografía de los demonios que habitan dentro de Carrey. Jim, el que busca complacer a los demás y Andy, que busca sentirse a gusto consigo mismo.

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