Estoy atravesando por una de esas etapas por las que ni yo mismo me aguanto, saben, es algo que me ocurre con cierta periodicidad. Me doy cuenta, y creo que a muchas personas de mi generación les ocurre, que ninguno o muy pocas de las metas que nos trazamos en la etapa universitaria se han cumplido, y se ven cada vez más lejanas y menos realistas.

Como dije, no puedo hablar de “todas” las personas de mi generación, porque también muchos han llegado a las metas que se trazaron el tiempo que lo esperaban: tener algún postgrado, una familia, un trabajo que les de cierta solvencia financiera, independencia, o incluso su propio negocio. No, para ellos no escribo esto.

Quizá eres uno de esos como yo, nacido en los ochentas, que creemos que una “vida convencional” no es para nosotros, que vivimos obsesionados con la idea de trascender desarrollando un rol que vaya más allá de ser un “padre de familia/trabajador/buen ciudadano” y ahí estamos picando piedra tratando de encontrar aquello que satisfaga esa necesidad de “ser alguien”.

Y vamos dando tumbos, involucrándonos en proyectos que en el mejor de los casos terminan en decepción. Y llegamos a esos momentos en los que hacemos nuestros balances y pareciera que todo es una cadena de fracasos.

En mi caso, a veces llego a pensar que esta obsesión por escribir no me ha llevado a nada en los últimos ¡15 años! Y termino dependiendo de trabajos de oficina (algunos bien remunerados en lo económico y otros no tanto), que eventualmente me absorben y me fastidian.

Y sí, termino yendo por la vida con un humor de los mil demonios y una sensación de frustración constante. Eso es lo peor del asunto, la frustración te ciega.

Cuando las cosas salen mal, así sea una eventualidad o una “mala racha” pareciera que todo se carga hacia lo negativo. El que los planes no se den, el que el dinero no resulte suficiente, que en el momento menos esperado tu computadora se descomponga no ayudan mucho a aliviar esa sensación. Algunos terminan culpando a su “mala suerte”, o ven conspiraciones y boicots de terceros para que sus objetivos no se cumplan. Otros toman conciencia de que no han trabajado lo suficiente o no sus decisiones no han sido tan acertadas y ahí vienen los extremos: los que frenéticamente siguen intentándolo y los que se clavan en el mea culpa (y de este último acepto que tiendo a caer).

Como siempre, no pretendo dar formular mágicas para la felicidad y el éxito, si éstas me resultaran no estaría escribiendo esto, pero si te sientes frustrado, fracasado, derrotado, te invito a que te preguntes algo ¿Qué te ha dejado en tu vida equivocarte y fracasar, aparte de deudas y malos ratos?

En mi caso, puedo enumerar lo siguiente:

1.- Tengo una familia maravillosa que no se involucra en las decisiones que tomo, las respeta y no cuestiona lo que resulte de éstas.

2.- Con traspiés y todo he ganado mi independencia como persona. Vivo como puedo, que es estar un paso más cerca a vivir como quiero.

3.- En mi búsqueda de “eso” que satisfaga mi necesidad me he acercado a las artes plásticas y a la fotografía sin ser formalmente un pintor o fotógrafo y eso te hace ver las cosas que te rodean de forma diferente, encontrando belleza en las imperfecciones.

4.- La terquedad de escribir me ha abierto puertas en una ciudad de la que no soy originario, he participado en el desarrollo cultural de la misma, y aunque el mote siento que me queda grande, para algunas personas aquí soy un escritor.

5.- Estas malas rachas me han mostrado quiénes son realmente mis amigos, y su apoyo es incondicional. Así también ha alejado a personas que en realidad no merecen ser llamadas así.

6.- Esos trabajos de oficina que tanto me festidian, sin esperarlo me han dejado el reconocimiento de ex compañeros que después de un tiempo mencionan mi talento y capacidad como profesionista, y eso, aunque intente negarlo, me motiva y me anima.

Sí, esto no paga las cuentas, ni te salvan de seguir picando piedra, pero es bueno reconocer que por más mal que pinten las cosas, tus errores forman parte de tu vida, de ellos aprendes y creces, al final del día todo tiene dos caras, una obscura y una mejor.

Lo importante es aprender a reconocer en medio de lo malo, lo mucho que de ello obtienes para ser mejor persona.

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