La música académica. Ese familiar pero desconocido género del que ya hemos hablado en esta serie de artículos y del que hemos escuchado un poco. Sin embargo ¿Lo hemos escuchado realmente?

Antes de continuar hablando sobre música académica –y sobre cualquier otro género musical– me parece necesario hacer distinción entre dos términos que usamos muy a menudo y que son extremadamente parecidos PEEEERO no son iguales.

Diferencia entre Oír o escuchar música

Hagamos un pequeño ejercicio, querido lector. Pregúntate muy seriamente “¿Cuándo fue la última vez que me senté o me acosté a no hacer otra cosa que no fuese escuchar mi canción o disco favorito?”. Si puedes responder con claridad a esa pregunta, felicidades. Vas encaminado.

Y es que escuchar no es otra cosa que oír con atención. Suena simple ¿Verdad? Pues no lo es.

Poner música mientras hacemos la limpieza o estudiamos no es escuchar. Y no estoy diciendo que esté mal o no debamos hacerlo. La música funciona como un medio para mover nuestro estado de ánimo incluso aunque no le prestemos nuestra completa atención (Claros ejemplos: La música enérgica como motivante al hacer ejercicio, música tranquila y suave para antes de dormir, música alegre para comenzar el día). Pero ahora imagina que tienes una herramienta tan poderosa que puede hacer cambiar un sentimiento por otro. Seguramente te gustaría aprender a usarla con la mayor precisión posible para sacarle el máximo provecho. Bueno, querido lector; la música puede llegar a serlo. Sólo tenemos que poner un poco de atención.

Por cierto, quiero hacer constar que estoy refiriéndome a cualquier tipo de música.

Aclarado esto, viene la pregunta obligada:

¿Por qué escuchar música académica?

Por la misma razón por la que nuestras madres nos obligaron siempre a comer espinacas y brócoli: Porque tienen un delicioso sabor es necesario tener una dieta balanceada a la hora de ingerir alimentos.

Bueno, con la música la indicación aplica. Es ampliamente recomendable –por el autor– escuchar la mayor cantidad de géneros posibles. Y me refiero a escuchar. Al menos antes de afirmar que repudiamos el género.

Sé que tú –junto con la mayoría de los que lean esto– tienes probablemente ya más que establecido cuál tipo de música te gusta y cuál no. También sé que probablemente tendrás una relación no precisamente cercana con la música académica. Naturalmente, no pretendo que se convierta en tu género preferido. Mi única intención es, por decirlo de cierta forma, crear en ti esa inquietud por conocer algo que generalmente no se nos es presentado como algo común.

Antes de terminar este artículo me permitiré hacer una recomendación literaria. Si estás interesado en comprender un poco más la música académica (REPITO: Y cualquier otro tipo de música) puedes buscar el libro “Cómo escuchar la música” escrito por Aaron Copland. Libro dirigido a aquellas personas interesadas en disfrutar al máximo cualquier expresión musical y que, de cierta forma, inspiró a este su humilde servidor a compartir un poco de su experiencia al convivir con la música académica.

Si me esperas un par de entradas más.

¿Has tenido alguna experiencia especial escuchando música? ¿Acostumbras escuchar cierto tipo de música para acompañar ciertos estados de ánimo? Dudas, comentarios u opiniones puedes escribirlos abajo y te responderé con gusto.

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