Todo, pienso en todo y en esos tiempos, analizo y me digo a mi misma “qué lástima“, pues había tantas cosas que nos unían. Tantos te amo callados. Tantos abrazos. Tantos momentos felices. Tantas risas. Tantas canciones dedicadas y películas vistas. Tantas lágrimas. Tanto amor. Duele tanto. Ese “tanto” que no va a ser, porque nos faltó tanto tiempo y tantas cosas por vivir. Demasiado.

Esa parte de mí que se rompió con tu despedida y que se fue contigo cuando te alejaste dejándome para siempre. Por que ese adiós se quedó pegado a mi mejilla con ese beso con el que diste por terminado todo, soltaste mi mano y la tuya se fue llena de mis sueños, planes, cosas que había construido para los dos y gran parte de mis ganas de vivir.

Cerraste la puerta y así fue como supe que en realidad no pensabas volver, que habías bloqueado cualquier posibilidad de reanudar lo nuestro y que simplemente por difícil que fuera tenía que olvidarte para seguir adelante. Contigo no se acaba el mundo, es cierto, pero se acaba mi mundo, el mundo donde tú y yo teníamos el futuro juntos.

Lo siento, pero el sonido de tus pasos alejándose aún es lo que atormenta mis sueños e intenta arrullarme para dormir, veo tu imagen en todos lados como si de cualquier fotografía saltara un holograma que me persigue como fantasma cada que intento sobreponerme y ser feliz. Esa sensación de tus brazos rodeándome me sacude el cuerpo cuando cierro los ojos y un escalofrío toma su lugar cuando los abro.

Y es que en realidad una parte de mí se fue contigo, la parte enamorada, la que sonreía todo el tiempo y me dejaste aquí con la parte que se suelta a llorar con las canciones que eran nuestras, con las películas que vimos juntos y con las fotografías, con las que recuerdo tu voz y esos besos en la frente que me dabas antes de dormir. Me dejaste con la parte que aún conserva la esperanza rota de escucharte tocar la puerta para que al abrirla, abrazándome me digas que todo fue un error y que nunca debiste alejarte.

Poco a poco estaré mejor, dejaré de echar de menos los besos y las promesas, los “te amo” y hasta las peleas. Dejaré de sentir el nudo en la garganta que me pide llorar cuando tu imagen salta del baúl de mi cerebro y el nudo en el estómago cuando repaso la escena y me pregunto por qué no hice nada por detenerte. Y quizá de nada hubiera servido pues estabas tan decidido a irte que dijese lo que dijese no hubiera habido diferencia.

Voy a olvidar y la gente dejará de decir que no vale la pena mi dolor, porque yo sé que todo lo valió y sólo yo sé lo que vivimos. Aunque olvidar no estaba en mis planes y no era mi ideal vivir sin ti, voy a olvidar y la herida será sólo una pequeña cicatriz, una que nunca voy a desear que se borre porque a fin de cuentas es lo único que me queda de ti.

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