Por: Diego Mancera y Mariana Huerta

Golpes. Yardas. Un balón ovoide. Jugadores de grandes músculos y con corazones inmensurables. Lesiones. Entrenamientos. Jugadores concentrados, disciplinados dentro y fuera del campo. Sin retribución económica pero con un sentido de pertenencia; el equipo lo asumen como una familia, donde no sólo se les ha enseñado cómo jugar sino a vivir.


La batalla

Cada que hay partido de temporada regular en la Liga Mayor, Sergio tiene un ritual. Se encierra en su cuarto, se coloca el equipo deportivo con el que jugará al siguiente día: licras, calcetas, tacos y el jersey azul con los números dorados. Se mira al espejo. Visualiza el encuentro. Se motiva.  Resalta a su vista el número 99 que brilla por el reflejo de la luz. Se desprende de su uniforme de juego y lo dobla. Así se prepara la ‘Furia’ Bárcenas.

Es su segundo año en la plantilla de los Pumas de Ciudad Universitaria, equipo de futbol americano. Es parte de la línea defensiva: debe frustrar las jugadas del quarterback rival a través de los tacleos, derribos violentos. Sergio reconoce que llegar ahí es un reto, pero es más complicado mantenerse en el puesto de titular. El camino para ser parte del principal equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el deporte de los cascos y hombreras se resume en tres palabras: dolor, resistencia y compañerismo.

Su gusto por el deporte de las yardas comenzó cuando tenía seis años y medio. Luego de ver cómo su familia se emocionó en un partido de playoffs de la National Football League (NFL), su padre lo inscribió en la Liga Infantil de futbol americano de los Pumas. En ese momento inició el amor hacia los colores azul y oro. De acuerdo con su edad, los jugadores acceden a una categoría distinta; el proceso comprende infantil, de 8 a 15 años; juvenil, de 15 a los 17; intermedia, 17 a 19 y la mayor de 19 a 24 años.

Desde sus primeras temporadas en el deporte aprendió a disfrutar del juego sin dejar de lado las labores académicas. “Si un jugador se portaba mal en casa, los papás podían decírselo a los entrenadores para que le asignaran un castigo físico a todo el equipo”, comenta Sergio. El compromiso y la responsabilidad son los valores que aprendió en su trayectoria como jugador; ahora los aplica en su relación amorosa, con su familia y en el ámbito escolar.

Para estar en un equipo de Pumas de futbol americano se debe entender una regla fundamental: “no hay complacencias, nadie te regala nada. Tus cualidades hablarán por ti.” La única ayuda, si es que se sabe aprovechar, es la motivación por parte del staff, los estrategas, quienes son ex jugadores de Liga Mayor. “El hecho de que te entrenen es un incentivo para los niños. Los empiezan a ver como héroes”. La relación jugador- coach se rige bajo una línea de respeto: no se cuestionan las decisiones del entrenador.

El mentor

“Puedes formar o deformar muchachos”, comenta Marco Antonio ‘Pimpón’ Martínez Villegas, coordinador defensivo de la selección mayor de Pumas CU. En este deporte los entrenadores no solamente son los encargados de la formación deportiva de los jóvenes; su trabajo va mucho más allá de rutinas y ejercicios.

Marco Antonio, quien comenta que a veces los chicos les hacen más caso a ellos que a sus propios padres, considera que ser coach es una gran responsabilidad y la ha asumido como una profesión. No sólo le apasiona sino que además vive de esto y se dedica de tiempo completo a preparar a sus equipos, al igual que el resto del staff.

“Somos policías, psicólogos, papás, tíos, de todo…” dice, mientras en su mirada se asoma una mezcla de preocupación y satisfacción: al ser entrenador de futbol americano no tiene en sus manos a un grupo de jugadores, tiene a una hermandad que se ha formado y forjado bajo los valores de la disciplina, la lealtad y el rigor deportivo.

‘Pimpón’, inició en el deporte del balón ovalado a los 13 años luego de una sugerencia por parte del psicólogo. Fue jugador de Pumas CU de 2001 hasta 2006, no logró ser campeón. Sin embargo, como coach de la línea defensiva ha ganado cuatro campeonatos: 2008, 2010, 2013 y 2014.

Como ex jugador y entrenador sabe de los sacrificios y esfuerzos que realizan los atletas.  A pesar de la nula retribución monetaria y del poco reconocimiento por parte del público en comparación con otros deportes, la verdadera recompensa es la oportunidad de hacer lo que les apasiona. Pero esto requiere un precio: dejar de pasar tiempo con la familia, con las parejas sentimentales y mantener un balance académico.

Poner los pies en el emparrillado ante 60 mil personas, escuchar el himno de la institución, sentir el número que portan, los colores del jersey, mirar hacia atrás y saber que todo el equipo es uno mismo, que todos se van a cuidar entre ellos. Gritar una goya.  No hace falta más recompensa que esa experiencia, la cual ‘Pimpón’ no puede describir.

La lealtad es el valor que más se le ha grabado en la mente a Martínez Villegas. Sabe que lo primordial para el programa de futbol colegial, más específicamente el de la UNAM, es formar gente menos propensa a ser delincuentes. Además, considera que lo más importante es fomentar la hermandad, donde cada jugador sepa trabajar en equipo y esté consciente de que si falla habrá alguien ahí para ayudarlo.

Para Marco Antonio, ser parte del equipo de Pumas CU es un privilegio porque es el equipo de futbol americano en México más antiguo, con 88 años de historia y 26 títulos en sus vitrinas. “Finalmente, estás en la mejor escuela de la nación”, asegura el coach. El honor del que habla lo lleva tatuado en su brazo derecho: el escudo de la institución con las iniciales UM sobrepuestas al contorno del territorio mexicano; mientras que en el bíceps izquierdo tiene el número 59 con el que jugó.

El coaching le ha dado la oportunidad de entender lo que sus superiores quisieron transmitirle en su momento, ahora lo aplica con sus pupilos. Asimismo, experimenta la responsabilidad de manejar como entrenador principal el equipo infantil Especial Oro, con niños de 10 a 11 años, además de su puesto en el equipo de Liga Mayor. Su compromiso es fungir como padre de atletas que disfrutan de derribarse entre sí.

Forjando el carácter

Para que Sergio Bárcenas se quedara dentro del plantel de 70 jugadores, superó los filtros en las distintas categorías; el más difícil es para acceder a la Liga Mayor, porque para alcanzar un lugar de los 10 disponibles tuvo que vencer a otros 200 jugadores. Sin embargo, para poder jugar en el Estadio Olímpico Universitario, ante un aforo de 63 mil personas, tuvo que enfrentar a su peor enemigo: él mismo.

El primer partido oficial de Sergio Bárcenas fue el 14 de septiembre de 2014 contra Burros Blancos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el Estadio José Ortega Martínez, ante un ambiente hostil para los auriazules. ‘Furia’ sentía el odio de los aficionados, eso se transformaba en adrenalina y nervios. Los de la UNAM remontaron el marcador y se llevaron el triunfo 27-16.

“No creía en mí, si no lo hubiera hecho no estaría donde estoy. Fue un proceso muy complicado pelear conmigo mismo. Mi coach me decía que era bueno y sí, sabía hacer lo que me pedían. Lo único que necesitaba era estar seguro de lo que hacía y no titubear”, confiesa ‘Furia’. El que vacila se equivoca. Ante eso se necesita forjar el carácter, se requiere de la novatada.

La tradicional novatada es la transformación de un simple atleta a un jugador universitario. Inicia un viernes por la noche y termina a las primeras horas del domingo. Días antes, los veteranos les piden a los recién ascendidos al primer equipo que lleven la impresión a color de un súper héroe o de un personaje animado para que vean de qué color van a comprar la pintura de esmalte. A ‘Furia’ Bárcenas lo pintaron de Shrek, el verde ocre lo cubrió totalmente; tuvo que vestir un calzón y pedir dinero en la Zona Rosa durante la noche. “En ese momento te das cuenta de lo que es pasar vergüenza”, comenta Sergio.

Otras pruebas que deben superar van desde soportar el encierro hasta saltar de cabeza hacia la fosa de clavados partiendo del trampolín de 10 metros. “A los veteranos no les importa si sabes nadar, tienes que hacerlo y confiar. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Tus compañeros estarán ahí, se aventarán al agua por ti y vaya que son un excelente equipo de rescate”, comenta el veterano tacle defensivo Alberto Villalobos.

Si uno ve la plantilla del equipo del Pedregal identificará de inmediato a los novatos por su cabello rubio. “Es parte de la tradición decolorarte el cabello con peróxido de hidrógeno, es una analogía del nacimiento de un nuevo puma dorado. Les decimos los güeros”, señala Villalobos Muñoz, el tacle número 90. Los jugadores afirman que la novatada busca dos objetivos: crear la unidad de equipo y forjar el carácter.

Para Raúl Rivera, headcoach del principal equipo de la Universidad Nacional, la novatada es un bonito acto simbólico dentro del grupo, donde no se han presentado accidentes o conflictos.

Sin dolor no hay ganancia

Para ‘Bala’ el futbol americano es el deporte más completo. De sus 21 años ha destinado 14 al emparrillado. Juega como corredor en el equipo de futbol americano de la Facultad de Estudios Superiores campus Acatlán y recomienda que los niños deben interesarse por este deporte. Sin embargo, expresa con cierto pesar que “el deporte aquí en México es ingrato porque tú le entregas todo”.

Edwing ‘Bala’ Acosta tiene una agenda apretada: clases por la mañana, poco tiempo para comer o descansar, entrenamientos que duran largas horas y mucha exigencia física. Las reuniones familiares, las salidas con amigos y las relaciones personales quedan de lado. “Tanto las vivencias y experiencias con el equipo son la parte bonita del americano, aunque económicamente no haya una justa remuneración”.

El pertenecer a Pumas Acatlán le ha servido para saber cómo funciona el trabajo en equipo y lo que es la perseverancia. Es “no hacerte chiquito ante nada ni nadie”, a pesar de ser el jugador con menor estatura en el equipo. Acosta se ha superado a sí mismo gracias a sus compañeros, entrenadores y rivales de distintas categorías.

‘Bala’ no es ajeno a los rituales antes de cada partido: utiliza a lo largo de la temporada, en cada partido, las mismas licras y camiseta, con el fin de sentirse cómodo. Incluso, con cierto nerviosismo en la voz y una mirada un tanto tímida, confiesa que desde que estaba en la categoría juvenil tomó la costumbre de vomitar junto a una “H” –los postes donde se marcan los goles de campo y puntos extra, también conocidos como “Y” –para tranquilizarse antes de jugar en el emparrillado.

Por otra parte, Acosta comenta que se siente muy agradecido hacia este deporte, por lo que más adelante no le disgustaría retribuirle un poco a esta disciplina por todo lo que ha recibido de ella. De hecho, a diferencia de las categorías inferiores en las que son mayoritariamente los padres quienes corren con todos los gastos y dan todo el apoyo, en la Liga Mayor muchas veces son los ex jugadores quienes suelen hacer una serie de contribuciones.

Los principales obstáculos que encuentra en el futbol americano en México son la falta de interés de empresas privadas en el deporte, las constantes lesiones en los jugadores y la búsqueda de intereses personales en la parte administrativa por parte de ex Pumas. Edwing Acosta ha sido capaz de desafiar los deseos de su padre al no querer que siga practicando este deporte pero para él no es nada sencillo el poderlo dejar.

Sin embargo, ‘Bala, sentado en una jardinera de la FES Acatlán, se llena de orgullo, al mismo tiempo que su pecho se hincha  y dice: “aquí estoy en mi casa, me siento muy cómodo.”

Auriazul

El mejor motivador a nivel colegial es un licenciado en Derecho, especializado en Derechos Humanos. Raúl Rivera, headcoach de los Pumas CU, sabe transmitir a sus pupilos las ganas de triunfar y hacer respetar los colores de la institución. Sus cuatro campeonatos lo respaldan. Asevera que el futbol americano se juega en toda la república mexicana; el problema es que no hay un desarrollo en los espacios para practicar el deporte.

“Los estadios del Valle de México: el Azteca, el Azul; el Estadio Corregidora y el Cuauhtémoc en Puebla no están abiertos para nuestro deporte”, menciona con cierto desgano en su rostro. Además, señala que existe una insuficiente participación del sector privado al ser un deporte sano: no se permite la publicidad de elementos que estén en contra de la salud. Eso provoca que empresas cerveceras y tabacaleras no participen en los patrocinios.

El entrenador en jefe del equipo debe permanecer en las instalaciones de Ciudad Universitaria, entre la Facultad de Ingeniería y la Alberca Olímpica, para realizar las prácticas de su equipo, las reuniones con el staff, hablar con los jugadores acerca de algún problema escolar o familiar y dar un discurso a sus ‘hijos’ al finalizar cada día.

Rivera prepara a su equipo para la próxima temporada en busca del tricampeonato ante la implementación de un nuevo formato de competencia por parte de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (ONEFA), donde se buscará generar mayor competencia y que no se concentren las finales solo entre dos equipos: los Auténticos Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León y los felinos de Ciudad Universitaria.

Antes de 2008, se enfrentaban las universidades públicas a las privadas; el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey dominó los campeonatos, luego de atraer a los mejores jugadores de la Liga a través de becas al 100 por ciento. Algo que los jugadores no podían rechazar. Desde 2010 se crearon la Comisión Nacional Deportiva Estudiantil de Instituciones Privadas y su propia liga.

Jugadores y entrenadores de Pumas no pueden ocultar su deseo por enfrentarse al Tec de Monterrey o a Aztecas de la Universidad de las Américas de Puebla. Rivalidades que atraviesan la historia y que se han visto obstaculizadas por las diferencias de formato.

Rivera Sánchez tiene un aliciente extra para sus atletas: dirigirá la Selección Nacional de Futbol Americano en el Campeonato Mundial de la especialidad en Canton, Ohio, Estados Unidos. Tendrá la oportunidad de llevar al mejor talento de México a competir contra Estados Unidos, Canadá y Japón; los Pumas CU serán los primeros en su mente para conformar la lista de 70 jugadores.

Alberto Villalobos y Sergio Bárcenas concuerdan en que los speechs de Raúl Rivera “nos prenden en los entrenamientos y, por supuesto, antes del partido.” Con el ovoide entre sus manos, el orador universitario de 40 años, profiere su lema: “no hay mejor arenga que la que trae el propio estratega en su pecho” y éste es auriazul.

 

 

 

Imagen: Mexsport

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