Me siento frente al ordenador, enciendo un cigarro y me busco una taza de café. Tengo una idea, la mejor que he tenido en todo el día y quiero tocarla, jugar con ella, desarrollarla, verla volar.

Nada.

Intento poner música instrumental, quizás un bossa nova, quizás avant garde. Se me inunda la conciencia con sonido, pero ni una gota le cae a mi idea original.

¿Qué me pasó? ¿Y la idea genial que tenía? ¿Quién me la quitó de la mente?

Empiezo a reflexionar sobre esto, sobre el proceso de crear, pienso sobre cómo se piensa. No es fácil.

Me doy el lujo de pasear sobre el recuerdo de libros leídos, publicaciones revisadas, textos que he escrito y textos que esté escribiendo. Se me acaba el cigarro, prendo otro. El café me lo bebí ya y sigo sin escribir nada sobre esta idea novedosa.

Crear, escribir, pintar, esculpir, componer, hablar, besar, mimar y finalmente querer. ¿Qué tienen en común? Necesitan creatividad para que se hagan bien.

No todos somos creativos, o al menos, no a todos se nos da con la misma facilidad. Algunos tenemos rituales -exhalo y el olor a tabaco quemado me inunda la nariz, sonrío- otros tenemos momentos del día, otros necesitamos que nos toquen o que nos sientan o que nos escuchen o que… Bueno, la lista sigue y sigue.

¿Cuántas ideas no se pierden como la mía porque se escapan? ¿Cuántas personas no le dedican tiempo a crear porque no saben lo creativas que son? ¿Cuántos tontos no se creerán unos genios del verso y la prosa por el mero hecho de hacer frases baratas tipo “De tu pelo dame un mechón, que lo guardo cerca del corazón”?

Estamos todos locos, unos no sabemos que somos genios y otros no sabemos que no lo somos.

Al final de cuentas, es el que quiere escribir el que escribe, es el que quiere tocar su guitarra el que la toca, es el que quiere darle un beso a una chica el que la besa. El que quiera hacer algo, como tener ideas por ejemplo, es el que lo termina haciendo.

Leo todo esto y no puedo evitar pensar que tiene un cierto toque a mi idea original. No se me perdió como pensaba. Sólo se transformó.

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