Ésta es la segunda de tres partes de éste relato. Recuerden leerlo todos los martes a las siete de la tarde. Pueden leer la primer parte aquí. Se aceptan comentarios y críticas.

[divider ]Día lluvioso.[/divider]

Segunda parte.

Pensé en la pequeña puerta de servicio. Seguramente la silueta me había parecido conocida porque era de alguno de los encargados de limpieza de las oficinas y por eso la silueta había desaparecido en el callejón, pues había entrado por la pequeña puerta de servicio que está ahí.

Seguí mi camino y, al llegar a la entrada principal, reconocí a varias de las señoras del aseo. Me extrañó verlas a todas ahí, conversando muy animadamente sobre algo. Cuando pasé a su lado alcancé a escuchar sobre “el accidente”.

Obviamente yo no sabía de qué accidente hablaban, llevaba varios días en cama y nadie de la oficina me había llamado para reportar algo importante, sin embargo, me sentí intrigada.

Tomé el elevador que me llevaba al octavo piso, fui a mi cubículo y todo parecía normal, salvo que mi caja de clips estaba vacía. Julia, a dos cubículos del mío me saludó animada, alegre de que estuviera mejor. Me pidió disculpas por los clips y ese fue un misterio resuelto. Ahora sólo quedaba averiguar sobre “el accidente”.

–          Uno de los muchachos del piso 11 cayó por las escaleras hace dos días. Todos creen que fue un accidente, pero Karla, de Administración, dice que hace una semana lo vio afuera del bar de la calle de atrás discutiendo con alguien y que ese alguien le dijo que “la iba a pagar muy caro”.

Mientras Julia me contaba eso en el tono más bajo que le era posible, el jefe se acercó a nosotras desde atrás y alcanzó a escuchar lo último.

–          Me alegra que estés mejor, – me dijo con tono grave y una sonrisa, – ahora qué les parece si se ponen a trabajar.

Me reí nerviosamente y me acomodé en la silla para empezar mis labores. Apenas prendí la computadora, cuando escuchamos gritos viniendo de las escaleras de emergencia. Alguien abrió la puerta y sólo vimos caer a un muchacho totalmente inconsciente. Mientras algunos llamaban a emergencias y otros intentaban reanimarlo, yo miré hacia arriba, de donde había venido. Sólo pude ver una silueta conocida subir rápidamente y en silencio las escaleras.

Se escuchó el sonido de una ambulancia llegar y, desde las ventanas, vimos como subían al muchacho del piso 9 a ella, entre charcos y una pequeña llovizna que se había soltado.

Termina el martes 9 de julio.

Imagen propiedad de willceau.

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