La vida tiene infinidad de caminos distintos, cada uno nos ofrece oportunidades, aventuras, conocer gente nueva, pero también vienen con esas letras pequeñas de los contratos que nunca nadie lee, la mayoría de las veces están disfrazadas con situaciones deslumbrantes a simple vista, pero si no tenemos cuidado pueden convertirse en simples trozos de carbón que solo traerán decepción y frustración.

Cuantas veces nos hemos dejado llevar por lo que parece ser la mejor opción, “lo que nos traerá la felicidad” pero al tenerlo en las manos el espejismo se desvanece y nos arrepentimos porque vemos la triste realidad, dejamos todo por lo que valía menos.

Pero de eso se compone la vida, es lo que le da cierto sabor, los retos y todo aquello que pone a prueba nuestra fuerza y voluntad, va formando nuestra identidad, define quienes somos y en quienes nos convertiremos después de superar los obstáculos.

Si lo pensamos bien nunca volvimos a ser los mismos después de decidir alejarnos de alguien que nos hacía daño, luego de animarnos a decirle te amo a alguien, o tal vez de renunciar a ese empleo que no nos satisfacía, o quizá después de perdonar a quien nos ofendió de alguna forma. Todo eso tanto para bien o para mal, fue cambiando nuestra forma de ver la vida, de pensar y de actuar con los que nos rodean.

La clave en este sube y baja de emociones es aprender de cada vivencia, dejar de llamar a los tropiezos errores para llamarlos aprendizajes, oportunidades para cambiar de rumbo, para corregir el camino, pero sobretodo no menospreciar. Con esto me refiero a que todo aquello que va sucediendo en nuestro día a día por muy insignificante que pueda parecer va a tener consecuencias, en ocasiones muy positivas o tan desastrosas como podamos imaginar así que la próxima vez que decidas posponer 5 minutos tu alarma por las mañanas, ir por una calle diferente a la que acostumbras, no contestar una llamada o simplemente saludar a una persona piensa la avalancha que puede provocar y mantente alerta a los pequeños detalles no olvides que hasta un pequeño alfiler colocado en la posición y el momento precisos puede resultar muy peligroso.

Para tomar decisiones hay que pensar en las consecuencias
Para tomar decisiones hay que pensar en las consecuencias
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Samantha Rocha
Nací en San Luis Potosí. Soy bastante impulsiva y apasionada en lo que hago. Tengo un amor desmedido por las películas de terror y gore. Vivo eternamente enamorada de mi carrera: Ciencias de la Comunicación.

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