Un día, sin previo aviso, perdí a la persona que –hasta entonces- me había llenado los días de ilusiones. Fue totalmente inesperado, como cuando se cae al piso un helado recién comprado. Cuando estuvieron de moda los #100happydays, protagonizó más de la tercera parte de las fotos. No vivíamos juntos ni nos habíamos jurado amor eterno, pero yo me sentía parte de una relación que si bien no calificaba de perfecta, estaba dándome los mejores días de mi vida. Y sí, se acabó.

Cuando pasó mi mundo no sólo se vino abajo, literalmente sentí que no iba a ser capaz de volver a disfrutar uno solo de mis días sin él. Y es que así se siente. Quien lo haya vivido, especialmente quien lo haya vivido recientemente o esté pasando por ello debe saber que es así. El dolor se mete muy dentro y es cansado. Algunos días no se puede dormir y otros días apenas y abría los ojos a ratos. Se va el hambre. Sentía que no servía de nada hablar con nadie porque nadie entendía por lo que estaba pasando. Quería verlo, quería hacer que recordara lo bien que la pasábamos juntos, que reconsiderara su decisión y volviera. Pero no sucedía.

Reviví una y otra vez su recuerdo, el día en el que nos separamos, los días anteriores, traté de encontrarle lógica a lo que estaba pasando, lo busqué y le pregunté mil veces qué nos llevó a eso. Me dio sus razones y por lógicas que eran, yo simplemente no podría comprenderlo. Soñé con él, era inevitable. Se aparecía en mis sueños haciendo cosas cotidianas y al despertar me sentía terrible: él no estaba. Me culpé por lo que sucedió, me odié por lo que dije, hice y dejé de hacer. Me prometí cambiar, creí en deseos, en la magia, en el destino, en el horóscopo, en Dios, en las galletas de la suerte, en frases de libros… cualquier cosa que me dijera que iba a volver. Busqué salir del dolor, del recuerdo. Hablé después con quien me quiso escuchar –o leer-.  Evité las cosas que me lo recordaban –cosa que no funcionó en absoluto porque TODO tiene que ver con él-, vi películas, series, programas, leí libros, revistas, hice cualquier cosa para distraerme un rato y no pasarme los días llorando.

Un día, volví a reír. Me daba risa ver que me estaba comportando como la viñeta de aquí. Lo veía en todos lados, me comportaba de una manera irracional. Ya había vivido sin él y estaba bien. Definitivamente, iba a estar bien… en algún momento.

Traté de recordar cómo era mi vida antes de él. E inmediatamente vinieron a mi cabeza recuerdos de los días en los que nos conocimos, las veces que platicábamos antes de saber que íbamos a gustarnos suficiente para formar una pareja.

Vino la ansiedad. Veía las fotos en las que estábamos juntos, leía las conversaciones en las que me decía lo mucho que me quería, los planes para hacer esto y aquello juntos. Quería hacer esto y aquello, pero con él. Consideré la posibilidad de hacer mi vida con alguien más. Volteé a ver a la gente a tu alrededor, quizá hubiese alguien que valiera la pena y no le había prestado atención… pero no llegué a nada. Era él.

Cometí errores estúpidos como revisar su Facebook, twitter, y cualquier otro lugar que me pudiera enterar de qué había estado haciendo. Me encelaba cualquier cosa, porque no sabía porqué puso la letra de tal canción y me imaginaba lo peor.

Con el tiempo pensé que ya estaba mejor. Ya estaba comiendo mejor, ya dormía periodos normales, me levantaba todos los días, me aseaba, me vestía bien. Volví a mirarme al espejo y me encontré conmigo. Mis ojos ya no estaban hinchados y me sorprendió que ya no era un sueño recurrente, los días empezaban a brillar un poco y de pronto… no voy a volver a estar con él. La idea regresó y los recuerdos de esas noches que caminamos de la mano, cuando me abrazaba por la espalda, las veces que no dormimos por contarnos cosas, las veces que cuidó de mi porque me sentía mal, la forma en la que me hacía sentir la mujer más especial del planeta… esa sensación, esa sensación… la extrañaba. Extrañaba eso. Eso y todas las cosas que había en él. Por supuesto que las hay en otras personas, si no es como que él fuese el ser más especial del planeta… pero pocas personas tienen eso en tal medida. Repasé mentalmente a las personas con las que había estado y no, no había nadie con eso en la medida exacta. Entonces hice acopio de todo lo que había aprendido… ya había llegado hasta aquí, iba saliendo del hoyo y no me dejaré arrastrar.

Defectos. Busqué las cosas que no me gustaban de él, pero de pronto parecían nimiedades. Eran soportables. No es como que yo sea perfecta.

¡REGRESA! Por favor regresa, ya lo entendí, ya no voy a enojarme por tonterías, voy a ser más tolerante y a cambiar esas cosas mías que no te gustaban. Tenías razón… vuelve.

NADA. Nada ha cambiado. Aún te quiero como antes, aún deseo que seas el único que me toque, quien camina de mi mano y se pavonea de que me volteen a ver. Quiero esa voz que me decía buena noche y quien me hacía enojar con sus juegos de niño. –La verdad es que me divertían­­-. Me ahogué en un nuevo mar de lágrimas que alimenté con recuerdos de lo que no va a ser ya más.

Pasaban los días y seguí hablando con la gente, pero no servía de nada, sus palabras de ánimo no ayudaban, sus consejos y lo que le pasó a su prima o a la hermana del compañero no sirven. Todos esos casos son diferentes, esto es especial. Esta relación era especial. Era MÍA. Y se acabó.

Me enojé. “En serio, me caes mal. Te estoy odiando ­­–por supuesto que no lo odié- por esto, por hacerme sentir triste, por no venir a darme masaje en la espalda y llevarme a tomar café. Te odio porque estás ocupado con tu vida y yo apenas estoy aprendiendo a caminar en esta vida sin ti. Pero, ¿sabes qué? Lo voy a hacer bien. Voy a hacer mi vida y te voy a demostrar que te equivocaste, no soy tan débil y no te necesito, es sólo que te quiero”.

No lo odié, no lo he odiado nunca y no lo haré. Es y siempre va a ser alguien especial en mi vida, muy querido, un recuerdo bellísimo de alguien que me supo querer y me hizo feliz. Supongo que no siempre se puede, a veces cosas como estas pasan, aunque no lo entiendo aún, voy a aceptar que nos quisimos mucho, voy a agradecer lo que aprendí con él y voy a andar mi camino, porque después de todo, me di cuenta de que brillo aunque no esté a su lado, tengo luz propia y puedo hacerlo sola. Eventualmente vendrá alguien más, alguien que me quiera y quizá sea feliz con él, aunque por ahora no puedo ni imaginármelo.

Soy guapa, inteligente, linda, cariñosa, entregada y eso me hace atractiva. Ya hay algunas personas en la fila esperando atención, pero no voy a cometer errores. Voy a ser feliz por mí misma, no necesito de alguien más que lo haga por mí, Gracias por todo.

Los días siguieron pasando. Hubo días en los que disfruté de una versión de mí que no conocía, hubo días malos, pesados, agobiantes, en los que de verdad necesitaba de alguien que me abrazara y era él la primera persona que me venía a la mente. Hubo días en los que salí con amigos a hacer las cosas que se me antojaba hacer, hasta hubo días en los que salí sola, porque no está mal disfrutarse.

Pensé en él y en nuestros futuros alejados. Si es que íbamos a hacer nuestras vidas con otras personas, si íbamos a desvanecernos de la vida del otro, si de verdad no íbamos a hablarnos más, si me iba a atrever a entrar en una relación con alguien más. Comparé este dolor con el de otras rupturas, me pregunté si en algún momento iba a dejar de doler e iba a dejar de desear estar con él. Si iba a volverse como otros de mis ex, de los que a veces sé cómo van sus vidas y ya no duelen, son otros conocidos.

Hilo rojo del destino

Me imaginé queriéndolo siempre, pero de lejos. Estando casada o siendo madre de hijos que debían ser suyos. ¿Puedo seguir queriéndote por siempre, puedo ser tuya por siempre aunque esté con alguien más? La idea me pareció romántica y tristísima, como parte de un libro que habla de amores intensos que permanecen en el espacio y en el tiempo y que causan envidia por su inmortalidad y tristeza, porque de ser su autora, los traería a estar juntos.

1 Comentario

  1. Considero que esta experiencia te ha hecho crecer como persona. Es interesante y completamente entendible por que has pasado por un sin número de emociones. Es valido que ante tal suceso, te hallas sentido con ilusiones, esperanzas, enojo, ego, tristeza, decepción o cualquier otra emoción, porque nuestra cabecita es una bomba inestable de pensamientos que si no las ordenamos en frío y con los pies en la tierra, seguramente cometeríamos errores uno tras otro.

    Tenías que pasar por todo esto para entender que la principal meta para recuperarte de esta pérdida, es la ACEPTACIÓN. Se que es bastante difícil, doloroso y pareciera que es imposible. Sin embargo, el dolor y cualquier otra cosa en la vida no son eternos y el humano siempre ha sido capaz de reponerse ante las catastrofes. No por nada somos como las cucarachas, sobrevivientes.

    Pero sabes, que en la vida no se trata de “sobrevivir” sino de “vivir” y es precisamente que estas experiencias nos hacen más fuertes. Y no hablo de que se creen en nosotros capas o barreras que impidan que el dolor entre a nuestra vida. Sino que la fortaleza se manifiesta en el grado en que aprendamos a trabajar sobre las cosas que SI se pueden solucionar y aceptar con respeto las cosas que NO se pueden cambiar.

    El tiempo es tan sabio, y tu aún sigues viva. Diste lo que pudiste en esa relación, te entregaste –sólo tu sabes cuánto te entregaste –, viviste una historia maravillosa con él, pero tu capacidad de amar no se terminó. El destino, el futuro o como desees llamarle te prepara constantemente para enfrentar los siguientes retos. Te aseguro que la próxima vez dolerá menos y no volverás a sentirte incompleta.

    Al final de todo, esos recuerdos se quedan atesorados como experiencias invaluables de nuestra vida. Y volveremos a sonreír.

    Por supuesto que en algunos párrafos pude proyectar mis propias vivencias y comprendí bastante bien el sentimiento que expresaste.

    Saludos, gracias por compartir tu experiencia.

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