Cuando Joker (2019, dir. Todd Phillips) se estrenó en Venecia saltaron todo tipo de comentarios que coincidían en algo así como “es una película de superhéroes, que no parece una cinta de superhéroes” y a ello le atribuían el hecho de que fuese buena. Pues, vista la película, debo decir que me gustó, no porque no es como las otras sino porque apuesta por algo diferente y le sale bien la jugada.

Casualmente semanas después del estreno comercial de la película, salieron las ya históricas declaraciones de Martin Scorsese sobre Marvel, y no me maten, creo que tiene algo de razón. Quiero decir, cuando Scorsese habla de que Marvel «no emociona y las películas parecen parques temáticos», se equivoca; sí, es cierto que muchas películas están allí para tocarnos la fibra humana, hacernos reflexionar sobre lo bueno o lo malo, pero otras películas están allí para proveer únicamente diversión y entretenimiento, lo que ha conseguido Marvel estos once años. Sin embargo, cuando Scorsese dijo haber hecho el intento de ver las películas de Marvel pero no pudo porque “todas son igualessí que tuvo algo de razón. Yo no me pierdo una película de Marvel pero cuando las veo sé exactamente que esperar: una historia dramática, pero no profunda, graciosa pero sin rallar en la comedia; jocosa pero sin dejar de aferrarse a ese estilo inocente y, sobre todo, un villano plano. Salvo excepciones.

Cuando se estrenó Capitán América: Civil War (2016, dir. Anthony y Joe Russo) se convirtió en mi favorita del Universo Cinematográfico hasta ese momento. Se negaba a salir de su zona de confort pero introdujo un villano diferente; Zemo tenía motivaciones y tenía inteligencia, y logró su cometido. Ese mismo año llegó Logan (2016, dir. James Mangold), un western moderno. Un año después llegó Thor: Ragnarok (2017, dir. Taika Waititi), una película campy. Y este año se les unió Joker, un drama que reprende a la sociedad. Lo que tienen en común estas películas es que no renuncian a su esencia -están basadas en cómics- pero consiguen jugar con otros géneros demostrando que se puede reinventar la fórmula.

Así como no todas las películas de terror tienen que ser jump scare para resultar aterradoras o no todas las biopic tienen que ser dramáticas, el cine de superhéroes puede ser más que cine de acción. El Guasón -nombre que ha recibido en América Latina- es un examen de conciencia sobre la sociedad. Como los Arthur Fleck del mundo no nacen, se hacen (o los hacemos) y a partir de allí crea un relato soberbio.

¿De que trata Joker?

Joker está ambientada en la ficticia Ciudad Gótica al final de los 70. Tan lúgubre y revoltosa como siempre. En ella habita Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un hombre de mediana edad que trabaja como payaso pero aspira ser un comediante. Arthur sufre una enfermedad mental y una condición patológica (se ríe sin razón aparente) que lo ha llevado a recibir burlas de sus compañeros e indiferencia por (casi) todo el mundo. La soledad, el resentimiento y una sociedad lo invisibiliza colisionan para dar paso al legendario villano Joker.

¿Los malos nacen o se hacen?

Es interesante ver como mucha gente ha dicho que la película busca humanizar o excusar las acciones de Arthur. Pero yo no lo veo de esa manera. Me atrevo a decir que la mayoría de las personas que vimos la película sabemos como va a acabar: él. convertido en un asesino serial. Aquí no hay debate sobre qué hubiese sido si… Aquí la historia expone cómo un hombre que necesitaba ayuda acabó como un temido villano.

Arthur Fleck no es Jon Snow. Jon Snow fue el hijo bastardo de Ned, fue tratado como otro Stark pero nunca fue uno de ellos. Catelyn Stark le negó ese derecho. Pero Jon no eligió venganza en contra de su madrastra quien siempre lo odió abiertamente o contra sus hermanos quienes recibieron más cariño que él. Jon aprendió la honorabilidad de su padre y emprendió un viaje para conseguir su propósito y su familia. Hago esta comparación porque Arthur pudo ser Jon pero en Joker no hay debate. Joker es un personaje destinado a ser villano.

Entonces tenemos un personaje mentalmente inestable, invisibilizado. ¿Y si existen más Arthur Fleck pero preferimos ignorar las señales? Eso es más o menos lo que se plantea Phillips. Si hoy en día una persona le da un ataque de tos en el transporte público y la gente la ve como si fuese una bestia repugnante, no es extraño que alguien que padezca de una risa involuntaria sufra de miradas de desconcierto, gestos de incomodidad y por supuesto acoso.

Porque ese es otro mal que no vemos y del cual también es víctima Arthur. Él recibe acoso físico por una condición que no eligió, que no puede controlar y él único que parece hacer algo al respecto es su compañero de trabajo que le da un arma para que se defienda. Normalizando completamente la actitud de sus acosadores. Arthur no solo está solo, no hay nadie quien lo oriente, ni siquiera el gobierno quien decide eliminar su programa de ayuda. Entonces nace la gran interrogante de la película:

¿Qué hace un hombre mentalmente inestable en una sociedad como esta?

Una sociedad donde los ciudadanos de a pie deciden ignorar a los Arthur Fleck y los que tienen acceso a las masas prefieren hacer chistes sobre los problemas en lugar de tender una mano. Cuando Arthur, ve que su ídolo Murray Franklin (Robert De Niro) en vez de ayudarle, lo toma de bufón, no hay vuelta atrás. Un niño abusado, un hombre mentalmente inestable, un sueño imposible, un ídolo que le señala, son todos factores que colisionan para dar rienda suelta a un sociópata que no tiene nada que perder, porque ya ha perdido todo.

Caos y belleza

Para todos los que hemos visto el cine de Scorsese es muy notorio las influencias que tiene sobre la cinta de Joker, específicamente Taxi Driver y The King of Comedy (mi película favorita de Scorsese). Esta Ciudad Gótica recuerda a la New York caótica, sucia y poco amable de las películas de Scorsese pero es Arthur quien se aprecia como un híbrido entre Travis y Rupert Pupkin. Robert de Niro en un personaje inspirado en el de Jerry Lewis en El Rey de la Comedia es la guinda del pastel.

Pero a pesar de la obvia inspiración, Joker es una película con mucha identidad. Todd Phillips opta por una dirección cargada de simbolismos, un manejo de cámara medido y el uso brillante de elementos como la fotografía y la banda sonora que complementan el aura asfixiante y agobiante pero a la vez casi poética. Encontrando belleza dentro del caos.

El director además contó con un elenco potente que a pesar de tener pequeños papeles están interpretados por actores que han demostrado su valía en televisión. Robert de Niro quien parece que se la pasa en grande interpretando a un presentador tan repulsivo como el mismo Joker. Y por supuesto Joaquin Phoenix. El compromiso del actor con el personaje es palpable, no sólo por el reto físico (de perder 15 kilos) sino por el reto psicológico y emocional. Phoenix es un mar de emociones en un personaje roto en muchos sentido. Su Joker es despreciable, sí, pero su Arthur es muy humano, e incluso despierta empatía (irónico, ¿no?).

A pesar de que Joker nos plantea tantas preguntas y se dirige a abrir un debate también resulta muy entretenida. Tiene un par de escenas para contener el aliento y un final para ladear la cabeza un par de veces. No es una película para todo el mundo pero es una buena película.

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