De vez en cuando nos encontramos con películas inofensivas. No tienen el mejor guión, no tienen la mejor puesta en escena, ni tampoco cuentan con las mejores interpretaciones de sus actores. Pero, resulta que tampoco son malas. De hecho, hasta resultan entretenidas. Ese es precisamente el caso de Juliet Naked (o Amor de Vinilo título que le han dado en América Latina y España). Se trata de una película con fallos, pero sus buenas intenciones y su dulce esencia equilibran cualquier problema que tenga.

¿De qué trata Juliet Naked?

Juliet Naked se centra en el matrimonio de Annie (Rose Byrne) y Duncan (Chris O’Dowd); una pareja de los suburbios de Londres que atraviesa por una crisis. Él es el típico marido apático, cuyo único interés en la vida, literalmente, es ‘Juliet’ el único álbum de Tucker Crowe (Ethan Hawke) un cantante americano y el hecho de que este desapareció misteriosamente desde el lanzamiento del álbum en cuestión. Ella es la esposa abnegada; da todo en una relación que parece estancada. Un día, cuando ‘Juliet’ cumple 25 años, llega misteriosamente a las manos de Duncan ‘Juliet Naked’, la versión acústica del álbum original. Esta situación, en pleno apogeo de las vicisitudes de Annie y Duncan como pareja, introduce a Crowe a la vida de ambos en situaciones completamente opuestas pero que servirá para hacer (y ver) crecer a los tres personajes.

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Presente, pasado, futuro

A pesar de las alegrías que nos concedió en la década de los noventa y a comienzos de este siglo, la comedia romántica ya no suele tener el mismo impacto que ocasionaba en sus años dorados. Después de enlazar títulos como Pretty Woman, Notting Hill, Love Actually y básicamente cualquier película protagonizada por Kate Hudson; en esta década nos han caído títulos a cuentagotas como Crazy Stupid Love y About Time. Esta vez el turno es para Juliet Naked, una de las pocas propuestas del género en lo que va de año y, a pesar de no ser una película cargada de virtudes, resulta ser una de las mejores.

Y es que Amor de Vinilo no se limita a ser la típica historia “chico conoce chica, se enamoran, se pelean, se reconcilian. Fin”. Su guión, escrito por Tamara Jenkins, Jim Taylor, Nick Hornby y Evgenia Peretz y basado en la novela homónima de Nick Horbny utiliza a los personajes en conjunto para establecer un hecho, la historia principal que marcará el transcurrir de los sucesos; pero también aprovecha a los personajes individualmente para plasmar sus conflictos internos.

¿Cuáles son esos conflictos internos? Los típicos problemas que cualquier adulto promedio puede atravesar. O, mejor dicho, el único problema universal: el tiempo, expuesto en diferentes escenarios. Annie teme al hecho de que su futuro se acorta día a día; que aún tiene muchas cosas por hacer, propósitos que cumplir y ya no cuenta con el mismo tiempo o condiciones que contaba hace un par de años. Tucker le teme al pasado o lo que pudo haber cometido en aquellos días; se ha dado cuenta de cuan egoísta, cabeza hueca e irresponsable ha sido, pero también se ha dado cuenta que la única manera de continuar hacia su futuro y su propia redención es hacer frente a los errores cometidos. Duncan está un poco en el medio de los dos, está estancado entre el futuro rehusándose a sentar cabeza pero tampoco se propone ser el hombre que una vez fue, el que conquistó a Annie.

Son los conflictos de Anna, Duncan y Tucker los que colisionan como uno, tras la aparición en sus vidas de ‘Juliet Naked’ para dar pie a una comedia romántica bastante madura y, aunque a veces raya lo cliché, también tiene ideas más originales o al menos no ahonda en un territorio rancio. De hecho, su otro gran triunfo es su final.

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Tan formulaica como efectiva

Aunque se trate de un trabajo sólido, con aspectos destacables, tal como hemos mencionado (conflictos personales y un enfoque inusual en el final), sería tramposo no mencionar los pequeños tropiezos de la película que desdibujan un poco el trabajo del director Jessie Peretz. La introducción de la pareja en cuestión no es la más lúcida y en ciertos momentos, toman decisiones de manual, muy previsibles; sin embargo, vale la pena resaltar como los diálogos (en voz en off) sirven como ventana para exponer el progreso y la madurez de los personajes, indispensable para dirigir hasta el tramo final. Otro aspecto que también tambalea en cuanto a la historia es que muchos acontecimientos suceden para justificar algo que ocurrirá más adelante; por lo tanto ciertas escenas están cargadas de obviedad, aunque, en lo que respecta a la comedia romántica, no necesariamente hay que reinventar el género para crear un trabajo agradable.

Por suerte Juliet Naked cuenta con otros atributos para solventar sus errores y entregar el resultado final: una película adorable. Peretz sabe capturar hermosos escenarios sin salir de los suburbios o las costas londinenses. Esto sirve para establecer y mostrar el ambiente que Annie describe para introducirse e introducir la historia al espectador. También cuenta con una bonita y luminosa fotografía por parte de Yaron Orbach.

Tal como dijimos, puede que sus protagonistas no estén en sus mejores interpretaciones, también es justo decir que se trata de Rose Byrne, Chris O’Dowd y Ethan Hawke, tres intérpretes solventes. Chris O’Dowd vuelve a demostrar cuan solvente es para la comedia esta vez dando vida a Duncan un insulso con la virtud y la capacidad de estropear lo único bueno que alguna vez ha tenido. Rose Byrne afianza su interpretación en su encanto, permitiendo que el espectador conecte con ella y tal vez hasta se identifique; a pesar de que su personaje incluso daba para mayor profundidad. Por último está Ethan Hawke, uno de los mejores actores de su generación; da vida al problemático rockero Tucker Crowe haciendo el mejor esfuerzo de resurgir de sus cenizas. Mención especial para el actor infantil Azhy Robertson que se roba un par de escenas y está completamente a la altura de Hawke.

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La música, la cuarta protagonista

También sería injusto dejar de mencionar la banda sonora como una de las protagonistas de Amor de Vinilo. Canciones de bandas como The Stone Poneys y Red House Painters; temas maravillosos como Country Disappeared de Wilco y un par de estribillos originales interpretados por el mismísimo Ethan Hawke hacen de Juliet Naked una opción indispensable para los melómanos.

Es una película sobre, entre otras cosas, los peligros del fandom, de vivir indirectamente a través de otros; de la ecuación entre el arte, el artista, el espectador, el tiempo y la verdad. Y es una película que se niega a disfrazar a sus personajes de inseguridades, deficiencias y rasgos negativos directos que la mayoría de las otras versiones de esta película intentarán proyectar en una luz positiva o caricaturesca. Juliet Naked se convierte en una excusa para para ver a las personas tomar decisiones y conocerse mutuamente. Aunque decimos que queremos realidad, originalidad y rareza en las películas, esta suele ser la versión de comedia romántica más segura: la que va por los terrenos conocidos.

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El mayor problema que tiene Juliet Naked es el ritmo. Algo sobre la película me pareció un poco desequilibrado. La voz en off por momentos funciona pero otra vez puede ser exagerada. Afortunadamente, la película mejoró no solo por cómo termina sino cómo el espectador es testigo de la monumental madurez que atraviesan los tres personajes principales. La película termina por aportar una idea sobre el equilibrio de la vida cotidiana (y la fama).

Juliet, Naked no es perfecta en lo absoluto, pero aún tiene algo de encanto y se pasa fácilmente como entretenimiento alegre. Es una especie de mezcla de muchas historias cliché. Pero funciona y le proporcionará al espectador casi dos horas de puro encanto.

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