Este año y en plena pandemia del Covid-19, Netflix estrenó Hollywood (2020), mini serie creada por Ryan Murphy y compañía que, en siete episodios de casi una hora, se propone reescribir la historia del Hollywood de los años cuarenta. El espectáculo fue un fenómeno en el mes de mayo (cuando se estrenó) y consiguió un puñado de nominaciones a los Emmy pero ¿es realmente tan buena como nos han hecho creer?

En la actualidad Ryan Murphy es el único productor (director y escritor) tan popular como sus propias series. Los méritos le sobran. A finales de la década pasada estrenó Glee (2009) una comedia musical adolescente sobre jóvenes inadaptados que tuvo la audacia de retratar en horario estelar temas como la homosexualidad y el acoso escolar; a comienzos de esta década estrenó la antología de terror American Horror Story; en los últimos años ha puesto el ojo en los crímenes que ha marcado Estados Unidos y los ha revivido en American Crime Story y, sobre todo, se ha volcado a dignificar -en la ficción y en la vida real- mujeres en la mediana edad que pese a su potencial han sido relegadas a un segundo plano como Betty Davis y Joan Crowford en Feud (2017) y Marcia Clarke en The People vs. O.J. Simpson.

Por tal razón, Netflix se propuso ‘robar’ a Murphy de Fox/FX con un suculento contrato de 300 millones de dólares, con el fin de que este produzca series y películas originales para la plataforma. Y eso es justamente lo que ha estado haciendo desde el año pasado. Ryan Murphy no solo se caracteriza por contar historias sobre personajes inadaptados, también es conocido por crear proyectos que inician con mucho potencial para luego desperdiciarlo. Sucedió con Glee (tres temporadas buenas, tres temporadas malas), sucedió con Scream Queens (una temporada buena, una temporada mala) y sucedió con The Politian (un inicio de temporada prometedor, un final decepcionante).

Para bien o para mal, Hollywood es Ryan Murphy en todo su esplendor. El productor, en compañía de Ian Brennan, se las arregla para contar una historia ambientada en, sí, Hollywood, sobre personajes marginados que empieza muy bien pero termina dejando un sabor de decepción.

¿Por qué?

¿De qué trata Hollywood?

La mini serie se centra en un grupo de aspirantes a actores y cineastas durante la Era Dorada de Hollywood en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial (específicamente entre 1947 y 1948).

Hollywood retrata el difícil camino a seguir para triunfar en una industria cargada de racismo, xenofobia y homofobia pero también se propone a reescribir la historia a través mostrando la otra cara de la moneda de historias reales.

¿Cómo lo hace?

Demasiado ingenua para ser buena

[A partir de ahora hay spoilers]

En los primeros episodios, Murphy y Brennan sirven las cartas: Ernie West (Dylan McDermott), personaje inspirado en Scotty Bowers, es un actor fallido convertido en proxeneta que maneja una estación de servicio donde contrata a jóvenes que, como él, no han podido conquistar Hollywood. Jack Costello (David Corenswet), un aspirante a actor que debe mantener a su familia y Archie Coleman (Jeremy Pope), afrodescendiente, homosexual y aspirante a guionista son los últimos empleados en llegar a la estación.

En Ace Studios, inspirado por los famosos estudios de la época, están Raymond Ainsley (Darren Criss) un cineasta novato, mitad filipino, busca incluir diversidad en el cine y reivindicar el talento de Anna May Wong (Michelle Krusiec); Camille Washington (Laura Harrier), una joven que lucha con derrocar los estereotipos de los personajes de color; y Claire Wood (Samara Weaving) quien está tratando demostrarle a sus papás que es más que un rostro bonito. Y un recién llegado Rock Hudson (Jake Picking) que trata de ocultar su homosexualidad en su intento de conquistar la gran meca del cine.

Ellen Kincaid (Holland Taylor), Dick Samuels (Joe Mantello) y Avis Amberg (Patti LuPone) juegan a ser las hadas madrinas de estos jóvenes, que al igual que ellos buscan cambiar la industria, haciendo frente a los villanos de turno: Ace Amberg (Rob Reiner), dueño de Ace Studios y Henry Wilson (Jim Parsons), un descabellado publicista.

Todo esto es expuesto en los primeros episodios de la serie y, de hecho funciona muy bien, porque es ver esa cara de Hollywood oculta, donde no todo es brillo y glamour. Todos los personajes están atados a males que durante décadas han sido secreto a voces dentro de Hollywood, como la misoginia, el machismo, la xenofobia y el racismo, la homofobia y el acoso sexual. Pero donde Murphy atinó al blanco con Feud: Betty y Joan (una comedia negra que funcionaba como una carta de amor al cine y una denuncia al maltrato de las actrices a partir de la mediana edad), en Hollywood falla por completo al tratar historia con un tono de ingenuidad carente de conflicto donde los problemas que se reflejan incluso pierden relevancia.

Murphy y Brenan tienen la osadía de retratar la prostitución como un recurso cómico y el abuso sexual (Henry Wilson le pedía a sus clientes favores sexuales como condición para firmar contrato con ellos) como algo cotidiano y probablemente era así pero si tienen la intención de reflejarlo, lo más propicio es tomarlo con la seriedad que amerita.

Sin embargo Murphy y compañía optaron por transformar una historia truculenta en un cuento de hadas. Y eso está bien. Incluso, en el momento en el que estamos viviendo, se hacen necesarias las historias optimistas. El problema es que en su intento de ser una historia ingenua, Hollywood pierde forma y fondo y trae como resultado historias que rayan en lo ilógico como la relación entre Ernie y Ellen que nace de la nada. Sabemos que es una ‘historia bonita’ porque los conflictos de los personajes se solucionan solos o de una escena para otros. Cuando Jack se da cuenta que no ama a su esposa se entera que sus hijos no son de él, acto seguido, le propone matrimonio a Claire después de verles juntos en dos escenas. Jack y Camille se convierten en estrellas sin mostrar ningún atisbo de carisma. Henry Wilson se redime después de abusar de cientos de jóvenes.

Una producción de diez

Sería injusto juzgar Hollywood basándome únicamente en la incongruencia de la historia. La serie crece notoriamente en la parte técnica con una puesta en escena que recuerda a las mejores películas ambientadas en la era dorada del cine. Matthew Flood Ferguson (colaborador habitual de Ryan Rurphy) es el encargado de traer a la vida la Tinseltown de los años cuarenta aunado del todo glamour que la caracterizó. Mientras Sarah Evelyn contempla la estética de la serie a través de un vestuario inspirado en estrellas como Marilyn Monroe, Audrey Hepburn y Humphrey Bogart.

Hollywood es entretenida porque los personajes siempre tienen algo con los que lidiar, porque es corta y el ritmo funciona bien, porque está ambientada en una era icónica de Hollywood y se encarga de presentar rostros conocidos (como George Cuckor y Vivien Leigh) para tratar de hacerla más verídica. Sin embargo tropieza al elegir un tono inocente, completamente inverosímil que despoja de intensidad a los verdaderos conflictos. Al final deja un sabor de decepción que no es compensado por la buenas intenciones de su creador.

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