¿Quién es capaz de hacer más daño: una mujer despechada o un hombre machista e insensible?

Ésa sí es una pelea reñida. Mientras se ha considerado siempre que el ser más peligroso sobre la faz de la tierra es un mujer herida, tendríamos que saber primero cuáles fueron las razones que tuvo para cometer atrocidades tales como: castrar al marido, matarlo por que estaba en su SPM, degollarlo, etc.

Al parecer en estos casos el hombre es una pobre víctima de los celos irracionales y las inseguridades de su mujer, mientras que ella es un ser humano nefasto al que no le bastó con dejar inconforme sexual o emocionalmente a un pobre hombre, sino que además arremete contra él cuando se ve desplazada.

Veamos la otra cara de la moneda: una mujer completamente enamorada comete un grave error, casarse con quien cree que es el hombre de su vida, pero a los pocos meses éste se empieza a mostrar distante, distraído y bastante menos cariñoso y romántico a diferencia del inicio de la relación. Quizá siempre fue así, pero la mujer lo nota hasta ahora porque el enamoramiento había entorpecido su capacidad cognitiva y de observación objetiva.

Ahora empieza a entender: es un bueno para nada, no tiene nada que ofrecerte, ya verás que sólo es lindo mientras le dure el gusto de la carne nueva. Todo era cierto, pero ella no lo sabía de cierto y prefería soñar con el matrimonio o la pareja perfecta que todo lo vence con ayuda del amor.

Al poco tiempo lo descubre, él la engaña y ella es, como siempre, la última en enterarse. No porque no lo supiera, sino porque quería creer que no era cierto, que todo era un simple malentendido, que tenía mucho trabajo, que estaba muy presionado. Pero dentro de sí sabe que no es cierto, sabe cuándo, cómo, por qué y dónde, de lo contrario en serio no sería una buena esposa.

Un día, cansada de las mentiras y de que el hombre le vea la cara de estúpida, decide sorprenderlo con una visita en horas de trabajo, regresando antes de tiempo de casa de su madre o con un recorrido turístico por los hoteles de la ciudad. Pero no sabe cuál será su reacción al encontrar al hombre que tanto ama, o amó, en medio del ritual de coito más insospechado.

Tratando de controlar su ira o su desesperación, coge lo primero que se encuentra con la mano y es cuando sus impulsos de protección de territorio y bienestar, la hacen cometer actos considerados crímenes pasionales, que en realidad no son eso, sino venganzas racionales.

¿Es en verdad él la víctima o es sólo un escudo entre el mundo masculino para proteger la intolerancia y poca capacidad de compromiso de los de su propio género?

Es algo que habría que pensar con mucho detenimiento.

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