Recientemente las parrillas televisivas han albergado producciones basadas en crímenes ya sean sobre sucesos reales o ficticios; algunas de estas series aprovechan inteligentemente el tema para exponer otros factores que acarrean la sociedad norteamericana (solo esta para no generalizar) como la antología de Ryan Murphy, American Crime Story, cuya primera temporada (The People vs. O.J. Simpson) retrató el racismo y el poder mediático y la segunda (The Assasination of Gianni Versace) está permitiendo hacer lo propio con la homofóbia o The Night Of que se inclinó por la xenofobia hacia inmigrantes árabes. La cadena británica BBC, que se caracteriza por no escatimar esfuerzos para sus producciones, ha decidido no quedarse atrás y ha estrenado su primer seriado dirigido en la línea que ha marcado el subgénero.

¿De que se trata la serie Collateral? 

Collateral y se puede ver en el resto del mundo a través de Netflix, es una mini-serie compuesta por cuatro episodios (de poco más de cincuenta minutos cada uno), que toma como centro de la historia el asesinato de un joven musulmán que trabajaba como repartidor de pizzas en los suburbios del sur de Londres, lo que desencadena una serie de factores e incógnitas que van cobrando relevancia durante todos los episodios. Sin embargo, en su afán de exponer tantas vicisitudes de la Londres moderna acaba siendo una sucesión de eventos conectados entre sí de una manera tan torpe que el resultado se siente forzado.

Tal como han hecho las series previamente mencionadas, Collateral también intenta describir problemas que sean palpables solo en Inglaterra como la inmigración de ciudadanos musulmanes que en la última década se ha propagado por casi toda Europa, el trato precario que muchos de estos reciben; la xenofobia que se presenta cuando la investigación abre el debate si Abdullah, la víctima, fue asesinado entre otras cosas por razones de raza. También muestra el dilema de una mujer sacerdote que tiene un romance con una inmigrante asiática indocumentada porque sí, la iglesia anglicana permite a las mujeres ser obispos y sí, permite que sacerdotes contraigan matrimonio pero hacerlo con alguien del mismo sexo y con una visa vencida es otra cosa. Por otra parte la historia también abarca problemas más universales como la burocracia, el terrorismo, la pobreza, las drogas y la misoginia en dentro de organismos como las Fuerzas Armadas. Collateral peca de ambiciosa y falla en lo que se propone puesto que se satura de tantos tópicos que no logra desarrollar plenamente ninguno y los personajes terminan completamente desdibujados, sin rumbo, como los diálogos que tampoco aportan trascendencia.

Cuesta creer que el guión esté firmado por el guionista David Hare, que ha escrito adaptaciones en el cine como Las Horas (2002) y Negación (2016) y en el teatro como Plenty; cuya elección más acertada en Collateral ha sido revelar el asesino en el primer episodio, que además es el mejor de toda la serie, y dirigir la trama del asesinato hacia el por qué y no el quién, algo inusual en este tipo de historias. Lo único memorable es el trabajo de fotografía que consigue grandes planos en ambientes urbanos y ordinarios y la interpretación de Carey Mulligan quien da vida a Kip, la agente que lleva el caso.

Para ser un trabajo de escasas cuatro horas, la historia se hace tediosa y es lamentable puesto que tiene elementos que daban para más, en un entorno poco común (es raro ver los suburbios londinenses en ficciones de este tipo). Pero la ventaja es esa, cuatro episodios, si quieres darle una oportunidad tampoco será cuestión de invertir mucho tiempo.

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