Actualmente hay un privilegiado grupo de actores cuyos nombres son sinónimo de garantía no sólo por el compromiso interpretativo que demuestran en cada película que siempre elevará la calidad de las mismas sino por el (casi siempre) buen pulso con el que eligen sus proyectos. Cuando el público escucha el nombre de Leonardo Di Caprio, Paul Dano, Joaquin Phoenix o Jake Gyllenhaal acuden al cine sabiendo que: 1. Están a punto de ver un gran trabajo histriónico. 2. Aunque la película sea mala, seguirá siendo mejor que el 90% de lo que hay en cartelera. Es precisamente Jake Gyllenhaal uno de los actores que se ha labrado una de las carreras más llamativas de los últimos años tanto en sus inicios (Donnie Darko, Brokeback Mountain) como cuando dejó de intentar ser una estrella (El Príncipe de Percia !) y finalmente se convirtió en una (Prisoners, Enemy, Nightcrawler, Nocturnal Animals).

En esta ocasión Gyllenhaal protagoniza (y produce a través de su compañía Nine Stories Productions) la adaptación de Stronger, el libro escrito por Jeff Bauman, donde este cuenta su propia historia de como a los 27 años su vida cambió radicalmente cuando, el 15 de abril de 2013, perdió las dos piernas en el atentado del maratón de Boston que dejó cinco muertos y más de 200 heridos. Como nos tiene acostumbrados, el actor no opta por lo fácil y se entrega en cuerpo y alma para dar vida a este joven inmaduro y un tanto inestable que deberá madurar a contrarreloj. David Gordon Green, el director de la película, aprovecha el compromiso de Gyllenhaal para crear una visión más intimista de la historia y logra desvincularse del montón de cintas que abundan en el subgénero (La Teoría del Todo, Breathe, etc), caracterizadas por una narrativa plana y condescendiente tanto con el protagonista como con el espectador.

Así es como un guión formulaico que apela a los clichés del subgénero sobrevive, mostrando los diferentes escenarios, siempre, a través de Jeff. La culpa con el “no debí haber estado ahí” para llegar hasta la razón por la cual se encontraba en el maratón; la confusión y la frustración que colisionan cuando él, una víctima en toda la extensión de la palabra, comienza a ser tratado como un héroe por las razones equivocadas “¡¿soy un héroe por haber perdido mis piernas?!”, incluso cuando su madre comienza a tratarle más como un producto publicitario que como su propio hijo; el miedo ante cualquier situación que antes solía ser rutinaria y finalmente la redención cuando se convierte en su propia salvación y se da cuenta que allí nace su auténtico heroísmo.

Stronger también se desenvuelve en un ambiente muy bien logrado, esos suburbios de Boston con familias blancas, pobres, llenas de numerosos miembros en su mayoría bastante ruidosos y cargados de opiniones que nadie ha pedido, como la de Jeff, encabezada por la madre de este, interpretada por Miranda Richardson, una mujer tan cariñosa como chabacana, que esconde su propio miedo detrás de la exaltación del heroísmo fabricado alrededor de su hijo. Sin embargo el aspecto más fuerte en la historia, aparte del viaje interno de Bauman, es su relación con Erin, su interés amoroso. Jake Gyllenhaal y Tatiana Maslany, quien interpreta a la pareja, gozan de una química que crece en cada plano que comparten.

Stronger es Jeff Bauman. Jake Gyllenhaal es Jeff Bauman, una vez más el actor lo da todo en una interpretación que le exige el mil por ciento. Vale la pena ver ese viaje emocional y psicológico, la lucha tanto interna como externa para volver a encajar en la sociedad no como víctima, no como héroe, porque a pesar de poder ser ambas, sigue siendo una persona normal en medio de circunstancias extraordinarias.

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