Desperté evitando acordarme del día. Lamentablemente eso duró hasta que entré a twitter. Mi timeline, igual que yo, no podía evitar la nostalgia de saber que una de nuestras bandas favoritas ya no estaba. En su día.

Díganme emo, sinceramente no me importa, y que no me importe se lo debo a My Chemical Romance.

Ustedes dirán que ellos qué, que no eran nada, que eran una más de esas bandas que surgieron y que iban a quedar en el olvido pronto. Que cuando la generación que los escuchó, creció, se olvidaron de ellos. Pues no.

Yo iba en la prepa y sufría de una depresión muy fuerte que me hacía no tener ganas de despertar. (Sí, “como todos los niños emo de hace unos años”.) La verdad es que, en mi caso, es clínico. Yo no tenía ganas de despertar ni de salir ni de ver a nadie. Quería quedarme tirada debajo de la cama, donde nadie me veía ni me daba la luz ni tenía que escuchar a nadie.

Pero, claro, tenía que ir a la escuela. Me servía de distracción, pero no podía evitar a veces estar sentada afuera del salón y preguntarme qué pasaría si me aventaba de cabeza desde el segundo piso.  O si me dejaba ahogar en la alberca.

Uno de esos días, un “amigo” (dígase chico que quería conmigo pero que la verdad me daba igual), me puso sus audífonos mientras yo leía a Bram Stoker. La canción no pudo ser más apropiada para lo que estaba leyendo: Vampires Will Never Hurt You. Ese día llegué a casa directamente a prender la computadora y buscar en internet esa y todas las canciones que hubiera de esa banda.

Había algo que me había hecho disfrutar, por primera vez en mucho tiempo, su música. Me quedé dormida a las seis de la mañana después de escuchar sus canciones varias veces y con los audífonos puestos con ellos en repeat infinito. Había una canción de su primer disco que es, y estoy segura que siempre será, mi favorita: Honey, This Mirror Isn’t Big Enough For The Two Of Us.

Pocos meses después, un nuevo disco de ellos salió a la venta, con una canción que cambió para siempre mi forma de ver la vida, en el coro rezaba: “I am not afraid to keep on living. I am not afraid to walk this world alone.” Esa canción, me hizo sentir así. Que no  debía tener miedo a seguir viviendo ni de caminar sola por el mundo. Videos en los que la banda, cuyos integrantes también habían pasado por depresión y adicciones, te animaban a seguir viviendo. Que no importaba como te llamara la gente, o lo que pensaran, valía la pena seguir. Que eventualmente, las cosas mejorarían.

Se convirtieron en la banda de los desadaptados, de los rechazados, de los raros. De los que sentíamos más de lo que podíamos decir y de los que necesitábamos una mano para salir del abismo.

Sus canciones, sus videos, sus conciertos, las amistades que surgieron gracias a ellos, de hecho conocí a mi novio gracias a ellos. Todo eso, cambió mi vida.

Hace unos meses anunciaron la separación de la banda, pero hoy, los fans celebramos el Día Internacional de My Chemical Romance, el primero sin ellos, pero con todos los buenos recuerdos que nos dejaron.

¿Qué más puedo decir? Gracias, My Chemical Romance. 


 

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