Quentin Tarantino es el Shakespeare de nuestros tiempos. Los dos cuentan historias desbordantes de violencia, que frecuentemente terminan en baños de sangre. Ambos basan sus escritos en otras obras: Hamlet está basada en La tragedia española, Macbeth fue inspirada por la vida del personaje histórico del mismo nombre. A su vez, Quentin Tarantino es conocido por tomar fragmentos de varias películas que ama y convertirlas en algo nuevo: Kill Bill está basada en la película Lady Snowblood y otros filmes de kung fu, Bastardos sin gloria se basa en las decenas de filmes sobre la segunda guerra mundial como The Dirty Dozen o The Inglorious Bastards.

Tarantino y Shakespeare comparten temas similares: escriben sobre la venganza y su futilidad (Kill Bill, Hamlet, Romeo y Julieta, etc.), sobre los límites a los que puede llegar un ser humano en su búsqueda de libertad (Django Unchained y La tempestad) y sobre el insaciable deseo de ambición y poder que acosa al ser humano (Reservoir Dogs y Macbeth.”).

También tienen en común sus audiencias problemáticas. Shakespeare contaba con los llamados “Groundlings” que eran con los modernos arma líos que no se pierden un partido de fútbol; pero estos inadaptados en vez de interesarse por el deporte, acudían a obras de teatro esperando ver sangre, drama y sexo, abucheando a los actores que no les agradaban hasta llegando a tirarles cosas. Tarantino cuenta con la ventaja de no tener que conocer siquiera de lejos a la mayoría de su audiencia; sin embargo, los fanáticos de sus películas no se diferencian mucho de los “Groundlings”.

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“¡Kill Bill es mediocre desde un punto de vista cinematográfico!”

Esta vez, el Shakespeare moderno se inspira en las películas western que tanto ama para ambientar una historia ubicada en el mismo universo que su anterior filme: Django Unchained.

Análisis de la película los odiosos ocho

Un cazarrecompensas llamado John Ruth, lleva una prisionera, por la que se ofrece una gran suma de dinero, hacia el pueblo de Red Rock a ser colgada. En el nevado camino se encuentra a dos antiguos conocidos (incluyendo a otro cazarrecompensas transportando tres cadáveres valiosos) a los cuales la repentina ventisca los ha tomado por sorpresa, dejándolos sin caballo y con mucho frío. Este accede a llevarlos consigo a un refugio cercano para protegerse de la brutal tormenta de nieve que los persigue, no sin antes hacer un trato con uno de sus camaradas para proteger mutuamente sus tesoros humanos.

Al llegar ahí se dan cuenta que los amigables dueños del lugar están ausentes, dejaron un encargado que no se ve muy confiable y el establecimiento entero está lleno de gente desconocida. El escenario en que se encuentran será el catalizador para una historia misteriosa y graciosa, muy parecida a un juego de Clue entre amigos.

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Solo que menos sangriento.

En The Hateful Eight, Quentin Tarantino se aventura en un nuevo género, el suspenso. Usa su maestría en los diálogos para aportarle una dosis de dinamismo mayor al que estamos acostumbrados en películas de este tipo.

Los personajes encargados de interpretar esos diálogos ejecutan de manera excelente su trabajo; cada uno de ellos está bien desarrollado, desde sus primeros minutos en pantalla reciben una introducción natural que se llena de detalles a lo largo de la película, lo que da como resultado que al final de la cinta seamos capaces de reconocer a todos los personajes principales solo por su voz, un gesto o algún comentario fuera de pantalla.

Quentin debe llevarse gran parte del crédito por la armoniosa interacción entre los actores que escogió para apropiarse de sus líneas. Al parecer, su experiencia le ha servido para dirigir a sus intérpretes cada vez mejor. Ya lo hacía bien en Reservoir Dogs y ahora repite la hazaña de manejar con gracia un elenco de buenos actores pero en mayor escala, se nota su maestría adquirida en los últimos años en el mayor dinamismo y en las conversaciones; no parecen anotadas en un guion, sino improvisadas en el momento. Las transiciones de personaje a personaje son imperceptibles lo que también las vuelve inesperadas.

En este escenario no hay un héroe; el guion está escrito de manera que desconfiemos de todos los personajes por lo que cualquiera puede ser sospechoso y no estamos seguros cuándo alguno de ellos miente o cuándo dice la verdad.

La escritura es lo que mantiene a este filme vivo. Quentin hizo un maravilloso trabajo escribiendo el guion. Logró darle a cada personaje el tiempo que le corresponde para ser inolvidable. Las conversaciones grupales son equilibradas e hilarantes; el personaje de Samuel L. Jackson es por mucho el que más causa risa en la película y tiene un discurso de la misma escala que su famoso monólogo en Pulp Fiction pero esta vez en un tono de comedia negra.

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“Mi tipo preferido de comedia.”

El personaje interpretado por Tim Roth también destaca por ser una especie de Christoph Waltz inglés; si disfrutaron de este actor en Bastardos sin gloria y Django Desencadenado sabrán notar el parecido.

The Hateful Eight toma lugar algunos años luego de la guerra civil estadounidense. Como en esa guerra, el racismo también juega un papel principal en esta cinta. Todos los personajes (acorralados en el refugio por la nieve) pertenecían a alguno de los dos bandos, tanto es así que llegan a separar la pequeña casa, temporalmente, en dos zonas: norteños de un lado y sureños del otro, para evitar futuros conflictos.

La distinción se hace presente en las charlas que tienen como grupo, los temas se derivan de alguna u otra forma a las heridas que el racismo dejó en Estados Unidos, sobretodo la enemistad mortal entre blancos y negros, hasta la discriminación que estos últimos han sufrido. Es notable el deseo de venganza que existe en el personaje de Samuel L. Jackson y el de resentimiento que expresa un antiguo general sureño atrapado en la fría cabaña.

El elenco entero puede servir de metáfora para el Estados Unidos post-guerra civil. Por supuesto no se toma a sí misma muy en serio, no pretende ser una película histórica; parodia a los estereotipos de esa época, tanto históricos como cinematográficos, y no intenta pasar de ahí.

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“¿Cómo voy a ganar otro Óscar si no eres Christoph Waltz?”

La cinematografía no resalta mucho porque no es la parte esencial de esta película. En The Hateful Eight destaca más el guion y la cámara es usada un poco más como herramienta que como fin. Esto puede generar un problema para algunos pero no fue una molestia para mí. Tarantino ha mencionado que le gustaría adaptar esta película a teatro (este es uno de sus planes para cuando deje de hacer filmes), y no me sorprende. La esencia de The Hateful Eight es teatral sin duda. Centrarse en los diálogos, ser minimalista, crear tensión, escenarios muchas veces estáticos y el dramatismo inherente con la comedia negra. Elementos que son propios del teatro, esta vez los encontramos en el cine.

The Hateful Eight es una película bastante violenta. No debería sorprendernos, siendo una faceta clave en el cine de Tarantino. La intriga sobre ciertos elementos es respondida con grandes cantidades de sangre, lo que muchas veces termina siendo gracioso y otras tenebroso. Si esto no suena como su tipo de espectáculo les recomiendo que no la vean porque, si algo sobre en esta película, es sangre.

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Mucha sangre.

El guión de The Hateful Eight hubiera sido perfecto para mi si no existiera la escena de narración por el propio Quentin; en esta, el director narra una serie de eventos clave para el desarrollo de la historia. El recurso narrativo le agrega una cualidad artificial  a ese momento lo que me sacó un poco de la trama.

La cinta cuenta con un soundtrack bastante bueno, compuesto por el músico responsable por clásicas bandas sonoras del cine western como las de El bueno, el malo y el feo, Por un puñado de dólares, Érase una vez en el oeste, etc. Le brinda una atmósfera de suspenso y hasta de comedia a la cinta, sobretodo en la última hora.

Además de la banda sonora, apuesto a que el excelente guion será nominado al Óscar junto con alguno de los actores; probablemente Samuel L. Jackson o Jennifer Jason Leigh.

The Hateful Eight es la octava película de Quentin Tarantino. Este director ha indicado que planea hacer dos películas más y luego dedicarse a otra cosa. El día en que este cineasta se mude a otro medio artístico, será uno muy triste.

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