Una de las mejores cosas que me pasaron en la Universidad fue conocer a mi hermana Yesica, y digo hermana porque en eso se convirtió a través de los años que compartimos en las aulas y fuera de ellas.

Justo con una pequeña frase de las reflexiones que ella hace en sus redes sociales, me puse a pensar en la vida y a filosofar y a debrayar, esas cosas que casi no se me dan. En ésta se leía:

“Si fracaso alguna vez en una meta importante (cosa que no debe ocurrirme bajo ningún concepto), siempre volveré a fracasar, nunca tendré éxito y demostraré que no valgo” ¿Qué piensan de esta oración?

¿Qué pienso? ¡Qué no pienso! Una pequeña oración activó mis sentidos e hizo que una lluvia de ideas cruzara mi mente. Una vez que paró el tren, me vi en la necesidad de hablarles un poco de la vida y de seguir adelante. De no dejarnos vencer bajo ningún concepto, de caernos, levantarnos, sacudirnos y curar las heridas y seguir con nuestro camino.

La vida es eso que pasa día a día, bueno sé que parte de ella la pasamos dormidos pero creo que entienden el punto. Ahora bien, nos enfrentamos a un mundo en el que cada vez es más difícil vivir, nuestros padres nos dan pequeñas armas para la vida pero ¿en verdad estamos listos para luchar con ese enorme monstruo?

Por supuesto que no, debemos librar mil batallas y a veces somos vencidos. Recorremos mil caminos y debemos tropezar un millón de veces, levantarnos y continuar nuestra ruta. Encontrar cientos de amores y perder muchos de ellos, dejar que nos rompan el corazón para pegar los pequeños pedazos. Amar intensamente y perder seres queridos. Aprender cientos de reglas para que al final alguien las cambie e intentar cientos de veces y fallar hasta lograrlo.

No, nadie dice que la vida sea fácil, de hecho, nadie nos prometió una vía libre de baches. La vida a veces es peor que las calles de la Ciudad de México; ya saben, esas hermosas calles en las que casi nunca hay hoyos tamaño alberca olímpica en las que puede caer tu carro y terminar en China. La vida es más mala que las villanas de las telenovelas, incluso a veces parece que alguna de las divinidades se divierte entre más tragedias nos ocurran. Pero créeme, todo tiene una razón y debemos empezar a preguntarnos el para qué de las cosas.

La vida es lo que es, tú decides en que tramo de la carretera das vuelta, si tomas la desviación,  el atajo o el camino largo, si te detienes porque se ponchó una llanta o te lastimaste el pie al tropezar con una piedra. Tú tienes el control sobre lo que ocurra, tienes el poder de sacar la armadura que te dieron de niño para enfrentar a ese dragón llamado miedo.

Tú sabes si un fracaso frena tu camino, aunque dicen por ahí que “No por miedo a fracasar voy a dejar de intentar”. En el peor de los casos, creo que simplemente será un tropiezo más y tener un resultado certero es mejor que quedar con la duda. Además, ¿caer en el primer round es justificación para tirar la toalla? Claro que no, si cada vez que tenemos un fracaso nos detuviéramos creo que nunca habríamos avanzado en la medicina, tecnología, y demás áreas ¿no?

Éste es el juego llamado “vida”, te invito a vivirla. La única regla es NO SE VALE RENDIRSE. Nadie, salvó que tengamos un dios mitológico entre nosotros, es perfecto y claro que vamos a fallar, la vida es ensayo y error, está permitido que “la reguemos” ¿conocen otra manera de aprender? Pero todo tiene solución menos la muerte, nada es tan grave que no tenga remedio. No tengas miedo de fracasar, mucho menos de intentar, porque el tiempo que pasas pensando en “Y si…” es tiempo desperdiciado. Nadie te garantiza cuanto tiempo vas a vivir entonces ¿quieres dejar pasar oportunidades?

Éxitos, intentos y fracasos… bievenido al resto de tu vida.

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