Vivimos en la era de la tecnología, donde el conocimiento esta en la palma de nuestra mano, pero desconocemos tanto de las culturas de otras regiones que aún en este siglo tienen procedimiento o creencias que nos resultan inhumanos, auténticas barbaries, una de ellas la mutilación genital femenina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la mutilación genital femenina como: todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos y otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Haciendo hincapié en que estos no trae ningún beneficio a quien le es practicado.

Se estima que hasta el momento se han realizado unos 140 millones de intervenciones es este tipo a mujeres y niñas, quienes desde que les fue practicada la intervención sufren las consecuencias.

La principal población de mujeres en riesgo de sufrir por estas prácticas es África, ya que hay 92 millones de mujeres y niñas de más de 10 años que han sido objeto de la mutilación.  Es practicada normalmente en menores de edad y claro está, representa una violación de los derechos humanos, violando los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida, ya que en muchos de los casos el procedimiento no es llevado a cabo en condiciones adecuadas ni por personal con los mínimos conocimientos médicos, por lo cual se acaba produciendo la muerte.

La mutilación produce un efecto de doble castración, el primero es aquel ya sufrido en sus primeros años durante el reconocimiento de la sexualidad femenina, al aceptar la mujer esa castración propia en comparación con el varón y un segundo consecuencia de la clitoridectomía; la extirpación parcial o total del clítoris, con lo cual se está privando el desarrollo y el conocimiento de la sexualidad de la mujer.

Es más que claro las repercusiones psicológicas que ocurren en la víctima de la mutilación, las cuales se complican debido a los problemas físicos que se presentan:  a corto plazo se destacan: dolor intenso, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Las consecuencias a largo plazo pueden consistir en: infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad, aumento del riesgo de complicaciones del parto y muerte del recién nacido y la necesidad de nuevas intervenciones.

Entre las principales causas de esta práctica se deben a una mezcla de factores culturales, religiosos y sociales existentes.

  • Muchas culturas lo consideran una parte de la formación para la adultez, una especie de ritual.
  • Se considera también como un método efectivo para someter el comportamiento sexual, para que este sea “adecuado”, esto en relación a que mantener la virginidad y la fidelidad matrimonial (reduce la libido femenina, mediante el corte de una zona erógena o incluso la cobertura de la abertura vaginal hasta el día del matrimonio).

Desde 2008 la OMS esta tomando medidas para reducir estas practicas mediante el fomento a nivel regional para erradicar las practicas culturales y las creencias religiosas relacionadas a la mutilación.

Por: Josué González

Twitter: @joss_gonzalez

Fuente: www.who.int

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