Nadie es como el primer amor, pero el primer amor casi nunca es el amor de tu vida.

Son definiciones bien diferentes de las que no te das cuenta hasta que encuentras al amor de tu vida. E incluso encontrar al amor de tu vida no te garantiza que te hará feliz siempre, así es la vida.

Durante muchos años pensé que no me iba a volver a enamorar. Habían pasado casi cinco años desde aquel primer amor: era una niña todavía, pero mi más grande alegría fue saber que él me amaba tanto como yo a él, lástima que se tuvo que ir. Pero así, de la nada, apareció alguien que me hizo sentir un amor diferente, no platónico o imposible, más bien errante. No puedo decir que haya sido recíproco, porque fue extraño, pero lo que sí puedo decir es que fue el origen de una de las amistades que más valoro.

El punto de quiebre de ese amor, fue darme cuenta de que él era un nómada. De que no se iba a quedar, al menos no por mí. Y así, poco a poco fue pasando de ser un ideal a ser un gran amigo. Un amigo que ahora está feliz y compartiendo su vida con alguien que ama.

Mientras me desencadenaba de esos sentimientos, llegó a mi vida alguien a quien no tomé en serio en un principio. Supongo que lo veía más como alguien con quien compartir gustos y locuras, hasta que lo conocí en persona. Hicimos click. O al menos eso me habían dicho que pasaba. Curioso que ese mismo día al llegar a casa y platicar vía messenger, él me pidiera matrimonio. A modo de broma, supongo, de igual forma, yo le contesté  que sí.

Más de dos años y medio y seguimos juntos, pese a muchas cosas. No hay historias de amor fáciles. Y supongo que, si bien no han tenido que lidiar con las mismas cosas que yo, también han tenido dificultades en alguna relación.

Uno no se da cuenta en su momento de que si alguien se va es porque así tiene que ser. Lloras, pataleas, haces berrinche. Haces todo para que vuelva. Pero eso sólo puede hacer que vuelva por las razones equivocadas o que se vaya, con malos recuerdos en lugar de buenos.

Sólo me he enamorado tres veces. Una a los catorce años, una a los dieciocho, y la última, a los vente. Y aquí sigo. Y ahora creo que él es el amor de mi vida, pero si en algún momento tiene que irse, no pienso aferrarme a algo que no tiene sentido. Y es que, a veces, el amor se va. No porque no haya sido real, sino porque no podemos esperar algo eterno si nosotros mismos no lo somos. No podemos pedir algo que se mantenga como el primer día siempre, si nosotros cambiamos constantemente. Sólo nos gusta soñar que así es.

Comenta en el recuadro