La princesa había pasado tanto tiempo encerrada que ya casi no recordaba cómo era sentir el sol quemando su piel. Empezaba a olvidar lo que era sentir el viento en su rostro o el agua del río mojando sus pies. Si, había permanecido tanto tiempo en esa habitación desde que el príncipe la había rescatado que se sentía incluso más prisionera que cuando estaba en la torre custodiada por el dragón. Era más temible el príncipe cuando se enojaba que ese feroz animal.

No era que el príncipe fuera malo, simplemente la amaba demasiado, tanto que le daba miedo perderle, por eso no la dejaba salir. Y claro a veces la princesa era torpe y el príncipe tenía que “disciplinarla” y gritar para que ella mejorara en sus labores de esposa, la verdad de las cosas era un poco inútil pero estaba esforzándose más para que él estuviera contento.

Siempre había creído que era bonita, el príncipe la hacía darse cuenta de su error, necesitaba ser aún más bella, no sabía porque él la había rescatado siendo tan poca cosa. Si no lo cuidaba él podía ir en busca de otra princesa más bella, delgada y agraciada que ella. Una que no lo hiciera enojar tanto, que lo cuidara y procurará como él merecía.

En la cama, la verdad es que ella era un desastre, no sabía complacerlo. Muchas veces solo se acostaba y dejaba que él le dijera que hacer o decir para ser lo que el príncipe esperaba. Y a veces aún haciéndolo eso no bastaba para hacerlo feliz.

Si, no era lo que él había deseado; ni siquiera había podido darle el hijo varón que él tanto deseaba, eso sin contar que su hija era casi tan inútil como ella qué bueno que tenía un padre que podía corregirla y disciplinarla. Tomando más maquillaje para tapar aquellas marcas que se dibujaban en su rostro pensaba ¿por qué no podía ser lo que él quería? ¿Cómo es que podía ser tan tonta? No lo merecía, no merecía su amor.

[divider ]Violencia familiar[/divider]

La violencia dentro del contexto familiar en mi punto de vista es lo más triste que puede existir, simplemente porque nuestro hogar es donde se supone que debemos sentirnos más seguros y amados.

Ahora no pensemos en violencia solo como golpes, también consideremos las palabras hirientes que llegan a lo más profundo de nuestro ser y quedan tatuadas en nuestra memoria atentando contra nuestra autoestima y destruyendo nuestro auto concepto.

Aún en pleno siglo XXI, México y muchos otros países justifican la violencia, especialmente contra la mujer debido a que la sociedad le otorga al hombre el “derecho” de ser “dueño” de su mujer y sus hijos; lo cual le da plena libertad de castigar los “malos comportamientos” que ellos presenten.

Ojo, no por esto quiero decir la mujer sea la única que sufre violencia, si bien son poco sonados los casos de hombres que sufren de violencia en sus hogares si es algo que existe. ¿No me creen? Busquen como trataba Doña Carmen a su esposo en Quinceañera (padres de Maricruz), las mujeres puede que no tengamos la fuerza física de un hombre pero las palabras destruyen a una persona y viniendo de la persona que amamos pueden convertirse en “armas letales”.

Los hijos por otro lado es bien sabido que deben de respetar a sus padres pero déjame decirte que “educar” a golpes no hará que tu hijo te respete más ni mucho menos al contrario provoca el miedo en los niños, miedo a tu presencia. La educación sana es la que se inculca por medio de la comunicación y el afecto, un regaño de vez en cuando puede que sea necesario para criarlos con libertad más no con libertinaje. Cabe mencionar que muchas veces son los hijos quienes violentan a los padres con palabras o en ocasiones con golpes.  Desde niños debemos lograr que los hijos respeten a los padres, que los vean como figura de autoridad y lograr una buena relación sin caer en esa idea de que “son amigos“, un padre educa no pueden ponerse en ese papel de amigo, pero este tema lo tocaremos en un articulo diferente. Como padres se debe apoyar y guiar a los niños para que tengan un buen ejemplo que los acompañara a lo largo de su vida y puedan aplicar estas enseñanzas al formar sus hogares. Si lo vemos así estamos contribuyendo a la creación de una nueva familia libre de violencia.

Por último, es importante mencionar la violencia sexual ya que aunque cueste creerlo, la violación dentro las familias es cada vez más común, por ello es necesario aprender a cuidarnos y enseñarle a nuestros niños a cuidar su cuerpo. Incluso en las relaciones de pareja, las relaciones sexo genitales deben de ser con consentimiento de ambas partes. No te sientas obligado recuerda que eres dueño de tu cuerpo y tú decides quien y cuando permites ser tocado.

Tomate unos minutos y reflexiona si alguien de tu familia te ha hecho sentir menos, te ha humillado, si tu pareja te ha presionado para tener relaciones, si han cuestionado tu valor como mujer por no acceder, si han cuestionado tu hombría, si te han llamado tonto o inútil, déjame decirte entonces que te han violentado.

Librarnos de la violencia no depende de nadie más que de nosotros mismos, de que tengamos el valor de levantar la voz y buscar ayuda en alguna organización contra la violencia, busca apoyo de personas a quienes les tengas confianza. Con su apoyo y ayuda psicológica pronto serás capaz de renovar tu vida. Del mismo modo si conoces a alguien que sufre de violencia no te quedes como espectador, habla con él o ella y si accede ayúdale en su recuperación. Eso sí, no lo fuerces recuerda que no podemos ayudar a quien no quiere ser ayudado.

Crea conciencia en todas las personas cercanas a ti, la violencia es algo real que se vive día a día en todo el mundo y podemos ser la diferencia. Recuerda que debes cuidarte y nunca dejar que alguien atente contra tu cuerpo o contra la idea que tienes de ti, eres un ser valioso que merece amor y respeto. Suerte.

 

 

 

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