Colombia, mi país, ha sido uno donde históricamente ha habido pésimos gobernantes. Juan Manuel Santos, el actual presidente, ha sido sin duda uno de los peores que recientemente hemos visto. Elegido bajo la creencia colectiva de que iba a dar continuidad a las políticas guerreristas y de seguridad que fueron el caballo de batalla de su antecesor, se hizo con el poder rompiendo récords, no sólo por la cantidad de votos que recibió, sino por la poca abstención que registraron las elecciones en las que salió vencedor.

Sin embargo en sus 3 años de gobierno, los que votaron por él lamentan profundamente haberlo hecho, aunque argumentan (sin faltar a la verdad) que creyeron en la continuidad de un proceso, que lamentablemente nunca se dio. Santos no sólo ha permitido que las FARC, visiblemente disminuidas tras los ocho años del gobierno de Uribe Vélez, tuvieran un respiro en la persecución que las fuerzas armadas tenían tras ellos, sino que además instauró en la ciudad de La Habana, unos diálogos que hasta ahora solamente han dado como resultado propuestas inconcebibles por parte del grupo guerrillero, un descenso dramático de su popularidad como gobernante y unas cifras de violencia que no se registraban hacía más de una década.

Adicional a lo anterior, ha olvidado cuáles son las verdaderas mesas de diálogo que debe instaurar, y que están muy lejos de la paradisiaca Cuba, donde los dignatarios de las FARC deben sentirse más que a sus anchas. En Colombia, el pueblo entero se ha revolucionado; todos los sectores: cafeteros, mineros, lecheros, campesinos, transportadores, cultivadores y demás, han convocado un gran paro nacional. ¿Los motivos? La economía nacional pasa por un momento realmente crítico. Los precios de los productos no dan para su producción y es necesaria una completa reestructuración, si es que no se quiere entrar en una crisis realmente seria.

Ante las protestas, los paros y la inconformidad en general de todos los sectores económicos, Juan Manuel responde enérgicamente pero sólo de voz, que no permitirá bloqueos, violencia, ni vías de hecho. Su falta de realismo es aterradora, ¿Cuándo se ha visto realmente que en un país como este, una protesta sea tomada en serio, sin que quienes protestan hagan algo para llamar la atención? Cierto es que los bloqueos de vías y la destrucción de vehículos y carga, puede traducirse en pérdidas millonarias para la nación, pero ¿cómo si no puede llamarse la atención de un gobierno al que sencillamente le quedó grande dirigir a Colombia?

Nunca fui partidario del gobierno Uribe Vélez, pero en medio de todos sus errores y de sus nexos narcoparamilitares, es necesario reconocer que era un tipo con los pantalones puestos, uno capaz de enfrentar una guerrilla como las FARC y de mantener los sectores económicos un poco más equilibrados. Santos da risa. Sentado en la silla presidencial, elegido con votos ingenuos y pretendiendo gobernar un país que hace mucho le quedó grande, se merece realmente el caos y las vías de hecho que quienes votaron por él, le generan por incompetente.

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