Hoy, ni yo estoy escribiendo, ni ustedes están leyendo. Hoy mi presencia y mis palabras, se toman la libertad de ausentarse, no por cobardía, quizá por agonía. Agonía de sentirse marchitas, de mirarse en el espejo ya medio vacías, faltas de alegría, cortas de energía.

   Hoy, el encuentro estelar de la noche es entre sus miradas expectantes y esta carta perdida. El evento principal, atrae sólo la atención de la luna, única testigo de mi pensamiento cazando tu recuerdo. Será que mi esencia se hizo mía porque robó un poco de lo tuyo, y hoy que te has ido no me siento yo, porque lo que soy se enredó con lo que fuiste tú.

   Qué enredos y qué ganas de desenmarañarme, soltarme y deshacerme de todo lo que tu nombre tiene. Pero, desafortunadamente, deshacerme de mi aliento, fallaría en ser correcto.  ¿Qué haré, entonces, con este día y los que vienen? Porque en medio de tanta fortuna, se me olvidó lo que se tiene que hacer para caminar sin guía. Es que me acostumbré a tenerlo todo y se me olvidó, también, que disfrutar de toda esa alegría, tendría un precio más caro que mi vida.

   Y ojalá que estos intentos de palabras, no escurrieran de mis dedos como lágrimas de un ojo; pero si de llantos se tratara, tendría que confesar que no encuentro la fuerza para llorarte lo que ameritas, será porque hasta esas pequeñas gotas, redondas y saladas, saben que al salir, no se encontrarán con tu presencia, ni siquiera hallarán tu rastro.

   Me siento afortunada, porque a diferencia de esas tristes lágrimas, yo todavía conservo las huellas de tu paso, no sé si por lo reciente de tu adiós o si por lo profundo de tu estela. Es que mi nariz sigue teniendo impregnado el aroma de nuestros días.

   Y digo nuestros porque, sinceramente, nos adueñamos de todo lo que quisimos. Nunca tuvimos límite porque juntos, ¿quién se atrevería a detenernos? El tiempo, el final. Nuestra resistencia a las tormentas, terremotos y maremotos, había expirado.

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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