Esencia…lo más puro, lo más fino.

 

La palabra viene del latín essentia, podemos encontrar su rama etimológica en diversos diccionarios, libros y hoy en día hasta en wikipedia. Encontramos que es un  conjunto de características necesarias e imprescindibles para que algo o alguien sea lo que es, y se trata de una noción que intenta nombrar lo característico y más importante de una cosa; pero todas estas definiciones o términos no resuelven en realidad el enigma de lo que es la esencia. Por lo menos en mí, no esclarecen el significado de tal palabra. Estas definiciones pueden abrir una idea, pero no toman el punto central de lo que la esencia es en el hombre. La esencia, creo que es más un sentido espiritual que de formación genética, física o de carácter, porque todo esto es circunstancia de lo que vivimos y de quienes nos engendraron.

La esencia es lo que forma al ser. De donde surge el verdadero yo, ese yo que suprimimos a través del tiempo por los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor, hechos que marcan nuestro destino y que pueden transformar nuestro comportamiento en la sociedad. Pero la esencia es como el olor. Como en los frascos pequeños de perfume, sólo existe uno y ninguno es igual al otro, pues es lo que se extrae de una sustancia o planta por lo que no serán iguales unos sustratos que otros.

Aquí diré que mi comparación la haré válida porque creo que la esencia es algo que hace especial a cada ser humano, porque es distinta. Nadie tiene el mismo olor. Recuerdo y tomo como referencia el libro “El perfume” del alemán Patrick Süskind. El protagonista es Jean-Baptiste Grenouille. En busca de una esencia, asesinó mujeres jóvenes de quienes quería extraer la fragancia robando el aroma de cada víctima, es decir, la esencia.

“Grenouille estaba fascinado por la operación. Si algo en la vida había suscitado entusiasmo en él –no un entusiasmo visible, sino uno de índole oculta, como si ardiera en una llama fría-, fue sin duda esta operación mediante la cual, el fuego, agua, vapor y un aparato apropiado podía arrancarse el alma fragante de las cosas. Esta alma fragante, el aceite volátil, era lo mejor de ellas, lo único que le interesaba. El resto, inútil: flores, hojas, cáscara, fruto, color, belleza, vida y todos los otros componentes superfluos que en ella se ocultaban, no le importaba nada en absoluto. Sólo eran envoltura y lastre.”

Es decir, no somos lo que nos envuelve, lo que somos es lo que hay dentro, lo que nos da el aliento, lo que nos mueve, ese olor del alma que percibimos al estar mirando a los ojos a alguien. Es ese destello de luz que encontramos aún en el personaje más amargado. La esencia es lo que nos identifica como únicos e irrepetibles, no se modifica, agudiza y mueve los sentidos, toca la parte más sensible del interior haciendo que fluyan las verdades ocultas en el ser humano, los recuerdos más escondidos o los demonios que lo atormentan,  eso, eso es la esencia para mí.

Ale Olson

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Alejandra Olson
Espíritu congestionado por las letras, que busca encontrarlas en el camino del hacer literario y de éste encuentro aparezcan historias de empatía con los ojos participantes del espectador. Se dice incipiente escritora, pues cada día se descubre, redescubre, encuentra, pierde hilos dentro de éste oficio. Oficio que necesita dedicación, amor y empeño. Ella es así, tan natural como la vida se lo permita y aguerrida.

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