Hoy, al despertar, me di cuenta de que exactamente en un mes tocará a la puerta mi propio cumpleaños. Como buena mujer, pasé unos cuantos minutos frente al espejo pensando lo mucho que mi cuerpo ha resentido todo lo que le he hecho, bueno y malo. Luego salí a desayunar y mi mamá tuvo la amabilidad de recordarme la época en la que mis hermanos eran bebés, unas bolitas de carne casi idénticas a mí y me encontré con lo grandes que son ahora. Quizá en comparación con otras personas, mis años sean pocos; pero para mí, es toda mi vida y es lo único que tengo.

   Sí, lo único que tengo. Mi cuerpo un día es uno y al siguiente es otro. Mi cara, mi voz, mi piel, mis ojos, mi cabello, mi fuerza, todo cambia; pero mi vida y mis ganas de actuar en ella siempre permanecen.

   Entonces entré en pánico porque pude sentir al tiempo cacheteándome en la cara, sin poder hacer que caminara siquiera un poco más despacio. Me dolió entender que de todos los instantes que alguna vez disfruté, ya no me queda más que el borroso recuerdo de ellos.

   Y ahí tomé la decisión. Quedaba claro que nadie iba a regresarme la felicidad ni la emoción que he sentido en ocasiones, tampoco era suficiente saborearla en un recuerdo; necesitaba alegría fresca y la única manera que conozco de sentirla es producirla.

   Exacto, generarla, cocinarla, buscarla; mi alegría, mi suerte. Si bien no podré evitar los malos pasos, puedo evitar sufrirlos para siempre, contrarrestarlos con un poquito de esa medicina que se llama risa y añadirlos a mi carpeta de experiencias no tan padres pero ricas, llenas de aprendizaje.

   El secreto era encontrar la forma de que mis años no siguieran pasando en vano y sin que yo descubriera el lado de bueno de entrar, cada vez más, a esa parte de la vida en la que estás sólo frente a todo lo que intentará derribarte.

Fotografía: http://4.bp.blogspot.com/_D6eoUYODxc0/SF52lkeBoXI/AAAAAAAAADA/M4vz6ik5ufg/s400/pastel.jpg

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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