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Crítica: No miren arriba (Don’t Look Up) ¿si es «mala» por qué podría ganar el Oscar?

En la primera década de este siglo Adam McKay se hizo un nombre dentro del cine de comedia gracias a película como The Anchorman y su respectiva secuela. Las películas de McKay coincidían en tener personajes centrales que pese a aparentar saber muy bien lo que hacían, estaban completamente desconectados de la realidad a su alrededor. Es en 2015, cuando el cineasta decide dar un giro a su filmografía y escribe y dirige su primera película basada en hechos reales, La Gran Estafa (The Big Short), que contaba la historia de las primeras personas que predijeron la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008 y en vez de amortiguar los daños que esta produjo a millones de personas, se beneficiaron de tal catástrofe económica. En 2017, el director estreno Vice, película sobre Dick Cheney, vicepresidente de George W. Bush y su plan orquestado para invadir Irán. McKay no ha dejado de hacer comedias, de hecho, en ambas películas mencionadas el director se vale de la sátira y la comedia negra para narrar dos historias bastante truculentas. Este año, siguiendo la línea de edulcorar los temas políticas con chistes punzantes, llega No mires arriba (Don’t Look Up).

No miren arriba (como se le conoce en España), no está basada en hechos reales pero sirve de excusa para construir una sátira sobre el gobierno estadounidense y el sistema en general, así como la sociedad de Occidente, sin dejar de ser tremendamente hilarante y malintencionada (en el buen sentido). Con un repartazo que reúne a cinco ganadores del Oscar (Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett y Mark Rylance) y dos nominados (Jonah Hill Y Timothée Chalamet), la película parecía destinada a triunfar en los premios y en cierta medida lo ha conseguido, sumando cuatro nominaciones a los Oscar, incluyendo Mejor Película. Eso nos haría pensar que el sistema una buena película hasta que vemos que en Rotten Tomatoes tiene una media de 55% otorgada por la crítica.

Entonces, tenemos que verla para saber si los académicos o la prensa tienen la razón. Yo estoy a favor de los primeros.

¿De qué trata Don’t Look Up?

En No mires arriba, los protagonistas son Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), una estudiante de posgrado en astronomía, y el Dr. Randall Mindy (Leonardo DiCaprio), el profesor de Kate. Ambos descubren un cometa con tendencias cataclísmicas, en colisión directa con la Tierra, con una fecha límite de seis meses antes de que ocurra la extinción humana, literalmente.

El problema surge cuando, además de Kate y Randall, el único que parece interesado en lo que está a punto de suceder es el Dr. Clayton Oglethorpe (Rob Morgan), jefe de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria. Todos los demás que están a su alrededor parecen no prestar la debida atención, desde la presidenta estadounidense Orlean (Meryl Streep), ni la prensa (retratada a través de Cate Blanchett y Tyler Perry), ni los empresarios de la más alta elite, como Peter Isherwell (una mofa a Bill Gates y Elon Musk) quien solo ve al cometa, como una fuente de dinero.

La verdad duele

Desde los primeros minutos, es muy fácil darse cuenta de que el guión de Adam McKay y David Sirota (un periodista que debuta en el cine) es un mensaje claro y una crítica para la sociedad actual que «elige ver a otro lado» para evadir problemas. El gran inconveniente aquí es que ese problema es inminente y aunque en la película se habla de un cometa, este es una clara alegoría al cambio climático. Un tema que debe tomarse en serio pero que para muchos “no es para tanto”. Incluso Donald Trump, mientras fue presidente de Estados Unidos, declaró que no creía que el calentamiento global fuese real.

Sin embargo, esa crítica hacia la actitud despreocupada que incluso medios han mantenido frente a los problemas mundiales (no sólo el cambio climático), no ha gustado a los que se han sentido aludidos. Esta película se concibió antes de la pandemia, pero también podría tratar fácilmente sobre el coronavirus, lo que consolida el hecho de que se sienta tan actual.

Don’t Look Up es contundente, inherente a su premisa parece ser que no tiene más remedio que ser escandalosa, porque es la única forma en que escucharemos. No puede darse el lujo de ser sutil, porque lo sutil no funciona, y lo que está en juego es demasiado alto.

Humor contra la sociedad y el sistema

Adam McKay ya criticaba al capitalismo en The Big Short y a la cúpula que dirige a la administración presidencial en Estados Unidos con Vice. Pero con No mires arriba, el director y guionista amplia el espectro. Aquí, McKay hace una revisión de la realidad sobre el efecto que la política y los medios tienen en la gente común, tanto que están más inclinados hacia las cosas sin sentido en lugar de las catástrofes que amenazan la vida y buscan formas de prevenirlas o combatirlas. Todo esto alimentado por el lado ocioso de las redes sociales y el peligro del libre acceso a nuestras vidas por parte de las grandes empresas de tecnología.

Al igual que The Big Short, Don’t Look Up tiene cuchillos en su mayoría dirigidos al capitalismo de desastres, el mal periodismo y politiquería incluso por parte de los principales líderes.

La película no excluye aquí a sus héroes a quienes retrato como imperfectos: Mindy se ve atrapado en el circo mediático, el cual comienza generando problemas constantes con su ansiedad pero luego parece divertirse con él; mientras que Dibiasky sirve para retratar el sexismo del cual muchas mujeres son víctimas en los medios (mientras Mindy recibe el título de Científico más sexy), Dibiasky es reducida a un montón de memes.

Un montón de estrellas

No mires arriba hace justicia a su elenco estelar. Jennifer Lawrence regresa tras un hiato dando vida a uno de lo mejores papeles de su carrera, mientras que Leonardo DiCaprio vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores actores de su generación. Junto a ellos, destacan Cate Blanchett en un parodia a las periodistas de programas matutinos quien desprende mucha química junto a Tyler Perry; Meryl Streep, en un registro refrescante, bastante cómico, como la ficticia presidenta de los Estados Unidos (en una clara dramatización de la versión femenina de Donald Trump ) y Rob Morgan quien es el corazón y la parte más humana de la película. Pero las estrellas de la película no están solo frente a la cámara, detrás de esta hay varias luminarias brillando con mucha fuerza, empezando por Nicholas Britell creador de la banda sonora y el equipo de sonido.

Entiendo porque Don’t Look Up no gustó a muchos, no es perfecta y por momentos parece que trata de abarcar más de lo que puede (el tiempo es su principal problema), sin embargo, bien podría ser un documental. Por momentos, nada en la película se siente exagerado. Tal vez es por eso que somos tan malos lidiando con las que tenemos frente a nosotros. Tal vez el tribalismo fabricado por políticos y corporaciones simplemente se está aprovechando de esa tendencia nuestra de simplemente no querer mirar de frente la aterradora realidad y, en cambio, dejarnos distraer gratamente con reconfortantes temas del día a día.

NM
Amante de las películas y las series. Intento de escritora. Entusiasta de la cultura pop

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