En el mood nostálgico y melancólico que me ha invadido en las últimas semanas, me topé con el que fuera mi libro favorito de la infancia.

Empecé a leer muy pequeña, a los tres años sabía leer y escribir y tenía una pequeña biblioteca a mi disposición: la de uno de mis tíos que es maestro de primaria.

En esa biblioteca abundaban los libros para niños, gracias al trabajo de mi tío, y a mí me emocionaba leer cosas que tenían más de veinte palabras (aceptémoslo, los libros para niños de la edad que tenía en ese entonces, estaban planeados para que los papás se los leyeran a sus hijos o los niños babearan sobre ellos).

Entre un montón de libros de la colección A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica, encontré un título que no sonaba tan interesante como los demás, pero cuya portada me causó curiosidad. Era un libro delgadito, uno de los mil libros de Francisco Hinojosa para el FCE, y la portada mostraba a dos chicos, uno grande y fuerte y uno flacucho que intentaba protegerse de él.

Uno era el más fuerte y temido de la escuela. Podía cargar el escritorio de la maestra, matar alacranes con la mano y comerse una lata de chiles sin sudar. El otro era tan débil y flacucho que chupaba los dulces porque no tenía fuerza para morderlos. Uno se llamaba Melquiades. El otro, Aníbal. Ésta es la historia de una pareja sin par.

Aníbal y Melquiades es uno de mis libros favoritos de todos los tiempos, ha tenido muchas reimpresiones y es, probablemente, uno de los primeros libros que realmente me atraparon y animaron a seguir leyendo y mucho.

Originalmente publicado en 1991, Aníbal y Melquiades nos trae las historias de dos niños de familias muy diferentes: Aníbal que viene de una familia pequeña y flacucha, que sueña con convertirse en un gran mago, como su amigo Merlín-lín; Melquiades, que viene de una familia fuerte, grande y bravucona, que sufre las consecuencias de un truco de magia realizado por Aníbal.

Aníbal y Melquiades es un libro entretenido y muy divertido, que, además, enseñará a los niños valores mientras les saca una que otra carcajada, pero no sólo a ellos, ustedes pueden leerlo y divertirse y apreciar la magnífica historia y las hermosas ilustraciones (hechas por Rafael Barajas, “El Fisgón), y se darán cuenta de que la literatura para niños no tiene porqué tratarlos como si fueran tontos, sino ser capaz de entretenerlos a ellos y a toda la familia.

Si tienen hijos, sobrinos, ahijados o hermanos pequeños, Aníbal y Melquiades es un libro que les recomiendo les regalen o lean junto con ellos, pasarán un buen rato, como enanos, todos.

(De la misma colección, también les recomiendo “La Peor Señora Del Mundo”.)

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