Hemos hablado ya de la importancia de escuchar, así como de ciertos aspectos a considerar mientras escuchamos música académica –y no me cansaré de repetirlo, prácticamente cualquier tipo de música— de forma que podamos comprender lo que el discurso musical trata de “decirnos” y gracias a eso logremos disfrutarla al máximo.

En este artículo abordaremos un elemento que, aunque podría ser considerado poco importante, es una característica que nos ayuda a “digerir” la compleja audición de una obra. Sobre todo de música académica. Hablaremos de la textura musical.

¿Qué es la textura musical?

Dicho de la forma más simple, la textura musical es la forma en la que los elementos principales de la música (melodía, armonía y ritmo) se combinan dentro de una obra musical. Principalmente hablaremos de la melodía (o las melodías, como veremos en un momento). La textura musical puede decirnos mucho de una obra: Su periodo histórico aproximado (pues así como los demás elementos musicales, la textura musical fue evolucionando con el paso del tiempo), su estilo (característica que por lo general va ligada también al periodo histórico, pero que puede variar según el compositor); la textura musical nos ayuda también a descifrar los elementos a los qué poner atención para distinguir el tema y consecuentemente el discurso musical.

Etimológicamente hablando, la palabra “textura” viene del latín textūra, que se refiere a la acción de tejer. Dicho de otra manera, podemos entender el orden o disposición de los hilos en un tejido específico.

¿Por qué digo esto? Porque una forma de entender la textura musical es precisamente ver los elementos como hilos que el compositor irá entretejiendo en su obra, dándoles más prioridad a unos que otros o usándolos todos de forma más uniforme.

¿Y cómo reconoceremos el uso dado a los “hilos” musicales? Pues aprendiendo a distinguir los tipos de textura musical (no se preocupen, son poquitos).

¿Cuáles son los tipos de textura musical?

Podemos distinguir tres tipos de textura musical principales:

  1. La textura monofónica

La textura monofónica se conforma por una sola melodía. Nada más. Tan simple como suena. Sin importar cuántas voces suenen a la vez. Mientras todas canten exactamente lo mismo será textura monofónica. Supongo que no tengo que explicar por qué es la textura musical más fácil de escuchar.

El más claro ejemplo que puedo darles es un tipo de música que muchos ya hemos escuchado, aunque sea de forma mínima: El canto llano. Del cual la variante más popular es el que conocemos como “gregoriano”. (Pasa algo parecido a lo de la música académica y la música clásica. Todo el canto gregoriano es llano, pero no todo canto llano es gregoriano).

Les dejo dos ejemplos de canto llano (el segundo es más que nada para que vean cómo se escribía la música entre mil y mil quinientos años antes de nosotros, por si no lo habían visto).

Este es un último ejemplo que busqué fuera de la liturgia (el ámbito religioso, vaya). Aquí la textura monofónica está hasta más o menos 1:20, ya que a partir de ahí otros cantantes comienzan a cambiar la melodía, lo que cambia la textura. Sin embargo me parece que es un buen ejemplo.

  1. La textura homofónica

Este segundo tipo de textura musical va un paso más allá. Hay dos características principales que nos ayudarán a distinguir esta textura musical: La primera es que está formada por más de una voz. La segunda, es que el movimiento de las voces es muy parejo. Tanto melódica como rítmicamente. Es decir, cada voz puede irse haciendo más aguda o grave, así como cambiar ligeramente su velocidad. Pero las voces van “de la mano” por así decirlo, por lo que difícilmente encontraremos grandes distanciamientos.

En fin, como un ejemplo dice más que una burda descripción. Les dejo tres ejemplos que seguramente les aclararán más cosas que yo.

El primero es una Sarabanda (Una danza del periodo barroco. Hablaremos en otros artículos más a fondo sobre eso) del compositor alemán Georg Friedrich Haendel. La obra está hecha originalmente para clavecín. Esta versión es una adaptación para orquesta hecha por el compositor Leonard Rosenman y que por cierto fue usada para la película Barry Lyndon de Stanley Kubrick. Elegí compartirles esta versión porque me parece que la diferencia entre los timbres instrumentales ayuda a distinguir mejor cada voz y por ende, la conjunción con la que se mueven.

Conforme escuchen la obra se darán cuenta de que en un momento los instrumentos dejan de sonar todos a la vez y de forma parecida (exacto: homofónicamente) para dar paso a una sección en la mitad de la pieza donde sólo una voz (el violoncello) hace la melodía mientras otra voz (los contrabajos) acompañan. Esta es una especie de “variante” o “desarrollo” de esta textura musical conocida como melodía acompañada, que como su nombre dice, no es otra cosa que una textura homofónica donde una voz resalta y las demás voces acompañan de una u otra forma.

Este tipo de textura homofónica es de hecho muy popular, pues es la que se usa en la mayor parte de la música moderna (el vocalista de la banda cantando mientras guitarra, teclado y bajo acompañan). Esta “variante” también es usada principalmente a partir del periodo clásico de la música. Mucha de la música de compositores como Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Joseph Haydn son muestras exactas de este tipo de textura musical.

El segundo ejemplo es una obra coral del compositor mexicano Blas Galindo que está basada en un poema con el que estoy seguro todos mis cultos lectores ya están familiarizados. Si no, no se preocupen. Personalmente creo que difícilmente encontrarán una mejor forma de conocerlo que escuchando esta obra.

Por cierto, es el poema No. 15 de la obra “20 poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda.

El último ejemplo es un poco más reciente –relativamente— y más complejo –sólo un poco—. Esta obra coral es del compositor cubano de “nueva” trova cubana Silvio Rodríguez. De su disco de 1995 ¡Oh, melancolía!.

Al escuchar esta obra notarán que las voces se mueven un poco más que en las obras anteriores. Sin embargo nunca se independizan completamente y se mueven por “bloques” o “frases” (en este caso podemos identificarlos por las estrofas de la letra. En Haendel por ejemplo, las frases serían musicales solamente). Lo que nos indica que esta obra es principalmente monofónica. Aunque tiene un poquito de la siguiente textura musical.

  1. La textura polifónica

Esta última textura es la más compleja de todas. En esta textura musical las voces (también más de una) son por completo independientes. Pueden moverse melódicamente hacia arriba o hacia abajo tanto como quieran –y puedan, claro— así como pueden variar su ritmo y movimiento. Siempre con la idea de que la música suene bien, por supuesto. Debido a esta cualidad de las voces, en la música se fueron creando lineamientos y características que distinguen unas obras polifónicas de otras. De eso hablaremos más adelante, pues sólo eso es un tema de estudio en la música. Por ahora bastará con ser capaces distinguir esta compleja textura musical.

Para su humilde escritor –y para muchísimas personas más— el máximo exponente de esta textura musical fue el compositor alemán Johann Sebastian Bach. Este hombre hizo mucha, realmente MUCHA música. Y prácticamente toda es polifónica. No lo voy a poner en los ejemplos para tener oportunidad de compartirles otras cosas. Sin embargo les recomiendo ampliamente que busquen música suya, pues no sólo son ejemplos sino cátedras de textura polifónica. No importa la obra. Todo es genial. De verdad. Escúchenlo.

Dicho esto, ejemplos de música polifónica:

El primer ejemplo es el “Domine Jesu” de la misa de Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart.

En el video pueden ir viendo (siguiendo las notas que se muestran, incluso aunque no sepan leer música pueden ir viendo la letra) cómo van actuando las voces. En ocasiones van todas parejas, en otras se van imitando entre sí (recurso muy utilizado en la música polifónica); y en algunas más parece ir cada una por su lado. Sin embargo la música siempre tiene una dirección y suena bien. Las voces son independientes pero están relacionadas de una u otra forma entre sí. Esa es la polifonía musical. Ni más ni menos.

Creo que este único ejemplo de esta textura musical es tan claro que podría prescindir de otros ejemplos.

Sin embargo, como soy bien buena onda y me encanta hacerlos escuchar música nueva, les compartiré un par más.

Aquí una “Parte a cinco” del compositor alemán Johann Pachebel. Dedicada para ser tocada por cinco instrumentos. Aquí también puede escucharse cómo las voces de los instrumentos de cuerda se van moviendo entre sí.

Y por último, una pequeña pieza –y hablo sólo de la duración, respecto a lo demás es enorme— realizada por el compositor inglés Benjamin Britten. Esta es una pieza especial, pues es la última parte de una obra que el maestro concibió para que la gente pudiese entender más o menos cómo funciona una orquesta. De esta obra les hablaré pronto.

En el video podrán apreciar cómo inician las flautas –con el tema— y poco a poco cada instrumento va entrando. Uno después de otro (las tomas de la cámara van mostrando al instrumento que entra). Todos imitando el tema tocado por la flauta. Hasta que toda la orquesta está tocando junta.

Espero que disfruten de escuchar estas obras tanto como yo.

Hasta la próxima.

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