
Una carta arribó sin remitente a su departamento esa mañana cuando ella estaba en la oficina. El cartero la deslizó por debajo de la puerta.
En la tarde regresó a casa desganada, cargaba varias bolsas de distintas farmacias que contenían dotaciones generosas de Xanax, Valium y Rivotril.
Recogió el sobre sin prestarle demasiada atención. Sería alguna factura más que pagar.
Tomó la botella de vodka de la estantería y se dirigió a la mesa, comenzó sacando las pastillas de su empaque, tranquilamente, no había por qué apurarse. Formó figuras geométricas con ellas, como hipnotizada por los colores y las formas.
Bebió un trago directo de la botella, no había necesidad de ensuciar trastes hoy. Era el momento de acabar con todo de una maldita vez. Al diablo ese trabajo aburrido y esa recua de imbéciles que apenas soportaba. Y la familia ¡Por amor de Dios! ¿Qué insistencia con opinar de su vida? Que si es soltera, que si pasa los treinta…
Y el amor ¡Que estupidez el amor! Nadie nunca le hizo sentir mariposas en el estómago… Y el sexo ¡que sobrevalorado este asunto! Ningún hombre la llevó al límite, una vida sin orgasmos, y los filtreos con mujeres nunca la llevaron a más.
Da otro trago y comienza a tragar una pastilla tras otras… pausada, no hay prisa hoy… en la tercera sintió la pesadez de los parpados, y aún consiente pensó en la carta. ¿Una carta, quien utiliza el correo hoy?
Había algo familiar en la letra, que en su aturdimiento no alcanzaba a reconocer. Veía el sobre curiosa. No tiene remitente. Aunque el sueño era pesado ya, abrió el sobre y leyó la única línea escrita.
Volvió a leerla y soltó una lágrima. Lo hizo de nuevo y sonrió. Se levantó de la silla y se dirigió a la cocina, regresó con un bote de basura, tiró medicamentos y el destilado. Fue al baño y se indujo el vómito. Se lavó la cara y se fue a dormir. Llorando se fue a la cama y durmió profunda y placenteramente.
Sobre la mesa una carta escrita con su letra le decía: “sé que lo quieres hacer, hoy no lo hagas, todo llega”. Una carta fechada en el futuro.