Te miro. Una mueca se dibuja en mi rostro, ya no puedo sonreír. El brillo de tus ojos ya no iluminará mi sendero durante cada anochecer; el pesimismo me invade. ¿Cómo desprenderse de quien se adhiere a tu alma? No lo sé y no quisiera saberlo, los días pasarán y nuestros labios dejarán de coquetearse con la elegancia de un buen tango.
Eres tú la inspiración que le hacía falta a mi caprichosa pluma. El amor nunca tocó a mi puerta, entró por la ventana y me tomó por sorpresa. Corté de tajo mi pasado y comencé a hilar una nueva historia; un revoltijo de sensaciones que sería enjuiciado por la inclemencia del calendario. Cuando tomé tu mano por primera vez no imaginé que este día llegaría.
Durante un par de meses mi única compañía será la almohada, fiel compañera en las frías noches; cómplice de mis fugas, aunque sea en sueños, en busca de tu castaño cabello y colorida sonrisa. Y morderé mis labios recordando cada uno de nuestros besos, magia pura en medio de un mundo de escépticos. Me aferraré a cada uno de nuestros recuerdos porque no necesito más para enamorarme.
En este tiempo me hará falta sujetar con firmeza tus manos, finos cañones que me deslumbraron un martes después del medio día. Con un guante abrazando tu palma izquierda me demostraste que los cometas no sólo residen en el espacio; tu cabellera se mece con suavidad mientras la pelota caliente apenas se despega de tus dedos.
Extrañaré el calor que sólo tu blanca piel me brinda; no hay fogata capaz de ofrecerme la tranquilidad que produce el mirarte a los ojos. Admito que tengo miedo; no concibo la idea de navegar por la vida sin tenerte como respaldo, no imagino un día sin acariciar tus mejillas. Sin pretender una innecesaria despedida, quiero agradecer cada minuto de nuestro naciente amor. Brindo por eso.
Y pensar que debo acostumbrarme a sólo escuchar tu voz por teléfono, a perderme por un momento cada una de tus muecas. Mis ojos se empapan de a poco y siento que me falta el aire; la semana se termina y no quisiera desprenderme de ti, pero sé que, así como la bola del deporte que tanto te apasiona, antes de la novena entrada volverás a mí. Cuando ese momento llegue te sujetaré con total decisión y con la alegría que produjiste en mi interior desde el día de ese primer e inolvidable abrazo.
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Nostálgico poro a poro. Siempre apasionado, de decisiones precipitadas y metas quizá inalcanzables. Las letras son mi salida de emergencia ante cualquier tipo de problemas. La vida me ha orillado a un estado de pesimismo casi por automático del que sólo puedo escapar cuando mis dedos recorren la fría superficie del insensible teclado.

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