“Un sueño que sueñas solo es sólo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad.”

John Lennon

“Cuando era chico soñaba con ser lo que hago ahora, y ahora que cumplí mi sueño me doy cuenta de que no es tan fácil ni tan lindo como pensaba”

Kurt Cobain

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odo el mundo está soñando algo, soñando con la paz mundial, con una chica, con ser doctor, soñando con ser papá o simplemente con tener una TV más grande. Todos estamos inmersos en el deseo, en el sueño de un porvenir mejor.

 ¿Qué es un sueño? El Diccionario De La Lengua Española – Vigésima segunda edición lo define como:

 Sueño.

(Del lat. somnus).

1. m. Acto de dormir.

2. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.

3. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan.

4. m. Gana de dormir. Tengo sueño. Me estoy cayendo de sueño.

5. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII.

6. m. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.

“Cosa que carece de realidad… sin esperanzas de realizarse.” Normalmente así suelen ser los sueños, esas representaciones faltas de realidad, esas ideas inalcanzables que nos inundan el día a día y que nos sumergen en la frustración de luchar por lo  inalcanzable. Suele tener la culpa el gobierno, la suerte o el destino o el mismísimo dios, de que no se alcancen los sueños, la clásica externalizarían de los problemas se hace presente en  nosotros, como individuos irracionales, incapaces de aceptar las culpas, por la comodidad de la monotonía que ante nosotros se presenta como estabilidad en la sociedad.

Hoy en día lo que vemos en la televisón determina mucho lo que lleguemos a soñar, dándonos la oportunidad de tener sueños efímeros y banales, la sociedad nos dicta que debemos soñar con cosas más allá de nuestras más básicas necesidades humanas, necesidades que en ocasiones ya están satisfechas de forma fácil, tan fácil que no lo valoramos y nos dedicamos a desear ese auto nuevo que dicen es más veloz y más cómodo, ese equipo de sonido con total fidelidad. Nos hacen soñar con cosas que se quedan fuera de nuestro alcance, cosas que no necesitamos o que necesitamos por muy poco tiempo. Y así es como el medio ambiente nos influye en los sueños, los sueños del mexicano no son los mismos que tiene el estadounidense o el español, ni siquiera dentro de mismo México tenemos el mismo sueño, la colectividad no existe, nuestra cultura nos enseña a ser individualista y egoísta, el sueño colectivo, el sueño social no existe. ¿Tú que estás soñando?

Hay quienes se olvidan de los sueños buscando la satisfacción inmediata, por un sueño o un deseo hay que trabajar día a día y muy duro, pero hay para quienes es preferible la gratificación de cada fin de semana, la compra de los artículos de moda y puede ser que ese sea su único sueño, pero es un sueño basado en una cultura del consumo, un sueño que nos dictaron que debemos tener.

Hay a quienes los sueños los destruyen, los atrapan, ¿qué tanto estamos dispuesto a sacrificar por cumplir nuestros sueños, qué tanto podemos dejar atrás, que tanta gente podemos pisotear por cumplir los sueños? ¿Quién no conoce a alguien que sería capaz de sacrificar hasta a su propia familia por el sueño de la riqueza?, sin duda conocemos a más de uno.

Cumplir los sueños no es fácil, se lucha mucho para ello, pero una vez que se cumple el sueño lo más difícil debe ser mantener ese sueño como una realidad, vivir el sueño, se hacen tantos sacrificios por alcanzar los sueños que es fácil perderse.

En lo personal he pensado que los sueños son los únicos culpables de que nos hagamos viejos, esos mismos sueños que  un día nos empujaron son los que nos quitan esa jovialidad y nos convierten en esclavos de nosotros mismos, esclavos de un sueño, de una idea fija que nos absorbe las restantes ideas, volviéndonos capaces de entrar en una tediosa rutina sedienta de nuestras alegrías y nuestras emociones, sin tener la menor idea de que los que hacen es destruirnos a nosotros mismos en la búsqueda del gran sueño que nos prometimos. Algunos pierden esa jovialidad y alegría, jóvenes quedan atrapados en la rutina, personas de entre 25 y 30 años que parecen y se comportan como personas de 50, con una gran estabilidad económica y/o social, pero que han olvidado por completo el sueño inicial que los inclinó a “hacer un pequeño sacrificio” para alcanzar su sueño, su meta. Hay quienes han podido salir a tiempo y se han convertido en eso que soñaron, hay quienes se dan cuenta a tiempo de que son esos mismos sueños los que los alimentan y les dan la vitalidad que se necesita.

Dicen que soñar no cuesta nada, lo que sin duda cuesta es cumplir el sueño.

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