Si vieras qué tan fácil es ir olvidando los minutos pasajeros del ayer.

Si supieras el poco esfuerzo que he hecho por no recordar ese pequeño incidente de dejarte escapar a través de la última palabra, el último aliento de mis labios, de los huecos entre mis dedos al intentar abrazar tu espejismo.

Una imagen creada por el deseo de sentir un cuerpo junto al mío y de olvidar el mundo que rodea la pureza engañada de nuestras almas.

Dejar de pensar en la idea de tenerte a mi lado es tan fácil, que me hace surgir de las cenizas de la pasión de otros tiempos. Abrazar el fantasma de tu cuerpo es tan sencillo, que lo único que puedo hacer es lamentarme, por no haberte tomado más como parte de mí que de un sueño.

Olvidarte es la tarea más sencilla en el acto profundo de empezar a amar. Olvidaré cada segundo cuerpo a cuerpo para continuar ahora con el de un sentimiento. Quedarán atrás las caricias y los besos, surgirá algo más poderoso que un alma contra otra, se convertirán en una sola que apagará el fuego con que ardían nuestros labios al unirse, para dejar así la comunión de los espíritus de ambos que rodearán uno al otro, formando el laberinto que harán tu ser y mi ser.

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