Escoger entre política o deportes, entre el arte y lo comercial o entre la cultura y el ocio es casi lo mismo que escoger entre el sexo y la masturbación; soy de las que toman agua y refresco. A mí me parece que la presencia de uno jamás debería excluir al otro; todo lo contrario, se necesitan ambos para alcanzar el equilibrio; soy de las que comen papas y refresco

   Sí, me molestan las personas que no se permiten emocionarse con un partido ni enojarse con su selección de futbol porque aparentemente pierden la capacidad de abrir un periódico y salir a la calle para informarse de lo que pasa en el país. Pero también me molestan esos que creen que todo está bien y mientras tengan con qué entretenerse jamás verán lo que pasa a su alrededor.

   Y no nada más me incomodan quienes escogen sólo un bando y se olvidan de ser integrales, también estoy en contra de aquéllos que te ponen una etiqueta porque saben algo de ti o conocen un gusto o placer tuyo pero en la vida se les ha ocurrido ver el panorama completo.

   Y, quizá, yo diciendo esto también estoy poniendo etiquetas pues no siempre podré saber bien a bien las razones que una persona tiene para formarse determinada opinión sobre alguien más.

   Entonces, lo más sensato sería tener la opinión que se nos dé la gana pero jamás olvidar que si no conocemos de todo a una persona no podemos atrevernos a asegurar algo y mucho menos encasillarlos en determinada característica.

   Finalmente, no tiene nada de malo disfrutar las banalidades de la vida, no es pecado entretenerse ni perderse un poco en las cosas que nos dan alegrías. De la misma manera, no es reprochable ser un ente en constante preocupación por el rumbo de nuestro país y del mundo; sería terrible el no tener conciencia de los pasos que estamos dando. Pero aún más brutal sería el ensimismarse en cualquier cosa y no abrir los ojos para ver el otro lado de la banqueta. Los dos extremos de cada cosa son siempre indispensables para encontrar el balance y el punto medio, no perdamos de vista ninguno de los dos.

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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