Para mí, siempre ha sido mejor ser adicto a un objeto: el cigarrillo, el arte, el cine, la televisión, la comida; cualquier cosa excepto a una persona. No me vean así, estoy aquí como todos ustedes y puedo reconocer mi problema, el cual empezó cuando perdí el control de mis emociones por esa persona.

Esa persona me hizo ver el cielo, me hizo sentir que volaba. Amaba cada peca de su rostro, la forma de arrugar su nariz al sonreír, conocí todo, hasta el cuanto le asustaba sentirse amada. No me malentiendan también, me culpo a mí mismo por intentar no toparme con ciertas emociones, me daba miedo, miedo de perder el control y nunca poder dejar de amarla; perderlo todo en un segundo sin que ese segundo valiera totalmente la pena.

Muy pronto me di cuenta que poseía la cualidad única de perderme en ella, de amarla y me sentía con la capacidad de cuidarla, protegerla de todo lo malo y hacerla sentir como yo me sentía con ella, pleno.

Quería agradecerle cada segundo a su lado, admito que la endiosé más de lo debido, mi corazón corría tras su voz y me emocionaba con su existencia. Nunca había conocido alguien tan única, tan inquietante, me daba miedo y a la vez no podía abandonarla. Es diferente y ella lo sabe.

Vivía en cada uno de mis sueños, la admiraba, cree un mundo para los dos y era algo muy loco porque en ese mundo nadie más podía tocarnos. Llegué a no poder dormir sin escuchar un “buenas noches” viniendo de su voz, me secuestraban sus palabras y el recuerdo de sus labios. Ella era lo más puro.

Un día simplemente me dijo: “Hay amores tan perfectos, que están destinados a ser imposibles.” No creo que haya amores imposibles, sólo existen personas que hacen que las relaciones sean complicadas, y es lo que pasó con nosotros. Entré en un estado de enamoramiento total, en el que mis días dependían de sus palabras y ella se aburrió, porque me dijo que tanta perfección en una relación la cansaba; prefería a todos los patanes con los que salía antes de mí, esos que no la valoraban.

Mi cabeza se cansa de pensar tanto en ella, mis brazos y mis labios tiemblan al no sentirla. Ahora, díganme ustedes si esta adicción no es más peligrosa que cualquiera de la que tienen ustedes. Si quieren un cigarrillo lo compran, quieren alcohol lo compran, todo se puede comprar, pero yo. ¿cómo compro su amor?

Díganme ustedes si no estoy mal, ella me ha dejado muerto en vida sin su presencia. ¿Cómo evito pensar en ella, tratar de buscarla y pedirle que no me abandone? ¿Cómo logro no temblar cuando veo a alguna chica parecida o creo escuchar su voz? ¿Cómo logro no correr al teléfono cada vez que suena con la esperanza de que sea ella? Créanme compañeros que mi adicción es mucho peor que las de ustedes, y mucho más mortal.

Imagen extraída de: http://aspasi.files.wordpress.com/2012/06/adictos.jpg

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