Desde la aparición de la televisión, el cine siempre ha sufrido un problema de identidad que nos propone una incógnita sobre nosotros mismos. ¿Por qué salir de nuestras casas?

El avance de la sociedad, y por consiguiente la tecnología, nos ha permitido tener todo lo que necesitamos a nuestro alcance haciendo que experimentemos una comodidad drásticamente diferente de lo que se pensaba hace un siglo.

Los conceptos recientes que nos parecen eternos han formado parte de nuestra vida rutinaria, hasta un punto donde siquiera pensamos en lo diferente que lo tuvieron nuestros abuelos. Con la aceleración continua del siglo XXI, pocas veces nos hemos detenido a pensar qué ha cambiado y qué hemos perdido.

Deben creer que estoy alejándome demasiado del tema, pero si no tomamos en cuenta el por qué de la incorporación del 3D en el cine nunca podremos saber la verdadera razón de su fracaso. El cine como establecimiento siempre ha estado en peligro de extinción. Desde sus inicios en las ferias, siempre fue visto como un recinto ambulante que no estaba hecho para perdurar.

Si tomamos en cuenta que el cine casi muere luego de la crisis del viernes negro y que fue salvado por nada más y nada menos que la venta de palomitas a un precio elevado, se nos hace difícil pensar en aquel lugar que nunca desaparecería.

Y los ejemplos continúan, cuando la gente paró de ir al cine para quedarse en sus casas viendo la televisión. Se generaron salas con pantallas inmensas e imagen a color, transformando un teatro en una máquina de sueños. Pero con el avance gigante de la tecnología, se buscaron formas alternativas para combatir con el déficit. Una de esas formas permanece hasta el día de hoy, y es sorprendentemente más antigua de lo que cualquier persona podría pensar.

¿Cuál es el problema del cine?

Ya en 1922 nos encontrábamos con el primer largometraje en 3D, que presentó un problema el cual nunca nos habíamos encontrado. El dolor de ojos y la jaqueca son secuelas persistentes de este invento, y aunque muchos digan que no, se hace imposible negar la desconformidad que nuestros ojos ofrecen a esta tecnología.

Los formatos han avanzado y ya no nos encontramos con esos lentes rojos y azules que llevan rondando el mercado por casi 80 años, pero al salir de la sala quejándonos de que los efectos no han sido nada del otro mundo y que la mayoría del tiempo la pasamos sin los lentes puestos. Es muy difícil que nos entusiasmemos por pagar más y ver menos.

Decenas de estudios científicos han sido realizados al respecto, y lo que fundamentan es que, en más de 600 millones de años de evolución, no hemos sido dotados para apreciar la tercera dimensión. Ya que la capacidad cerebral necesaria para procesar dichas imágenes es muy difícil de alcanzar, lo que produce el típico dolor de cabeza.

Además de los impedimentos físicos, la imagen se ve afectada  produciendo una oscuridad molesta y una reducción significativa del rango visual. Agregando más a los prejuicios en contra.

Todo esto nos demuestra que, si se quiere una imagen de calidad necesitaríamos evolucionar frente a un problema menor, y si quieren esperar millones de años para ver como una tarta sale de la pantalla, pues bien por ustedes.

Ventajas y desventajas del cine 3D

Primeras películas en 3D
Primeras películas en 3D

Con cientos de trailers que incluyen una publicidad de esto, se pueden contar con los dedos las películas que actualmente son realizadas para usar el 3D. Mientras que el resto son convertidas para obtener ganancia.

Aceptar que el cine actual constituye más un negocio que un arte actualmente, es algo difícil de aceptar, pero en la concepción general es un hecho al que nos tenemos que enfrentar. Es muy triste pensar que el lugar a donde solía recurrir la gente pobre en busca de sueños, se ha convertido en un lugar cada vez más caro para la audiencia.

Cada vez se nos hace más atractivo quedarnos en nuestro hogares donde, gracias al Internet, tenemos una cantidad de contenido inimaginable, mientras que al salir debemos gastar dinero en películas que ni siquiera sabemos si nos van a gustar.

Concentrándome en la figura actual del cine no solo como recinto sino como gran factor cultural, debemos evitar su decadencia y rechazar estas “nuevas” tecnologías que nos ofrecen. Siendo este el arte más caro, podemos entender el por qué de estas ofertas, pero lo que debería ser evidente es que buenas películas son sinónimo de buenas ganancias, algo que no ha estado presente del todo en el cine de industria.

¿Alguna vez se han imaginado cómo debió haber sido la primera proyección de la historia?, ir a teatros lujosos a ver una película o siquiera pasar un día sin estar conectados constantemente al Internet.

Nuestros abuelos o bisabuelos experimentaron uno de los cambios más rápidos de la historia humana, pasando por el nacimiento de un nuevo arte o la venida de la tecnología. Pero si no defendemos al cine, será la primera vez en que un arte muera de forma tan prematura.

Evitemos tener que explicarle a nuestro nietos qué eran aquellos lugares donde solíamos ir a soñar.

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