En los últimos años Netflix se ha erigido a través de muchos títulos. Ha sido el redentor del cine; ha sido el verdugo del cine; y hasta se ha convertido en el némesis de Steven Spielberg; pero si en algo podemos coincidir todos es en el hecho de que la plataforma de streaming ha resucitado y prácticamente apropiado del género true crime. Desde su éxito con el documental Making a Murderer, Netflix no ha parado de estrenar documentales seriados sobre crímenes (como el reciente Las cintas de Ted Bundy) y hechos sin resolver (como The Keepers); siguiendo esta última línea se encuentra La Desaparición de Madeleine McCann una docuserie de ocho episodios que radiografía uno de los casos más insólitos de este siglo.

¿De qué trata La Desaparición de Madeleine McCann?

Un 03 de Mayo de 2007, un matrimonio conformado por dos médicos británicos, Katy y Gerry McCann, disfrutan de unas paradisíacas vacaciones en Praia Da Luz, Portugal; en compañía de siete amigos y sus tres hijos –Madeleine de tres años y los gemelos, Sean y Amelie, de uno- todo parece ir de acuerdo a lo planeado. Pero la noche de aquel día mientras los adultos disfrutaban de una placentera noche en el Restaurante Tapas; la hija mayor del matrimonio fue raptada del apartamento donde los británicos residían.

La Desaparición de Madeleine McCann expone minuciosamente los hechos, presenta hipótesis pero sobre todo deja en evidencia como el caso, desde su inicio y hasta ahora, doce años después, ha estado lleno de infortunios. Y allí es donde se regodea esta serie de casi ocho horas; muchos elementos han jugado en contra y han influido lamentablemente para mal en esta historia que aún no encuentra su final.

 La ineficiencia policial

Una de las razones por las La Desaparición de Madeleine McCann funciona tan bien es porque no se limita a recapitular los hechos; de acuerdo a los tropiezos recurrentes en el caso, el documental deja en evidencia un sin fin de fallos que afectaron directamente el caso.

El más notorio es la mala gestión policial. Tras una semana de la desaparición de la niña, la Policía Judiciaria seguía sin tener pistas sobre lo ocurrido; su único recurso en la búsqueda era un retrato robot que los medios impresos llamaron “un huevo con pelo”; aunado a esto, la política prohíbe expresamente revelar detalles relacionados al avance (¿realmente los hubo?) del caso pero las filtraciones a la prensa salían como pan caliente.

La guinda del pastel fue cuando, tras meses y meses de investigación sin progreso, sin sospechosos; y aferrados a una revisión del apartamento por perros policías y cierta incongruencia en los horarios del relato, decidieron inclinar la aguja de la la brújula hacia los padres de Madeleine para, por fin, tener alguien a quien culpar. Sin embargo meses después se reveló que en otro caso similar (Joana de siete años, una niña local de Praia Da Liz) la madre y el tío de la víctima también fueron inculpados solo para poder cerrar el caso tras nunca llegar a una conclusión certera.

La manipulación mediatica

Tal como se ha dicho, los medios de comunicación han jugado un rol importante en el caso de Madeleine McCann. En primer lugar fueron ellos (y el equipo de relaciones públicas de los McCann) los que viralizaron el caso que se extendió por toda Europa y América, incluso famosos se vieron vinculados -como J.K. Rowling que donó dos millones y medio de libras para la investigación-; en segundo lugar, fueron los mismos medios, junto al nacimiento de las redes sociales, quienes jugaron a ser jueces en un caso que nunca llegó a juicio.

Los medios decidieron señalar a Robert Murat como principal sospechoso, un británico residenciado en Praia Da Luz quien se ofreció a colaborar como traductor de la policía; y arrastrar con él a Sergey Malinka, conocido de Murat y técnico informático ruso, sólo por una llamada que mantuvieron la noche en que desapareció Madeleine.

Cuando no hubo forma de materializar las acusaciones y el caso se redireccionó hacia los padres, fue entonces cuando la prensa, que había mostrado apoyo incondicional a los McCann, prefirió señalarlos ferozmente. Les llamaron desde malos padres hasta asesino.

La categorización de las víctimas

Tras la señalización de la prensa, no sólo hacia los McCann sino a cualquier padre británico (la prensa portuguesa cuestionó la forma de atención de los padres ingleses) y enaltecer el modo de crianza de los portugueses (incapaz de dejar a sus hijos solos, de noche, en un apartamento); la prensa británica buscó defender su parte, atacando directamente al trabajo nefasto de la policía.

De pronto, los medios de comunicación desataron una guerra social con la xenofobia a flor de piel. Los medios portugueses, esta vez teniendo la razón, evidenciaron la categorización de las víctimas. Una década antes del caso de Madeleine McCann un niño local, Rui Pedro, desapareció en circunstancias similares; su madre aun busca su paradero pero en más de veinticinco años nunca tuvo la ayuda mediatica y económica que en ningún momento han dejado de recibir los McCann; lo que revela que después de todo y dadas las circunstancias son unos afortunados. En el mundo hay alrededor de cien mil desaparecidos pero solo hablamos de Madeleine McCann.

El doble rasero de la sociedad

Tras los traspiés de la policía que dejaron inmersos a los McCann en la tragedia; el magnate escocés Kennedy decidió financiar la búsqueda de la niña. Meses después de contratar a la empresa de investigación privada española Método 3, se reveló que la desaparición de Madeleine pudo haber sido perpetrada por una red de pedofilos.

Jim Gamble, agente policial abocado a la protección infantil revela que la incursión de una red pedofila siempre ha sido una opción; sin embargo, se buscan los medios para desviar la investigación hasta ese punto. Aunque la pedofilia siempre ha sido un mal (¡y vaya mal!) nadie quiere llegar hasta allí por ser desagradable. Incluso revela que los medios de comunicación se rehúsan a publicar noticias sobre casos de pedofilia por ser demasiado desagradable.

Lo que demuestra la doble cara de una sociedad que se llena al hablar de cambios y luchas por extirpar diferentes males que nos aqueja pero cuando estos son demasiado desagradable (tráfico de personas, pedofilia, etc) prefieren hacer caso omiso.

La Desaparición de Madeleine McCann no se va por las ramas y aprovecha sus casi ocho horas para dar respuesta no al paradero de Madeleine sino por qué doce años después nos preguntamos qué fue de Madeleine McCann.

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