“¿Qué tienen ustedes sino este frío? 
¡Salud por los que están tomando el sol o una copa para calentarse!”

Éstos han sido días fríos, fríos como los que debieron haber abrazado a Jaime Sabines cuando de sus dedos salió He aquí lo que sucede, ese poema tan recurrido en los días que entumen las manos. Se llenan las redes sociales con fragmentos de este atinado poema y pocos pierden la oportunidad de citarlo, así como ahora hago yo para empezar este texto.

    Y escribo sobre los días fríos porque después de tantos años no he podido decidir si me gustan o no. Pero, ¿por qué debería haberlo decidido ya?, si parece que ni la señora Naturaleza lo ha hecho.

    Justo cuando termino de prepararme para los días helados y me convenzo de que todo el frío está en la mente, al siguiente amanecer el sol brilla con su más radiante esplendor y cuando saco mi bloqueador solar y las sandalias más bonitas, el cielo decide llorar y escupirnos.

    Por eso un día pensé que el clima era mujer y cada día hacía lo que se le venía en gana.

    Luego pensé en serio y me di cuenta de que, por mucho que el clima fuera cambiante, no era su decisión, ni la de nadie. Más que decisión, era la reacción a los que aquí vivimos y la consecuencia de los que aquí alteramos todo a nuestro paso. ¿Quién además de nuestra raza sería responsable? Y digo responsable porque es  la culpable, mas no porque admita su delito.

    Al final, así como cada quien tiene que lidiar con lo que ha construido por sí mismo, también llega el punto en el que todos debemos enfrentar lo que queda después de nuestro andar en el libro histórico del mundo.

    Porque todos, en mayor o menor medida pusimos un granito de arena para que nuestra corta existencia en este orbe tan antiguo se convierta en una carga demasiado pesada para él, que por cierto, no tiene obligación alguna de mantenernos, sino nosotros de conservarlo por simple respeto, y de paso, para prolongar nuestra presencia.

    Y aunque no sé bien como pasé de Sabines a nuestras costumbres autodestructivas, sí sé que me gusta más un sol que brille sin quemarme y que prefiero los días fríos para tomar café, sin sufrir de hipotermia a pesar de mis 3 chamarras. Por eso me olvido de si el clima es mujer y se burla de nosotros o no, y me propongo colaborar con menos granitos de arena para hartar menos a nuestra Tierra.

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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